Descubrimiento

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Alicia Caballero Galindo.-

¡Hasta aquí llegué! ¡Basta! Ni una lágrima más.

-“¡Que sin ti, muero!, “¡veo a través de tus ojos!”, “¡No puedo vivir sin tus besos!”… ¡Falacias creadas por la mente! Solo eso.

Muy falsas me parecieron tan trilladas frases que escuché embelesada, por tanto tiempo. Tal vez en algún momento salieron de tu corazón, pero se fueron gastando al paso del tiempo. No supe en qué rincón de la vereda se fue desvaneciendo ese amor, se quedó en pedazos, colgado en las ramas del tiempo.

¡Hasta aquí llegué! No lloraré porque no vale la pena. Hoy te vi a través de mis últimas lágrimas y contemplé aquellos destellos que me enamoraron y hoy los años apagaron por el hastío. Eran tus ojos,  mirando… otros ojos con esas chispas de luz inconfundibles.

Pensé gritarte “cobarde y mentiroso” pero me di cuenta que tampoco en mis ojos, apagados por la rutina, brillaban más esos destellos de luz…

 

SOLO…

Solo llegué a la vida y la sensación de nacer debió ser como la de morir. Morir es sin lugar a dudas, un nuevo comienzo para crecer, lo intuyo más que saberlo. El libre albedrío debe prevalecer para seguir el camino, pero habrá que esperar el momento preciso para comprobarlo, por lo pronto, hay que vivir…. Cada cambio duele, hay que enfrentarlo con valor para caminar con dignidad. La inteligencia y los sentimientos son armas naturales para evolucionar y entender esa soledad que nos asiste. Es determinante aprender a usarlas entre más rápido, mejor. Nadie vivirá o morirá por mí; eso me queda claro, por desgracia, tarde nos damos cuenta de esta realidad. La vida es un río de luz y sombras, es necesario que aprenda a ver en la oscuridad y no permitir que me deslumbre la luz brillante. Nadie dijo que fuera sencillo vivirla y debo beberme sorbito a sorbito cada  día, con delicia y sin dejar de admirar que la vida es un milagro, ¡yo soy un milagro vital! Debo disfrutar la aventura, aceptar sus retos y aprender de ella. Todo es cuestión de actitud, entre más pronto aprenda será mejor. La universidad de la vida está abierta todos los días ¡y no hay vacaciones!, aprender dependerá de mí. ¡Qué compromiso!

 

CONFLICTO

Salí de la casa con el viejo revólver de mi abuelo en el cinto, escondido bajo mi ropa; estaba decidido a terminar con mi vida, porque me sentía arrollado por mi cotidianidad que era monótona, soy una isla desierta en medio de un mar tormentoso y adverso. Todo era problema a mi alrededor, las horas me pesaban y los días, transcurrían entre conflictos que superaban mi posibilidad de resolverlos. Salí de mi casa con la decisión de no volver y terminar con el hastío que me envolvía. Busqué un lugar tranquilo, sin gente, a esas horas de la mañana, el parque que está a unas cuadras de la casa estaba solo, ya no había corredores mañaneros. Era horario de oficina y día hábil, sonreí con amargura pensando que no haría falta a nadie. Busqué una banca alejada de todo, me senté, saqué la pistola; estaba pesada y fría, como la decisión que había tomado, me encontraba a un paso de poner fin a mi vida…

Escuché unas leves pisadas en el pasto y en seguida, sentí las patas delanteras de Lizy, una perra labrador dorada que era como mi sombra   que se salió de la casa para seguirme; me sorprendió su presencia, ella nunca se sale, seguramente, dejaron la puerta abierta. Como si supiera, Lizy colocó sus patas sobre el arma que ya tenía entre mis manos a punto de disparar y empezó a lamer mi rostro. Sonreí, guardé la pistola de nuevo en el cinto y empecé a valorar lo que tenía. Un cenzontle cantaba en un árbol cercano mientras la vida fluía a mi alrededor. Me di cuenta que debía seguir porque era parte de la vida misma. A veces necesitamos solo un toque de amor para entender que la vida, vale la pena vivirla.

 

DESPRENDIMIENTO

La vi caer con una fuente de sangre que brotaba de su pecho, arrojé al suelo el puñal que había hundido en su carne partiendo en dos su corazón. Me miraba desde el suelo con los ojos entornados y una pregunta sin palabras que no tenía respuesta. Arrojé el cuchillo con la humedad viscosa de su sangre que tiñó mis manos. Me arrodillé junto a ella, presioné su pecho para intentar detener ese río escarlata en el que escapaba su vida gota a gota. Pasaron por mi mente como relámpagos momentos que cegaron mi entendimiento, cartas a otro, mensajes de amor a otro número, sequedad en mis días soledad en mis noches y un vacío que lacera el alma y ciega el intelecto.

Ya nada podía hacer, arrepentirme era inútil, sentía el calor de su sangre abandonando su cuerpo por esa herida infringida por mi rabia y necedad.

Por fin, la agonía terminó, dibujando una pálida sonrisa, cerró los ojos para siempre. Yo grité con fuerza

-¡No te vayas! ¡no me dejes!…

Desperté horrorizado, estaba soñando. Gire mi cuerpo para encontrarme con el suyo en mi lecho. Dormía plácidamente; la abracé para sentir el calor de su cuerpo y me estremecí; alcance a ver por la puerta entreabierta de nuestra habitación, su maleta, su cartera y su abrigo en el umbral y un sobre en la mesa con mi nombre a lado de mi llavero.

 

 

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