Un camino de luz

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Las barreras que deben sortear las personas invidentes y débiles visuales todavía son muchas, pero no son sólo físicas sino principalmente sociales pues aún hay quienes no se han acostumbrado a respetar sus espacios, así lo considera José María Rivera Luna, maestro de orientación y movilidad de la escuela Camino de Luz.

“En la Ciudad aún quedan muchos obstáculos, mucha falta de cultura, por eso organizamos salidas para que las personas los noten y que les permitan desplazarse, pero también muchas barreras arquitectónicas como falta de rampas o algunas mal hechas, mientras que en los centros comerciales no hay canaletes para que se desplacen”, expuso.

El maestro Rivera Luna hace entonces alusión a otra infraestructura que aún no ha llegado a la Ciudad, como son los semáforos con sonido, “existen en otras partes del país, los cuales emiten sonidos especiales tanto para cruzar como para evitar hacerlo.

“También son pocos los edificios públicos que tienen canaletes para que se desplacen de un lugar a otro, sin embargo aunque nos hace falta todo eso además de una mayor cultura en la Ciudad, consideramos que poco a poco vamos avanzando”, apuntó.

 

COMPUTACIÓN Y JARCIERIA

 

Computadoras adecuadas especialmente para los alumnos de la escuela Camino de Luz, parlantes y con teclados en lenguaje Braille, así como proyectores que permiten incrementar el tamaño de las letras y el color de fondo, están también a su disposición, incluso algunos de ellos que cursan sus estudios en otras instituciones las utilizan para hacer sus tareas.

“Lo que les enseñamos son los programas básicos como Word, las computadoras les dan las instrucciones a través de los parlantes, que les indica qué están escribiendo y dónde están ubicados en la pantalla, hay alumnos que van a primaria u otros niveles educativos, los cuales hacen sus tareas aquí. Y los débiles visuales pueden leer al aumentar el tamaño de los textos, el color de las letras y el fondo”, explica el maestro Jorge Ávalos.

Más adelante está Sergio Vázquez Acuña, encargado del taller de elaboración de escobas y trapeadores, quien evoca sus inicios y recuerda haber tenido debilidad visual sin embargo poco después perdió totalmente la vista, menciona que semanalmente llegan a elaborar hasta una docena de cada producto.

“Desde hace cinco años comencé a elaborar escobas y trapeadores, todavía tenía un poco de vista hasta que la perdí por padecer presión en el nervio óptico, por eso aprendí bien el manejo de las herramientas, que desde luego debe ser muy cuidadoso y eso me permitió poder enseñar a los alumnos de esta escuela desde hace cuatro años”, comenta.

Con todo y los riesgos que representa usar las herramientas para elaborar los productos, el maestro Sergio destaca la rapidez con que sus alumnos aprenden el proceso y a realizarlo con mucho cuidado. Uno de ellos el señor Vicente Leal Ortiz, quien es ingeniero civil de profesión y perdió la vista hace diez años a causa de retinopatía diabética, “para mí es muy fortificante aprender este oficio porque me volví a sentir activo, dejar la vida sedentaria. Lamentablemente no pensé en el futuro y no tengo una pensión, son los errores de la vida, ahora sin la vista ya no hay oportunidades”, lamenta.

 

LA ALEGRÍA DE LA ESCUELA

Mención especial tiene el grupo musical con que cuenta la escuela y que tiene cuatro integrantes además del maestro Juan Antonio Gutiérrez Mejía, que ha ido puliendo el talento de sus alumnos con los que ha participado en eventos internos y externos en los que han obtenido merecido reconocimiento.

“Trabajamos por separado con la batería, el teclado, guitarra y percusiones, se les enseña a tocar todos los instrumentos, tienen mucha coordinación. Tenemos un grupo musical formado desde hace alrededor de cinco años, nos invitan a escuelas y eventos oficiales, también hemos tocado en el Festival Internacional Tamaulipas”, menciona.

El maestro Gutiérrez Mejía comenta que también varios de los jóvenes han aprovechado los conocimientos para obtener un empleo, “es algo muy bueno porque les permite llevar sustento al hogar”.

En el conjunto la vocalista es Esmeralda Salas Pérez, quien no solo ha representado a Tamaulipas a nivel nacional concluyendo entre los ocho finalistas, “me gusta cantar de todo pero más la música romántica, mi familia me apoya mucho en todas las actividades que realizo, me siento orgullosa del trabajo que realizamos en el grupo y espero que a la gente le guste también”.

Otro de los alumnos destacados es Pablo Emanuel Castillo Frausto, quien toca la batería, “llevo alrededor de siete años en la escuela, mi abuelito era músico y me enseñó a tocar la guitarra, también toco teclado, acordeón y guitarra, esto va a ser siempre mi herramienta de trabajo”.

 

PERLA Y PACO

Perla Sarahí Cuéllar de la Cruz a sus 32 años recuerda con nostalgia su carrera trunca de medicina que debió abandonar cuando cursaba el séptimo semestre, cuando le fue detectado un tumor en el cerebro el cual le fue extirpado hace diez años y que le afectó el nervio óptico.

 

“También trabajé siete años en una funeraria embalsamando cuerpos, desde los 15 años. Cuando llegué a Camino de Luz no podía caminar bien porque también tuve un infarto cerebral que afectó la movilidad, el habla y otros sentidos, así como la memoria, pero gracias también al Centro de Rehabilitación y Educación Especial fue como me recuperé”, comenta.

Sin embargo Perla decidió también seguir adelante con sus estudios, “ya concluí la carrera de Licenciada en Derecho, soy pasante no me he titulado, pero aquí he aprendido muchas manualidades, Braille, computación y música, todo esto me encanta”. Por su parte Francisco Sifuentes Mata, quien es ingeniero agrónomo, menciona que su problema de salud le llevó primero a no poder caminar y después a perder la vista a los 35 años, sin embargo esto último se dio cuando recuperó la capacidad de caminar y le hizo caer en depresión.

“Hasta que llegué a Camino de Luz donde mi vida cambió, lo que aprendemos aquí es como una medicina que nos ayuda física, emocional y mentalmente. He aprendido a manejarme por mi mismo, perdí la vista pero también aprendí que la vida continúa. Lo que le pido a la sociedad es mucha sensibilidad para con quienes tenemos capacidades diferentes, porque en ocasiones somos ignorados, nos siguen viendo como algo raro”, señaló.

 

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