Palabras de esperanza

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Lilia García Saldívar.-

Palabras Sabias: “Nunca se da tanto como cuando se da esperanza”.

 

Lavaba intermitentemente tallando cada mancha, cada arrugada con tierra, alrededor de los botones o del cinturón dibujado en el vestido, Isabel era perfeccionista para todo, le daba vueltas y más vueltas a los problemas diarios y los numeraba para acordarse por número qué problema tenía más urgente y así se iba la renta, el uniforme de Luis, zapatos de Inés, comprar carne y pescado, ¿Qué rendía más? Pues los pocos pesos que tenía los ponía en hilera sobre la mesa, y murmuraba $300 de la renta, $200 zapatos de Eliza, $200 pesos mochila nueva “La vieja está ya muy rota” y la hilera crecía y crecía sobre la mesa, y ella rotulaba sobres $150 para tapa de olla vieja, $30 para poner broches a los zapatos viejos, haber si me sirven otro mes, el regalo de boda de la prima ¡Ay caray ese es para dentro de días, porque así se usa regalar en las bodas, será para consolar un poco los problemas que trae vivir juntos, eso es lo que pienso yo, viene un problema detrás de otro, y pronto recordó que cuando ella y Luis se casaron, empezaron los pleitos por el dinero, “Que si gastas mucho por la mugrosa comida que me diste” ¿Cómo fue que gastaste $150?

A mi mamá le salía una comida riquísima con un puño de tortillas y salsa y fíjate hasta se le veían unas hebras de queso manchego y tú, te gastaste 400 en ese mugroso pescado con espinas que por poco me ahogo, ¿qué ya no te acuerdas de hace días?, los reproches iban y venían, ayer Luis de tan enojado que estaba que aventó el florero contra el cuadro con vidrio de cuando se casaron, y el cuadro quedó fácilmente quebrado, y ni para qué pensar en arreglarlo pues sale muy caro, y así pensando, pensando oyó que tocaban a la puerta, fue a abrir y se encontró con su vecina y amiga que le dijo: -¿Qué tal Chavelita porque la veo tan preocupada, está enferma o que le pasa?.

Cómo le va vecina, pues nada, que el dinero no alcanza para todo el gasto, ya me queda poquito y me faltan muchas cosas, ah que vecinita, ¡Ah que vecinita!, mire no se apure tanto, dele a su viejo comidita sencilla, mire si hace arroz, póngale no sólo tomate, también 1 ajo, un poco de cebolla y una zanahoria en rueditas, y los huesitos del pollo de ayer échales agua que hiervan un rato con sal y limón y ese caldito le sirve para cocer el arroz, queda riquísimo de seguro se servirá dos veces, y el bistec que tenía para los dos péguele con la mano del metate hasta que esté tan delgado como papel, empápelos en leche y huevo, póngales pimienta, y unas hojitas de yerbabuena, cúbralos con sobrantes de pan molido y cocine una papa a medio cocer después fría los bistec y la papa, un chilito también dorado y verá Chavelita, hasta se chupará los dedos, y sírvalo bonito, arroz, en un lado, bistec y papa y chilito en otro lado, unos frijolitos bien molidos y fritos, a la grasa que quedó, no vaya a tirarla, así es como se acaban los litros de aceite en la basura, pongan un mantelito en la mesa junto al salero, las servilletas y los “trinches” (tenedor y cuchillo) una jarra con limonada y cuando llegue no le diga que le falta dinero, dele un beso, usted limpiecita y sonriente y llévelo a su mesa puestecita con mucho amor, dígale que con esa camisa se ve más guapo y dígale que le va a comprar otra igual, pero de color distinto, usted pintadita levemente, bien peinada zapato limpio, deja las chanclas para cuando esté sola, dígale que los niños van bien en la escuela, pero que le gustaría a usted, que les explique los quebrados, pues él es muy inteligente, y lo verá como ya no avienta platos a la pared y a los retratos, pues él sale muy guapo en todos, le aseguro que le manda arreglar su retrato y hasta traerá algún antojito, pero eso sí, sin llorar, al revés bien sonriente y arreglada, y pos luego nos juntamos para tomar un café y me platica. Mire ya va a salir del trabajo, vaya a cambiarse y luego me platica cómo le fue; Isabel se fue a arreglar, se puso encima un delantal amarillo y peinada y pintada se fue a la cocina para hacer unos huevos con salsa, molió frijoles y los refrió, puso mantel limpio, lugares con servicio para cuatro, ellos y sus dos hijos, cortó dos tulipán de su patio los puso en un vaso con agua y esperó el regreso del enojado esposo; en ese instante oyó la llave que abría la puerta de la calle y salió a recibirlo contenta, peinada y ligeramente pintada y sonriente dijo, ¡Ay Juan, que bueno que ya llegaste te estamos esperando los niños y yo!. ¿Qué fue lo que vio Juan?, una mujer arreglada peinada y un olor sabroso en la cocina, mantel, platos, tenedores, cucharas, una jarra con humeante café y otra jarrita de leche, y en el centro una charola con huevos con salsa, y otra fuente de frijoles refritos, azucarera y leche y en el centro un canastillo con vistosa servilleta llena de humeantes tortillas de harina, mmm! Ah que huele tan rico dijo Juan, hice huevos en salsa y frijolitos refritos y unas galletas, quiero que estés contento con mi comida, y que luego tranquilo y sin pleitos duermas un poco, así te sientes mejor, les damos buen ejemplo a los niños, y nos costará menos educarlos, quiero hablar bonito como mi vecina, ya vez en un tris me convenció, supe como presentar la comida aunque fuera sencilla, y tú no te hubieras enojado estando todos contentos, puedo hacer más sin que me duela la cabeza, tú te vas contento al trabajo y ordenamos este desorden de gritos y por supuesto los niños nos imitan, Juan convencido de lo que decía su mujer, ahora la comprendió y hasta le dijo perdóname chula, yo sé que no debo de traer los problemas a la casa, pero esta mañana estuvo de perros, dándole un abrazo le dijo:  Mira, hoy en la tarde no hay trabajo, van a componer las máquinas, vamos al cine, es una de vaqueros y a los niños les gustará, los ojos de Elisa brillaron y le dijo, sí, sí, pero luego de comer y una siestecita para que repongas el sueño, Juan asintió sonriente y los pleitos cesaron desde ese entonces y la casa tomó un mejor camino, con el amor de todos.