Es irrecuperable el tiempo perdido

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Pérez Ávila.-

Alguien debe decirle al jefe de las y los morenos en la Cámara, Mario Delgado, la definición de “perder el tiempo”. Quizá si le explican con sencillez y meridiana claridad, se percate de que, “no hacer nada”, carece de significado y, hasta no tiene importancia en un cualquiera, pero no, nunca, en un representante popular, sin importar su color ideológico o su afán partidario.

Declarar a los medios la razón por la cual se apresuraron a deliberar en la cámara, martes, miércoles y jueves, deja muy en claro su ignorancia sobre un asunto difícil, hasta imposible de definir: el tiempo.

“Lo hacemos para tratar de recuperar los tiempos perdidos”.

Yo pienso en los niños de Oaxaca, Chiapas, Michoacán, obligados por profesores carentes de vocación magisterial, a permanecer fuera de la escuela, perdiendo lastimosamente un tiempo precioso. En lugar de estar aprendiendo cómo enfrentar los retos de la vida, se ven marginados de la oportunidad de prepararse en las aulas, bajo la protección de un gobierno respetuoso de uno de los postulados constitucionales, referente de discursos emotivos, de citas alegóricas y, hasta de cátedras presuntuosas, pero que, en su caso particular, no se cumple. El tercero constitucional, donde se estatuye el derecho de todo individuo a recibir educación.

No recuerdo el nombre del prócer que cinceló la frase, pero su advertencia es eterna, como el indefinible tiempo, y al mismo tiempo actual y vigente: “Un solo día perdido, debería causarnos hondo sentimiento”.

Argumenta el moreno don Mario: su propósito de dejar, para después, la discusión en la cámara de la nueva reforma educativa, porque la anterior no le gusta a la Coordinación de Trabajadores de la Educación: se hace, para llegar a un acuerdo con el magisterio

Por favor don Mario. No crea que todos los demás somos tontitos. Está rotundamente equivocado, si se cree el único listo en el salón. La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, es una facción, no es de ninguna manera el magisterio.

Sesionar en forma apresurada, porque el viernes los de la Coordinadora les van a bloquear el acceso a la cámara, es una vergonzosa forma de aceptar su incapacidad para ubicarlos en el marco del respeto mutuo, con el fin de sostener un intercambio conceptual de altura, de personas sensatas.

A su actitud de tan poco decoro, don Mario Delgado, el portavoz de Morena en la cámara, agrega una muy inaudita sumisión ante los de la Coordinadora, al punto de rechazar, hasta las palabras empleadas en la reforma educativa que van a reformar, condenando el uso de certificación, evaluación y escalafón, tildándolas de “palabras malditas”. Que alguien le haga saber que, maldito, es oprobio, que maldito es lo aborrecible, que maldito es el condenado por las leyes divinas.

Insistió el líder moreno en su extraño señalamiento: “certificación, es una palabra que mete ruido, al igual que evaluación”.

Durante su campaña electoral, el hoy presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, sobre el asunto machacó una vez, y otra también, insistiendo en su amenaza-promesa: “De la Reforma Educativa de Peña Nieto, no va a quedar ni una coma. Ofendieron a los trabajadores de la educación. No los escucharon. Se dedicaron a ningunearlos. Pero eso, se acabó”.

Se cree que los jefazos de la Coordinadora, ayudaron en su campaña al victorioso López Obrador. Yo mantengo mis dudas.

Pero si lo ayudaron, si pusieron sus dotes de alborotadores al servicio de quien ganó la presidencia en su tercer intento, tal acción no los sitúa en el rango de acreedores de favores presidenciales.

GIRÁNDULA CLÁSICA: Magister dixit.

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