El gobierno actual debe pugnar por la equidad social

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Héctor F. Saldívar Garza.-

Reflexionando sobre el desarrollo que ha tenido la sociedad mexicana en el último siglo, se observan grandes contrastes que ubican al momento actual como especial, ya que en términos globales los apoyos federales han diferido en forma marcada con lo acontecido en los últimos decenios, donde las políticas fueron básicamente hacia los sectores productivos, incrementándose de esta manera la pobreza. Intentando demostrarlo, a continuación se expondrán datos que consideramos significativos para la generalidad de las personas.

Si nos remontamos a los años 70, cuando nuestra generación concluía estudios de licenciatura e iniciábamos actividades laborales, las oportunidades de empleo para profesionistas estaban en buen nivel y era práctica común que los empleados pudiesen ahorrar una considerable parte de lo ganado, ya que cuando había incremento salarial, este era muy por encima de la inflación; y asimismo, la distancia entre el precio de los bienes a consumir y lo devengado no era lejana, de tal forma que era factible satisfacer sin problema las necesidades fundamentales, adquiriendo los artículos que se requerían para una vida digna.

Sin embargo, el sector social que está de acuerdo con el neoliberalismo, que fue el modelo que desbancó la forma de organización existente en aquellos tiempos, aseguraron que había que corregir el rumbo en la conducción del país, porque se quejaban de que la economía era ficticia y el endeudamiento cada vez más marcado, lo cual exigía implementar las ideas neoliberales como forma de lograr un mejor desarrollo del país.

Con el ascenso de Miguel de la Madrid a la presidencia, empezaron a estructurarse las bases para implementar ese paradigma, que no tan solo resultó económico, sino también político y social. Y se observó con clara definición a partir del gobierno de Carlos Salinas de Gortari, en 1988.

El modelo neoliberal empezó a trabajarse y pronto se fueron observando los resultados que mostraron; por una parte, gran adelgazamiento del Estado mediante la venta de las empresas estatales, y el retiro de una cantidad considerable de empleados que laboraban en el gobierno. Algunas iniciativas fueron bien recibidas por la comunidad y otras rechazadas, porque las consideraron inconvenientes o, en su defecto, por no compartir la idea de la forma en que se dispuso de los bienes nacionales. Como ejemplo se cita el caso de Ferrocarriles Nacionales de México y una serie de bancos y empresas paraestatales, que se vendieron en precios muy castigados, no obstante carecerse de razones para ello.

En cuanto al manejo de los salarios, a partir de los años 80 se dispuso que los incrementos, para que no generaran desequilibrio económico, debían concederse en razón a la inflación existente; sin embargo, dos elementos intervinieron para que esto no resultara atractivo y pujante.

Primero, porque el índice inflacionario estaba marcado por el mismo gobierno, que podía, en un momento dado alterarlo a su conveniencia, y otra razón fue que se presentó liberación de precios de los artículos, para quedar en razón a la oferta y demanda, sin ningún control gubernamental como se estilaba años atrás, para protección de los sectores más carenciados.

Esto, entre otras cuestiones, fue provocando un retroceso en los avances logrados en lo social. En un estudio realizado por la UNAM y publicado por el periódico El País, se detectó que en los últimos treinta años el poder adquisitivo de la moneda descendió hasta en un 81 por ciento (“México 2018: otra derrota social y política a la clase trabajadora; los aumentos salariales que nacieron muertos”.

En el presente Gobierno federal, para superar un tanto lo afectado que ha estado el sector más vulnerable, se han implementado una serie de programas que algunos consideran populistas, porque suponen que el objetivo de ellos es corporativo. Sin embargo, tendría que revisarse con detenimiento las medidas tomadas por los diversos gobiernos fomentadores del neoliberalismo, para así comprender que está siendo indispensable esa práctica.

Un ejemplo de las acciones que se citan, son el conjunto de empresas y las cantidades de dinero exentas de pago por el Servicio de Administración Tributaria (SAT), autorizadas por los gobiernos federales de los últimos cinco periodos gubernamentales. Otra medida es el pago del Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa), que es algo realmente inverosímil, sobre todo para un país en penuria como México.

Una disposición más, incoherente con la realidad actual, son los salarios asignados a los ministros de la Suprema Corte de la Nación. Y así como estos ejemplos podrían verterse muchos más, que provocarían vergüenza en quienes fueron beneficiados, si fuesen un tanto sensibles ante el cúmulo de carencias de lo indispensable, por parte de la mayoría de la sociedad.

Esto significa que se deben implementar acciones tendentes a nivelar paulatinamente el salario de la clase trabajadora en condiciones de pobreza, ya que son el germen donde se origina una serie de calamidades que impactan negativamente el desarrollo del país.

Por supuesto que esto requiere de un trabajo en ese sentido, no tan solo de un sexenio, ya que la situación exige quizá de tres periodos gubernamentales como mínimo. Pero eso implicará una gran dedicación a servir por parte de todos aquellos que respaldan ese propósito.

Consideramos que en las diversas localidades donde no gobierna el partido que dirige el gobierno federal, están preparándose intensamente para evitar que el proyecto de nación que está representado por la denominada 4ª transformación aterrice con éxito, por lo que se debe considerar esto ampliamente por sus defensores, para reforzar actividades con la idea de eficientarlas.

Las acciones no serán sencillas para ninguno de los bandos, pero, los que queremos el bien para la sociedad en lo general, solo esperamos que ambos lleven a cabo iniciativas para sortear carencias en los necesitados y ganárselos en buena lid, mostrándose alejados de marrullerías que contribuyan a un empleo inadecuado de los recursos y que finalmente obstaculicen el avance en vez de acentuarlo.

México no está para dilapidar lo que posee, esto debe comprenderse y aplicarse a la brevedad, para que el desarrollo vaya manifestándose de manera ordenada.

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