Una mexicana en busca del Nobel

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Rodolfo A. Echavarría Solís.-

NIÑEZ

María Alejandra Bravo de la Parra nació un 29 de abril, en la Ciudad de México. Su padre, contador de profesión y una persona muy exigente, era originario de Puebla, mientras que su madre era de Durango. Se conocieron en la Capital mexicana donde se casaron y tuvieron ocho hijos –dos hombres y seis mujeres–, entre los cuales Alejandra fue la sexta.

Alejandra considera, sin ninguna duda, que creció en una familia unida, y tuvo una infancia muy feliz, disfrutó de los espacios al aire libre, en los que podía jugar y andar en bicicleta. Sus hermanas mayores tuvieron una gran influencia en ella, ya que además de cuidarla, la ayudaban en sus estudios.

Alejandra destacó desde muy pequeña en la escuela, cumplía con sus obligaciones para tener tiempo libre y acudir a la biblioteca a leer cuentos y libros sobre ciencia. Le gustaba mucho asistir a la primaria, y a los cinco años descubrió que quería ser doctora en medicina.

 

ESTUDIOS BÁSICOS

Estudió la secundaria en una escuela pública, y la inquietud de estudiar una carrera profesional continuaba en su interior. Sin embargo, su padre quería que abandonara la secundaria y estudiara para secretaria, como lo habían hecho sus hermanas mayores. El parteaguas en su vida académica ocurre cuando una de ellas intercede a su favor, y le pide a su papá que le permita continuar con sus estudios, y ya el tiempo dirá si tenía razón. Cabe comentar que, a partir de que Alejandra decide estudiar la universidad, sus dos hermanas menores siguieron su ejemplo y cursaron también una carrera.

 

ESTUDIOS SUPERIORES

Aunque estudió la secundaria en una escuela pública, consideró que debía prepararse muy bien para poder entrar a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), por lo que estudia la preparatoria en una excelente institución privada. En sus años en esta escuela, e influenciada por sus profesores de química y biología –a quienes recuerda con especial admiración y cariño– descubre que su pasión era la bioquímica.

Al mismo tiempo, una amiga le cuenta sobre una nueva carrera en la UNAM, la licenciatura en investigación biomédica básica, un programa muy ambicioso, y con un ingreso complicado, ya que solo admitían diez alumnos por año. Alejandra se siente atraída por esta carrera, además de que toma como un reto el poder ingresar.

Al inicio, Alejandra aún no entendía por completo de qué se trataba la investigación científica, pero sus profesores la guiaron en el proceso. A todos sus alumnos los ponían a pensar y a proponer nuevas ideas, y no solo se dedicaban a aprender lo ya escrito.

En el año de 1985 finalizó sus estudios de Licenciatura en Investigación Biomédica Básica. Posteriormente, y tras una serie de pruebas, fue aceptada para ingresar directamente al doctorado en Investigación Biomédica Básica en el Centro de Investigación sobre Fijación de Nitrógeno de la UNAM, donde obtuvo el grado en 1989.

En sus estudios doctorales, trabaja bajo la dirección del doctor Jaime Mora; él le transmite su pasión por la ciencia, y lo considera la persona que más influyó en su formación como investigadora. Al finalizar, el doctor Rodolfo Quintero la invitó a integrarse a su grupo de trabajo y le propuso iniciar con la investigación en el tema de las toxinas insecticidas producidas por la bacteria Bacillus thurngiensis, Bt., en el Instituto de Biotecnología de la UNAM.

 

APORTACIONES

Las aportaciones de la doctora Alejandra Bravo se han centrado en los estudios de las toxinas producidas por las bacterias Bt y su aplicación para aniquilar ciertos tipos de insectos. Con la finalidad de poder iniciar una investigación de frontera en este tema, ha salido del país para realizar estancias de investigación en Bélgica, Francia, Brasil, China y Estados Unidos.

Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores, Nivel III. Ha tenido una participación muy activa en docencia y formación de recursos humanos, ya que ha impartido una gran cantidad de cursos a nivel de maestría y doctorado. Ha dirigido tésis de licenciatura, maestría y doctorado. Además, la doctora Bravo ha publicado más de 141 artículos en revistas de circulación internacional de alto impacto, ha publicado 29 capítulos de libro por invitación y 19 artículos de difusión de la ciencia. Ha editado tres libros y recibido 8016 citas.

