La salud no se contagia

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Pérez Ávila.-

En relación con el talante del señor presidente, Andrés Manuel López Obrador, le he dicho al inteligente lector, en calidad de respuesta a una afirmación: Yo le creo, cuando nos dice que él, no es corrupto. Ahora, quisiera agregar a manera de petición colectiva: No es suficiente con eso. No basta, señor presidente, con que usted sea incorrupto.

Pensando en la integridad, de la cual estamos bien enterados todos, llegué a una conclusión que, en lo personal, se me antoja arriesgada, porque implica una aseveración churrigueresa. Le aseguro, sin el menor asomo de jactancia que, mi deducción, no tiene antecedente.

Antes de hacérsela saber, le pido un breve discurrimiento sobre su conocimiento o, y experiencia sobre vicio, enfermedad, actitud. Póngase de acuerdo conmigo en lo siguiente: Es un peligro el enfermo tísico, el leproso, el cirrósico. Aún siendo del todo moral, también la cobardía, el acoso, la depravación y la corruptela están revestidas de peligro, por ser sumamente infecciosas.

En pocas palabras, todo lo lesivo y dañoso tiene la propiedad de propagarse y, en ciertos específicos, sobre todo en la política, provocan propensión a la epigonía, a ser imitados.

No pasa igual con lo bueno.

No sucede lo mismo con la buena moral ni con la lozanía.

En síntesis, respetable lector, la salud no se contagia, la enfermedad sí.

De esta forma insólita, deduje, que si para bien del país, el Jefe de las Instituciones, don Andrés Manuel López Obrador no es corrupto, para mal, muchos, muchísimos de sus colaboradores si lo han sido, lo son, y lo seguirán siendo, porque la corrupción, como la preñez, crece y se abulta.

Lo incorrupto no es definitivo. Puede cambiar. Por eso creo también que don Andrés Manuel es incorruptible. Desgraciadamente, esa cualidad formidable, única en el ámbito político, no puede transmitirse con el ejemplo, porque es como la salud, no se contagia.

Por todo cuanto he expuesto en mi contribución de hoy, me obliga la deducción insesgable a refrendarme, así sea buscando no ser repetitivo: Es un exceso de ingenuidad pensar que sea susceptible de ser emulado un buen ejemplo, de ahí que sea inevitable hacerle ver al señor presidente: Sí. Le creo. Usted no es corrupto. Pero no basta con eso, señor Presidente. México está muy lastimado por tanta violencia y está sumamente indignado por tantísima impunidad. Duele decirlo: La impunidad seguirá y, la violencia va a empeorar, si no se toman medidas inteligentes, de verdad atinadas, con hombres y mujeres de excelente preparación, pertrechados con una sólida solvencia moral y, sobre todo, con un equipo ofensivo y defensivo del más alto nivel.

Si el señor presidente mudara de opinión y decidiera asistir a la reunión del Grupo de los 20 en Osaka, Japón, quizá ahí podría obtener sabios consejos de personalidades avezadas en violencia. Pero también podría resultarle contraproducente, si tomamos en cuenta que lo bueno no se contagia y, lo malo en cambio sí.

Si López Obrador participa en el encuentro de los 20 jefes de estado más importantes del planeta, dialogaría con la canciller Angela Merkel, una lángara. Cambiaría impresiones con el astuto Vladimir Putin, y le vería el rostro anaranjado al monárquico Donald Trump.

GIRÁNDULA CATÁRTICA: Un enfermo puede transmitirle su mal a uno saludable, pero éste, no puede contagiarle su salud. Es Elemental.

 

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