‘No quedará ni una coma’

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Pérez Ávila.-

Son recuerdos de niño, aflorando ante el parecido de un rapto poético, y la admonición de un candidato presidencial, en el hervor de la campaña.

México había declarado la guerra a la Alemania Nazi, culpándola del hundimiento de dos de sus buques petroleros, procediendo a instalar baterías costeras, poniendo en alerta a sus fuerzas de mar, tierra y aire, sin enviar a Europa ni siquiera un comando. La explicación era lógica y estratégica, porque se le requería para repeler, cualquier intento teutón, para desembarcar en el continente y herir, en su territorio, a la potencia militar en cierne.

En el Pacífico, el Imperio Nipón y la Unión Americana, mantenían una implacable guerra de exterminio. Algo pasó. La cada día más tensa relación diplomática entre Los Pinos y el Mikado se rompió. Nuestro país declaró un estado de guerra con el país más poderoso de Asia, instruyendo a su fuerza aérea, para tener presencia en el conflicto, con un contingente integrado por sus más decididos y osados elementos. Entró en acción, el Escuadrón 201.

Un senador, cuyo nombre escapa a mi escuálida retentiva, con reconocidas dotes de bardo, procedió a glorificar a los aguiluchos aztecas:

“De la flota de barcos amarilla…..no quedará sobre las olas uno….Con un número en su quilla…..Un guarismo de luz: 201”.

Si usted ha leído sobre la participación mexicana en la batalla del Pacífico, estará de acuerdo conmigo: Los azuzados pilotos, impulsados por la tradición musical y el afán patriótico, supieron dar muestras de su valor indómito, en todas sus incursiones sobre parapetos y trincheras de los nipones. Pero no vieron acción en el océano. No hundieron una sola nave. No pusieron su guarismo de luz, en barco alguno de la flota amarilla.

Quizá le parezca exagerado. El recuerdo me lo trajo, la esperada, y al mismo tiempo, sorpresiva aparición de Elba Esther Gordillo, en la arena de las confrontaciones magisteriales, porque a querer o no, viene a la mente de todos, la promesa en campaña del presidente López Obrador, en torno a la reforma educativa, aprobada durante el régimen de su antecesor Peña Nieto.

“De esa reforma que ofende a los trabajadores de la educación, no va a quedar ni una coma”.

Frente al rigor del ofrecimiento, uno se plantea la pregunta insesgable e imposible de marginar, dada tanta crudeza: La Reforma Educativa aprobada por las cámaras en el sexenio presidido por Enrique Peña Nieto, ¿es de verdad, una afrenta para el profesorado, o no lo es? Dubitación también inmarginable: ¿La Reforma es lesiva? ¿Sí? Entonces, cómo explicar su aprobación por un cuerpo colegiado, del mismo nivel intelectual, del que lo sucedió.

Puede suceder con el arrebato presidencial, lo mismo que pasó con el rapto poético del senador en los tiempos de Ávila Camacho. Si van a quedar comas en la abrogación y también se mantendrán determinados transitorios.

Si el 201 no acabó con la flota nipona, si pintó su raya en el mar.

“Y aunque no quiso el regreso….siempre se vuelve al primer amor”, canta el inmortal Carlos Gardel en el tango “volver”. Ignoro si la profesora Gordillo, tiene alguna similitud con el canto evocador del zorzal criollo, pero sí sé, como usted, como todos, el gran amor que le profesa al sindicato magisterial, del cual dimana, todo su innegable inmenso poder.

Y estoy de acuerdo con el lector. Es una exageración la analogía entre los versos inspirados por los aguiluchos del 201 y, la promesa radical, extremista, rotunda, de cambiar del alfa a la omega, los requisitos y reglamentos mediante los cuales, se debe orientar la educación pública en el país.

GIRÁNDULA BÉLICA: “Si no puedes con tu enemigo, únete a él”. Maquiavelo, en su libro que todos citan, y muy pocos leen.

 

 

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