Del infierno a la esperanza

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Libertad García Cabriales.-

La primavera es el momento de los planes y proyectos

León Tolstoi

 

Cuentan que su belleza era irresistible, que cuando paseaba por el campo hasta las flores se volvían para admirarla. Con una presencia plena de armonía, contaba entre sus fortunas el cultivar y contemplar junto a su madre toda clase de plantas y jardines. Pero su belleza también cautivó al señor de la muerte, quien un mal día la raptó dejando a su madre en la más profunda tristeza. Se llamaba Perséfone y era hija del poderoso Zeus y la fecunda Deméter, quien dejó de hacer florecer la tierra para ocuparse de buscar a su bella hija y arrebatarla de su captor.

El regreso de la hermosa joven fue negociado por su padre, pero el arreglo sería que la madre tendría a su hija solo la mitad del año, la otra estaría con su temible captor, el señor del Infierno. Más o menos así se cuenta el mito griego de la primavera, enfatizando el regreso de Perséfone con su madre, la tierra, para hacerla florecer. Un mito que encierra, además, una enorme lección de vida: para tener primavera, debe haber invierno. Es la oscuridad, precisamente, lo que nos permite apreciar mejor la luz, es el frío lo que nos hace bendecir la calidez. Por ello la primavera es la estación del renacimiento, la expresión más contundente del vitalismo.

Todos los humanos hemos pasado por tiempos grises y todos hemos sentido también la luz en nuestras vidas. Es parte de la naturaleza, la ambiental y la humana. El rapto de Perséfone representa el dolor y su regreso la esperanza, eso que nunca debe perderse pese a todo. En estos días, cuando las flores con sus aromas y colores regresan a la tierra, recuerdo el mito griego siempre vigente. Basta levantar los ojos un poco para encontrarse con la naturaleza en su mejor vestido. Bien dice el poeta: Todo se expresa en primavera, todo despierta, todo se exterioriza.

Es primavera y todos los seres vivos parecen despertar, como mis tortugas después de un largo letargo. Tiempo de renacer, de recrear, de renovarse como los árboles ahora llenos de hojas nuevas. Tiempo de festejar la cíclica resurrección, de celebrar la vida. Estación especialmente propicia para la contemplación. El naturalista Joaquín Araujo afirma que contemplar enseña más que buscar y más que perseguir, pero por desgracia no nos han enseñado el bello arte de la contemplación, otra de las maravillas de nuestros sentidos.

Y esta vez la esperanza nos llegó con algo más que flores. Este marzo nos trajo también el maravilloso ejemplo de una niña que ha movido y conmovido al mundo con su amor por la tierra. Se llama Greta, es sueca y como una Perséfone moderna logró salir de la oscuridad de una depresión para convertirse en una de las activistas ambientales más importantes de nuestro tiempo. Todo empezó cuando ella, sola y su alma, decidió dejar de ir a escuela un día y manifestarse en el parlamento a protestar por la falta de acuerdos políticos para resolver los graves problemas ambientales. Y su pequeño gesto pronto se convirtió en un gran movimiento liderado por niños y jóvenes.

Siguiendo a Greta y poniendo el ejemplo a los mayores, muchos niños han salido por miles a las calles en varios países europeos para defender su derecho a un ambiente sano. Y los políticos del mundo, aletargados como quelonios, no parecen darse cuenta que están siendo rebasados por generaciones más sensibles y participativas: “Quiero que sientas el miedo que siento todos los días y luego quiero que actúes”, les reclamó en un foro a los líderes mundiales la valerosa Greta. Consciente de la hipocresía reinante entre algunos los políticos, quienes dicen una cosa y hacen otra, la niña sueca decidió expresarse con hechos contundentes.

Y la causa de Greta debiera ser la de todos, más todavía en nuestro país, donde la contaminación, la depredación y la indiferencia son la constante. Y peor: en México cada día aumenta el número de líderes ambientales asesinados por atreverse a luchar contra los depredadores. 103 ambientalistas han pagado con su vida en los últimos años, en un infierno donde además hay persecución, amenazas, y detenciones ilegales a quienes alzan la voz en la defensa del medio ambiente.

Con todo, la primavera debe invitarnos a la esperanza, al compromiso, al gozo por la vida. Estar aquí viviendo otra primavera ya es un privilegio para agradecer. Acercarnos a la naturaleza, aprender de sus lecciones cotidianas, contemplarla y disfrutar, pero también hacer por su conservación, es nuestro desafío. Por lo pronto, este sábado 30 de marzo la invitación a unirnos a millones de personas en la más grande manifestación en defensa de la vida en “La hora del  planeta”, apagando nuestras luces y demás aparatos como forma de toma de conciencia y amor por la tierra que nos sustenta.

Si queremos conjurar el infierno, seamos parte de la acción y la esperanza. Este es el mejor momento.

 

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