Historia del Teatro en Victoria (VII)

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Quien también fue víctima del “embrujo” de Chucha fue el Cronista de Victoria, Francisco Ramos Aguirre; nos reveló que también le tocaron besos y abrazos de este personaje entrañable de la Capital.
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Francisco Ramos Aguirre.-

Cuentan las crónicas del teatro que a principios del siglo XX arribó a México una notable actriz española llamada María Caballé, experta en opereta y zarzuela. Fue hija de la soprano Carlota Millanes, intérprete de algunas arias de La Traviata de Verdi en el Teatro Lírico. En marzo de 1909 Caballé demostró sus cualidades en las primeras actuaciones que ofreció en el Teatro Arbeu. Dos años más tarde llegó a ese mismo escenario María Guerrero con la obra La Gatita Blanca, una zarzuela que dio nombre a María Conesa, una de las tiples más famosa en los tinglados de la capital del país.

Caballé era guapa, simpática y de atractivas formas. Gracias a ello logró cautivar al público capitalino que acudía todas las noches a verla. Después de esa actuación que consolidó su talento, los críticos de teatro le aseguraron sin recato “…un brillante porvenir”. Rápidamente las principales compañías dramáticas la contrataron en los teatros Lírico, Principal y Colón donde actuó en las obras: El Bueno de Guzmán, Las Musas Latinas, El Conde de Luxemburgo, La Bohemia, El Barbero de Sevilla, Los Apaches de París y muchas más.

Prácticamente la etapa de su carrera artística entre 1909-1919 coincidió con el final del porfiriato y la Revolución Mexicana. Es decir el maderismo, constitucionalismo, zapatismo y convencionismo. Bajo estas circunstancias es muy probable que a los teatros donde actuaba, asistían toda clase de militares a presenciar las obras: El País de la Metralla y 1913 basadas en los acontecimientos de esa época. Por ejemplo en marzo de 1917 el Teatro Arbeu dedicó una función al general Pablo González y altos mandos del ejército, con actuaciones de Virginia Fábregas, María Conesa.

A partir de 1915 después de agotar todos los foros de la capital del país y alternar con Mimí Derbá, Virginia Fábregas, Esperanza Iris, María Conesa, Roberto Berestain y otros artistas; Caballé y su esposo el tenor Rafael Álvarez formaron su propia compañía y decidieron recorrer el país. Viajaron a Morelia, Monterrey, Mérida y muchas poblaciones entre ellas Ciudad Victoria, a donde iniciaron una temporada el 20 de enero de 1919. En ese momento los principales comentarios se relacionaban con los conflictos políticos y militares entre los generales César López de Lara y Luis Caballero.

En este ambiente el gobernador de Tamaulipas Andrés Osuna Hinojosa, se enteró de la presencia de la artista a través del periódico de la localidad Raza Nueva, donde se anunciaba en la cartelera del Teatro Juárez La Duquesa de Tabarín a cargo de la Compañía de Zarzuela Melantuche de la artista María Caballé y el tenor Álvarez, profesionales de la actuación.

Si consideramos la noticia nacional en el periódico El Pueblo (febrero/7/1919), definitivamente el éxito en Ciudad Victoria fue rotundo, porque las actuaciones se prolongaron al mes de febrero: “La Zarzuela La Duquesa del Bal Tabarín, con que debutó la compañía fue muy gustada, y es probable que muy pronto se vuelva a poner en escena. El viernes fue representada magistralmente La Señorita Capricho; el sábado La Casta Susana, el domingo Marina y El Chiquillo y ayer El Abanico de Pompadour. El público confía en que el empresario Hernández seguirá contratando buenos cuadros de artistas, para que esta ciudad vuelva a ser la misma que en épocas normales, o mejor si es posible en lo que a espectáculos se refiere”.

Probablemente María Caballé y su familia regresaron a España en la década de los veinte. Al respecto la novela El Enigma de Tina de Alfonso Domingo, menciona el trágico final de esta artista quien durante la Guerra Civil Española fue herida y perdió un hijo. Al asumir el poder Francisco Franco, se retiró de los escenarios y se dedicó al cuidado del marido y sus hijos.

Es evidente que la ópera fue el género teatral de mayor atención del público en aquella época. Incluso los periódicos y semanarios humorísticos como El FiFí (diciembre 20/1920), publicitaban en primera plana las fotografías de importantes artistas del Teatro Juárez. De esta manera se aseguraba la asistencia y por consiguiente, los empresarios recuperaban los gastos de artistas, músicos y empleados. Esto desde luego no era una labor fácil.

En el caso del tenor José Merino apodado El Caruso Mexicano, que actuó en la Capital tamaulipeca “con lisonjero éxito pecuniario y artístico” es importante señalar que acabada de regresar después de una gira artística de cuatro años en los Estados Unidos, lo que representó de antemano que el auditorio: “…llenara por completo las localidades…que constituyó para él un triunfo más de sus muchos en una artística gira bohemia”. (Continuará)

 

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