#Metoo a la mexicana

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Adriana Heredia.-

Una persona se suicidó debido a la carga psicológica que las denuncias en redes sociales en su contra le provocaron, independientemente de las afectaciones emocionales que ya tenía al suicida, y que hicieron que tanto goteo derramara el vaso, así pasó en México con el movimiento muy bien fundamentado en donde mujeres violentadas levantaron la voz acusando a escritores y músicos.

Pero en las redes sociales todo se sale de control, no existe una legislación que regule los perfiles, ni mucho menos un tribunal cibernético (sí la policía cibernética que actúa de vez en cuando), si bien es cierto las estadísticas marcan que la mujer en México sigue siendo atacada física, psicológica y sexualmente por el hombre y que en muchas ocasiones crea codependencia ante el macho agresor, también es cierto que muchas de las denuncias penalmente integradas ante un Fiscal resultan falsas, mucho más fácil falsificar el testimonio en el anonimato, aunque también es mucho más fácil para la víctima tomar valor y denunciarlo.

Es decir, la herramienta es buena, el problema es que muchos cibernautas, más allá de una real acusación, se ganchan, opinan y satanizan a quienes no piensan igual que ellos, el movimiento crece y se sale de control, tan malo es acusar sin fundamentos y fuera de la legalidad, señalar bajo un gran antifaz por venganza personal, como tan malo es que por este tipo de casos dichos movimientos mueran, porque agonizaban antes del hecho por la diversificación que sufrieron, porque tristemente los adoptan personas que están enojadas, decepcionadas, peleadas o desencontradas con la vida y que el Twitter, el Facebook y el Instagram representan al psicólogo al que no se atreven a ir, al amigo con el que no pueden conversar, o a la familia con la que ni siquiera dialogan.

Cuando eres linchado por la sociedad poco tienes para defenderte ante cualquier tribunal, porque si resultaras inocente por la determinación de un juez, siempre quedará la duda, porque la sociedad ya lo juzgó, anteriormente los encargados de promover ese juicio social éramos los medios de comunicación, incluyendo a las grandes televisoras que en ocasiones acrecentaban los hechos cayendo en el amarillismo, muchas de las investigaciones tardaban meses para realizarse, hoy basta un hashtag y en cuestión de minutos se logra el cometido, dañar a una persona socialmente, sea o no culpable de lo que se le acusa.

Con el suicidio de Armando Vega Gil quien fue linchado en redes sociales tras una denuncia anónima por el movimiento #metoomusicosmexicanos salieron muchas cosas a relucir, por ello el movimiento se despidió de redes sociales con lo que buscaba deslindarse del problema, pero hasta el Instituto Nacional de Mujeres opina que debe seguir, ¿apoya entonces el linchamiento social sin fundamento y con ello la muerte obligada del músico mexicano? es una pregunta que hacen los cibernautas en donde además, despachos de abogados se ofrecen a la familia del cantautor para dar con los iniciadores del movimiento y de quienes hicieron las acusaciones en el anonimato.

 

HAZ

El haz de este reflector indica que efectivamente la mujer sigue siendo violentada, y que cuando se decide a denunciar el maltrato, las autoridades son tibias para castigar, es más hasta para resguardar los mínimos derechos de alimentación por parte de los varones hacia sus hijos, la justicia en México es lenta, burocrática y vendida en su momento al mejor postor, sin dejar a un lado las actitudes misóginas que influyen en un juez al momento de dictar sentencia, pero es la mejor vía para denunciar este tipo de actos, y las redes sociales debieran ser la última opción fundamentada en las denuncias interpuestas, o bien sin denuncia formal pero con pruebas de los hechos de los que se acusa, y más allá de las pruebas la honestidad por delante, porque todos estamos expuestos a que se nos acuse de manera anónima sin fundamento, y aunque resultáramos inocentes el daño moral y las consecuencias de éste, no es resarcido cuando todo se hizo en el anonimato.

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