 

MACHISMO Y FEMINISMO

Alejandra considera que vivimos en un mundo de hombres, lo cual es inevitable. Sin embargo, en sus estudios siempre se sintió cobijada por sus profesores, personas íntegras, así que jamás sintió discriminación o menosprecio por ser mujer. En su trabajo en el mundo académico y de investigación no ha padecido el machismo, pero sí en otros ambientes.

Se considera feminista, y apoya abiertamente a las mujeres, ya que considera que son igual de capaces que los hombres. Siente predilección por sus alumnas, a quienes apoya y se involucra en varios aspectos de sus vidas. Confiesa que siente mucho coraje cuando alguna de ellas piensa dejar sus estudios o su trabajo, debido a una relación tóxica con su pareja. Hay que aclarar que, también reconoce la capacidad de sus estudiantes varones, con quienes siempre ha mantenido una excelente relación.

 

CIENCIA EN MÉXICO

Alejandra considera que el apoyo a la ciencia en México es bajo, y actualmente se vive en una crisis en la comunidad científica, ya que el porcentaje de proyectos aprobados por el Conacyt disminuye cada año. Piensa que los laboratorios en México tienen el mismo nivel que los de cualquier país desarrollado, pero el problema es el número de ellos que existen en nuestro país.

 

VIDA PERSONAL

Alejandra cree en Dios y es católica. Considera que su trabajo científico la va a sobrevivir y le gustaría ser recordada por ello. En su infancia practicó gimnasia olímpica y basquetbol. Posteriormente, se apasionó con el tenis y le encantaba correr, actividades que tuvo que abandonar debido a una lesión en la espalda. En la actualidad practica yoga y bicicleta. No ve deportes por televisión, aunque debido a la pasión que su esposo siente por el futbol, se mantiene muy enterada de lo que acontece en ese mundo.

A Alejandra le gusta coser y tejer (a sus hijos les confeccionaba ropa). Debido a sus viajes de los últimos años a China, se ha iniciado en el aprendizaje de su idioma, el cual espera dominar pronto, tal como lo hizo con el inglés, francés y portugués. Le encanta leer antes de dormir, sus autores favoritos son Gabriel García Márquez, Albert Camus y Milan Kundera. Se encuentra felizmente casada y tiene dos hijos: Pablo y Emilio.

Su hijo Pablo es doctor en matemáticas, y actualmente realiza un posdoctorado en Estados Unidos, mientras que Emilio estudia el doctorado en la Universidad de Edimburgo, en temas relacionados con ingeniería ambiental. Alejandra espera con ansias la llegada de los nietos a su vida.

 

RECONOCIMIENTOS

La doctora Alejandra ha recibido múltiples reconocimientos nacionales e internacionales. Entre ellos destacan el Premio de Investigación de la Academia Mexicana de Ciencias 1998, el Premio Universidad Nacional para jóvenes académicos 2000, el Premio AgroBio México 2003. Recibió un reconocimiento de la Revista Quo y de Discovery Channel en 2010, y de la revista Mujer Ejecutiva en 2011. En el ámbito internacional recibió el premio Mujeres en la Ciencia L’Oreal Unesco 2010. Sin embargo, el principal reconocimiento por el que se esfuerza actualmente, es el Premio Nobel, el cual espera obtener en unos años.

 

MENSAJE

A los jóvenes les pide que se entreguen a lo que les gusta, les dice que nada es gratis ni fácil en la vida, todo depende del esfuerzo para obtener lo que desean. Nadie les va a regalar nada, pero si se esfuerzan, pueden llegar a ser lo que soñaban e incluso mucho más.

La Dra. Alejandra Bravo labora actualmente en el Instituto de Biotecnología de la UNAM, en Cuernavaca, Morelos. Dejemos aquí el reconocimiento para esta científica mexicana, quien ha realizado grandes contribuciones en el campo de la bioquímica a nivel mundial. Todo a partir de una infancia en la que se pasaba horas en la biblioteca atrapada en los libros y con el sueño de ser doctora.

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