De Política Y Cosas Peores

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Catón.-

No acostumbro dar mensajes. Esa tarea, que antes correspondió al arcángel Gabriel o a Mercurio, a los heraldos o pregoneros luego y después a los Telégrafos Nacionales, ahora está a cargo de las redes sociales, monstruosas Furias que hacen más mal que bien; espejo que refleja, entre algunas cosas buenas, lo peor de la naturaleza humana: la mezquindad, la envidia, la calumnia, el odio. Hoy, sin embargo, incurro en la osadía de aconsejar algo a mis cuatro lectores, aun sabiendo que los consejos que se piden los da Dios y los que no se piden los da el diablo. El tal consejo es este: no vayan en estos días a los Estados Unidos, y menos aún en los de las vacaciones que se aproximan. El perverso y sandio Trump ha ordenado a las autoridades fronterizas poner en práctica medidas de tortuguismo a fin de retrasar el paso de los mexicanos al país del norte en represalia porque, al decir del estólido magnate, el Gobierno de México no hace nada para frenar las caravanas de migrantes. Para pasar “al otro lado” quienes viajan por carretera están tardando un promedio de cinco horas, y no pocos me han informado que tardaron ocho en atravesar la línea. Desde luego, eso origina molestias a los mexicanos, pero provoca también daño gravísimo al comercio norteamericano de la faja fronteriza, el cual depende casi totalmente de los compradores provenientes de México. Aun así, Trump usa esos alardes para allegarse votos aprovechando el racismo y xenofobia de buena parte de sus electores. Respondamos nosotros a esa torpe acción absteniéndonos en estos días de ir al país vecino -ahora mal vecino por causa de su majadero Presidente-, y esperemos que sean los propios comerciantes de la faja sur de Estados Unidos quienes exijan a Trump que suspenda ese tortuguismo, que mayor perjuicio les causa a ellos que a nosotros… Nadie debería leer el chascarrillo que cierra hoy el telón de este artículejo… Doña Tebaida Tridua lo leyó y al punto le salieron crústulas en el tafanario. Inútil fue que su médico de cabecera le aplicara ahí emplastos de populeón, una pomada lenitiva y analgésica hecha a base de adormidera, belladona y hojas de álamo negro maceradas en manteca de puerco. La ilustre dama estuvo 15 días sin poder sentarse. Quien no quiera exponerse a tan nocivo efecto absténganse de leer la vitanda historieta que ahora sigue. Después de beber algunas copas varios amigos entraron en el terreno de las confidencias eróticas, y empezaron a decir cuál era la postura que cada uno prefería al realizar el acto de la coición. Uno dijo que su señora admitía solo la posición del misionero, pues era socia de la Congregación Paciana y cualquier otra postura le parecía insana perversión. Otro manifestó que le gustaba hacerlo woman on top. Un tercero declaró que su posición favorita era la llamada spoons o spooning. El último de los cuatro, de nombre Pelerino, dijo que su esposa y él hacían el amor de carretilla. “¿De carretilla? -se desconcertaron los otros-. ¿Cómo es eso?”. Explicó el otro: “Nos quitamos la ropa. Ella se pone de manos y rodillas en el suelo. Yo la levanto por las piernas, me pongo donde debo ponerme y luego arrancamos como si ella fuera una carretilla y yo el que la llevara. Y así vamos a todo carrera por toda la casa; ella con las manos en el suelo; yo sosteniéndola por las piernas; de la sala a la cocina, de la cocina a la sala, una y otra y otra vez”. Uno de los amigos, estupefacto al oír tan peregrina forma de llevar a cabo el acto conyugal, le preguntó a Pelerino: “¿Y eso les da placer a tu mujer y a ti?”. Respondió él: “Placer, lo que se llama placer, no. ¡Pero cómo se divierten los chicos!”. FIN.

 

MIRADOR

Por Armando Fuentes Aguirre

Llegó sin avisar y dijo con acento terminante:

-Soy el número uno.

Me sorprendió esa presentación, pues había conocido a muchos que decían lo mismo:

-Soy el número uno.

Se lo dije y respondió:

-Quienes se creen el número uno están equivocados. El único y verdadero número uno soy yo.

Pensé que no hay nadie que sea el número uno. Aunque parezca obviedad el único número uno que hay es el número uno. Creerse el número uno en cualquier actividad es soberbia intolerable.

Sin embargo, no puse en palabras ese pensamiento. Callé ante aquel que decía ser el número uno. Molesto por mi silencio se alejó mascullando no sé qué cosas entre dientes.

Yo me quedé pensando que quien decía ser el número uno seguramente era el número dos. Eso explicaba su insistencia en decir que era el número uno.

¡Hasta mañana!…

 

MANGANITAS

Por AFA

“. AMLO quiere producir leche en Tabasco.”.

Ese proyecto que fragua

tiene clara explicación:

es que en aquella región

lo que más sobra es el agua.

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