El mensaje: ¿interesa o no?

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Melitón Guevara Castillo.-

Una revisión de los post o mensajes en Facebook como en Twitter indican un fenómeno: la polarización en torno, por decir, a lo que hace y deja de hacer el Gobierno federal encabezado por AMLO. Encontramos férreos defensores del actual Presidente y otros que, de manera obstinada, persistente, hacen gala de encontrar y magnificar potenciales fallos en el ejercicio del poder. Y claro, AMLO, con sus posturas, también extremas, potencia unas y otras.

Así me he encontrado con amigos, académicos en su mayoría, que han tomado decisiones drásticas. Por ejemplo, uno de ellos, la semana pasada hizo notar que había cancelado su suscripción a reforma.com y otros, amigos y seguidores de el, hacen notar que ya hicieron lo mismo: la medida, se entiende, es el resultado del enfrentamiento entre el Presidente y el periódico Reforma. Aquí es, entonces, cuando se tiene que ver la concepción que se tiene de tolerancia como de intolerancia.

 

PODER Y COMUNICACIÓN

Así se llama un libro de Manuel Castels: cuyos títulos académicos no ponen en duda sus aseveraciones en torno a un tema que, hoy por hoy, está en todas las mesas de discusión: el poder y la comunicación. Es un libro, digamos básico o fundamental, para entender lo que está sucediendo en la actualidad, no solo en México. En este caso, solo quiero recuperar una aseveración que hace en el prólogo y que tiene que ver con el mensaje, el destinatario y el emisor o la fuente.

Narra su experiencia de opositor a la dictadura franquista y de cómo en sus años de universitario ideo dejar panfletos antifranquistas en los cines. En su reflexión apunta: “…entonces no sabía que el mensaje sólo es eficaz si el receptor está dispuesto a recibirlo (la mayoría no lo estaba) y si se puede identificar al mensajero y si este es de fiar”. Líneas después asevera: “Lo que entonces intuía, y ahora creo, es que el poder se basa en el control de la comunicación y la información…”.

 

¿POR QUÉ GANÓ FOX?

En el 2000 el PAN, con Fox a la cabeza, logró lo que parecía imposible: sacar al PRI de Los Pinos. Y muchos se habrán de preguntar: ¿Por qué gano? Sí, porque ganó, no era –digamos–, el candidato mejor preparado, había sido ejecutivo de la Coca Cola, pero además ni siquiera era panista. Y buena parte de los expertos y analistas llegan a una conclusión: les dijo, a la gente, lo que quería escuchar… un mensaje distinto, fuera de lo común, en contra de la corrupción y de quienes enquistados en el poder medraban y medraban.

Dijeron: la democracia llegó para quedarse. No logró avances significativos; intentó gobernar al estilo PRI, con amigos y compadres. Luego le siguió Felipe Calderón: y no logran cuajar nada significativo, de tal manera que se notara un cambio. Por eso, la gente volvió a creer en el PRI, y con EPN regresó a Los Pinos. El mensaje de cambio, de innovación, de cambio, de Fox y Calderón no se convirtieron en realidad.

 

MENSAJE Y HECHOS

¿Son intolerantes los que, digamos, cancelaron la suscripción a reforma.com? ¿Son intolerantes los que, día a día, machacan, reiteran, pifias o potenciales errores gubernamentales? Para tal efecto, retomo las palabras de Castels: “La forma en que sentimos y pensamos determina nuestra manera de actuar, tanto individual como colectivamente”. Así de simple y sencillo: quienes cancelan una suscripción, o se niegan a leer a determinado articulista o periodista, solo actúa en consecuencia a su forma de pensar: no está dispuesta a pensar ni a leer cosas diferentes a las que está convencido.

La cuestión es muy simple: los mensajes tienen que coincidir con los hechos. Un mensaje repetido una y mil veces, si no está sustentado en los hechos, cae por su propio peso. Y el académico, el intelectual, tiene que asimilar todo, puesto que su tarea es, a la larga, hacer digerible esa información a la población, a la ciudadana que, en las elecciones, vota por uno y otro candidato.

 

SELECCIONAR EL MENSAJE

Efectivamente, como receptores, tenemos la capacidad de seleccionar el mensaje; y, además, como bien lo dice Castels, asumirlo en función a la credibilidad de la fuente. Y no podemos perder de vista que, en muchos de los casos, tarde o temprano la fuente, o el emisor, pierde la credibilidad precisamente por faltar a la verdad o no sustentarla en datos que confirmen la aseveración. En la práctica, aunque haya selectividad, es preciso leer más y más información para completar el cuadro, entender una realidad.

 

 

 

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