Ciudad Victoria: 194 años de capitalidad

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Quien también fue víctima del “embrujo” de Chucha fue el Cronista de Victoria, Francisco Ramos Aguirre; nos reveló que también le tocaron besos y abrazos de este personaje entrañable de la Capital.
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Francisco Ramos Aguirre.-

Podemos afirmar que la Guerra de Independencia en la Provincia del Nuevo Santander, derivó en importantes beneficios políticos sobre la Villa de Santa María de Aguayo. El 12 de abril de 1811 tras el arribo del brigadier español Joaquín de Arredondo, se acordó que las operaciones militares se concentraran en esa población. En consecuencia la capital San Carlos, pasó a segundo término iniciándose un proceso administrativo que culminó con la pérdida de su dominio sobre las villas santanderinas.

A pesar de ser un territorio aislado por la Sierra Madre Oriental y desatendido de las autoridades coloniales, entre los argumentos que Arredondo vislumbró para tomar esa decisión, sobresale la privilegiada ubicación geográfica de Aguayo. En términos precisos, se trataba de un cruce de caminos y ruta estratégica más segura para acciones militares, tráfico de armas, municiones y acopio de víveres, indispensables en ese tiempo. Es decir, hablamos de un nudo comunicante entre las poblaciones de mayor importancia del noreste: Tampico, Soto la Marina, Monterrey, Saltillo y Texas.

A mediados de 1821 con motivo de la firma del Plan de Iguala donde se declara la independencia de México, la capital de Santander se convirtió en un asunto discutible entre la clase política. En dicho escenario, intervinieron comerciantes y hacendados quienes apoyaron a Juan de Echeandía para que los poderes regresaran a San Carlos. Mientras tanto el grupo contrario acaudillado por el clérigo y diputado tulteco José Eustaquio Fernández, estaba convencido que definitivamente la capital debería permanecer en Aguayo.

Bajo este escenario a principios de 1822, gracias a una hábil maniobra de la diputación provincial, la  sede de los poderes fue reubicada en San Carlos, donde años atrás Echeandía había fijado su residencia como gobernador. Sin embargo el encanto de los sancarlenses fue efímero porque en abril de 1823, Aguayo se convirtió de nuevo en capital de Santander.

En ese tenor andaban las cosas cuando varios políticos y comerciantes tampiqueños aparecieron en escena, con intenciones de agenciarse la capitalidad. Por tal motivo y ante los permanentes deseos de instalarla en San Carlos o el puerto de Tampico, los legisladores se apresuraron a designar a la Villa de Padilla residencia oficial de los poderes del Estado de las Tamaulipas. Esto sucedió entre julio de 1824 y principios de 1825.

Esta operación producto de los grupos en pugna, derivó en una tregua del pleito entre Eustaquio Fernández y Bernardo Gutiérrez de Lara. Vale decir que una de las primeras acciones de aquél célebre Congreso Constituyente que sesionó en Padilla, fue la aprobación del fusilamiento del ex emperador Agustín de Iturbide.

En estas circunstancias, la disputa por la capitalidad se generó en el contexto de la conformación del Congreso Mexicano que recientemente había aprobado el cambio de nomenclatura de Nuevo Santander por Estado de las Tamaulipas. Por tal motivo y de manera expedita el congreso local instalado en Aguayo, decretó el nombre de la flamante capital de la nueva entidad federativa.

Para solventar ese requisito, el 20 de abril de 1825 el vice gobernador emitió en Ciudad Victoria el acta fundacional en honor al General Guadalupe Victoria, quien acababa de asumir el cargo de primer presidente constitucional de la República Mexicana: «Artículo 1o. La Villa de Aguayo es la Capital del Estado de las Tamaulipas. Artículo 2o. Se concede a Aguayo el título de Ciudad, y se llamará Ciudad Victoria. Lo tendrá entendido el Gobernador del Estado y se dispondrá su cumplimiento, haciendo imprimir, publicar y circular. En Ciudad Victoria a 20 de abril de 1825. Enrique Camilo Suárez -Vice Gobernador- y José Antonio Fernández Secretario-«.

Es necesario señalar que en ese momento se desempeñaba de alcalde José Honorato de la Garza, quien apoyó siempre las propuestas del doctor José Eustaquio Fernández, para que Victoria se convirtiera en capital de Tamaulipas. Una población que gracias a sus majestuosas montañas, ha inspirado a poetas y escritores nacionales y extranjeros. Por ejemplo el bardo cubano Ildefonso Estrada y Zenea, le dedicó unos versos sencillos no muy del gusto del poeta Juan B. Tijerina, pero que consignamos con motivo del 194 aniversario de su creación:

 

La Sierra Madre Oriental

que es la que forma aquel plano

con las sierras de San Luis

atraviesan el Estado.

 

Ciudad Victoria se nombra

la capital del Estado

y con esto, la reseña

de Tamaulipas os damos.

 

 

 

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