‘A quien falle, lo renunciará’

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Pérez Ávila.-

Se adelanta el senador Ricardo Monreal a definir la tesitura del régimen y del hombre; en la definición de la llamada Cuarta Transformación. Según el hombre fuerte de Morena, después de López Obrador, y quizá también de doña Yeidckol, la protéica polaca, el Jefe de las Instituciones no tolera la corrupción, ni la incompetencia, por ello, renunciará a quien incurra en ello.

A mi me llama la atención el anuncio de Monreal. ¿Por qué? Porque siendo gobernador de la Ciudad de México, don Andrés Manuel López Obrador, supo de las sinvergüenzadas de, cuando menos tres de sus más cercanos colaboradores, Carlos Imaz, Gustavo Ponce, y el señorón de las grandes ligas, René Bejarano, y no tuvo empacho en solaparlos.

Para ventilar el asunto, en un ámbito tan tóxico como el provocado por esas tres figuras, me basta con recordar una frase que vivirá a través del tiempo, no por ser un modelo de preservación de la buena moral, y sí por todo lo contrario. Ante lo molesto de la situación, el entonces gobernador del desaparecido DF., se irguió con indignación, tildando a la prensa impresa y electrónica de conspiración, para lastimar la dignidad de los tres:

 

¡ES UN COMPLO!

Pienso que se ha registrado un cambio. No es lo mismo la megápolis azteca que, toda la República Mexicana. López Obrador, apapachó tres chilangos indecentes, chantajistas y extorsionadores. Fue otro tiempo.

Pienso en un cambio radical, para beneficio del país. Como se repite a cada momento en la farándula política «Ya no…No se volverá a permitir…Eso se acabó…No habrá más corrupción…Me canso ganso».

Si basta, de acuerdo con la aseveración del fundador de Morena, con ingresar a dicho instituto político para limpiarse de toda podredumbre, entonces es factible, también, se opere un cambio en su creador, de ahí la aceptación en el ofrecimiento presidencial: No más corrupción.

Ricardo Monreal, es un político sencillo, accesible, que como todos sus congéneres, ha ido de un partido a otro, sin sobresalto, ni la más mínima incomodidad de aquellos a quienes deja, como de quienes lo aceptan. Así, el zacatecano por el PRI, el PRD y, ahora está en Morena, donde pudiera estar de paso, si sus proyectos le son frenados o, de alguna manera, se los bloquean.

Ricardo quiere ser epígono de Andrés Manuel. Aspira a llegar a Palacio Nacional, en calidad de inquilino sexenal. Debido a que no es el único con esa inquietud, y como pocos él lo sabe muy bien, se maneja con cautela en relación con el big boss.

Será el tiempo que todo lo cura, y también todo lo enferma, porque así como tapa, destapa. Será el indefinible tiempo, quien tenga la última palabra, si sabemos la manera como se maneja la situación pública en el país: El Jefe de las Instituciones, tomando en consideración los intereses del país, se arroga la gravísima responsabilidad de nombrar a su delfín.

Si don Andrés Manuel decide, en razón de su idea sobre moralidad política, por fuerza fijará su atención en un perfil similar al suyo, así, el seleccionado deberá ser impoluto, del alfa a la omega.

Yo no veo a alguien parecido, ni siquiera en forma lejana, al Jefe de las Instituciones. Lo digo hasta con pesar: No se si, usted, ha dado con alguien, con las características que catapultaron al Supremo Poder, al iluminado tabasqueño. Yo no veo uno solo.

GIRÁNDULA PROSÓDICA: Siempre se ha negado, pero el delfinato es, algo así como la partenegénesis.

 

 

 

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