Un gran equipo

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El Contador Tárrega.-

Pues aparte de todas las cosas que se celebran en mayo, en casa tenemos una celebración más: el cumpleaños de mi esposa hoy día 26. Hace días escuché a un buen amigo decir que una mujer que dice su edad se vuelve poco confiable, porque es capaz de decirlo todo, así que prefiero no preguntarle a mi esposa cuántos cumple. No se crean, sí sé cuántos cumple, pero no les digo. Lo cierto es que de esos años, más de la mitad ha estado ella conmigo, y eso ha sido una bendición para mí. Cuando dije de ella, Rosalba, que ciertamente era bella como una rosa en el alba, no me refería solamente a su belleza física. Su belleza interior supera con creces a la exterior, y vaya que esta es grande.

En todos estos años, el barco de nuestra vida conyugal a veces ha navegado por aguas tranquilas, a veces por aguas turbulentas, a veces muy turbulentas, pero hoy puedo decir con satisfacción que no ha habido tormenta capaz de hacernos naufragar ni de hacernos romper la promesa que nos hicimos una noche en Ciudad Victoria, de que nada nos habría de separar.

En 34 años de matrimonio hemos tenido de todo y lo hemos enfrentado como un equipo. Un equipo de dos.

A veces tuvimos escasez y eso no nos separó. Mi compañera de fórmula se ajustó el cinturón y le entró a apoyarme en todo lo que pudo, poniendo sus muchos talentos al servicio del equipo.

A veces tuvimos abundancia, y eso no nos separó. Recibimos lo que la vida nos dio con una actitud de agradecimiento y lo disfrutamos juntos.

En varias ocasiones hemos tenido que cambiar de ciudad, dejando amigos y comodidades y eso no nos separó. La actitud de ella fue semejante a la de Ruth en la Biblia, cuando dijo: “No me pidas que te deje ni que me aparte de ti, pues donde quiera que tú vayas iré yo y donde quiera que vivas, viviré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios.”

Cuando hubo problemas con los hijos, eso no nos separó. Juntos, nos arrodillamos y nos tomamos de la mano para orar por ellos.

Luego vino su enfermedad, una enfermedad delicada, y eso no nos separó. Fue entonces mi turno para cuidar de ella y a veces dormir en el suelo al pie de su cama en algún hospital.

Por eso y más, hace tiempo le expresé lo siguiente en una carta que le envié:

“Rossy: a toda la lista de cosas que siento por ti, hoy confirmo que una de ellas es: TE ADMIRO.

TE ADMIRO por lo increíblemente paciente que has sido conmigo durante todos estos años, sin darte por vencida en tratar de cambiar a este cabezón.

TE ADMIRO porque cada día has vivido amándome sin poner condición alguna.

TE ADMIRO por el maravilloso ser humano que eres y que das a los demás.

TE ADMIRO por seguir a mi lado física y emocionalmente, cuando tal vez otras ya no estarían aquí.

TE ADMIRO porque tu amor te hizo dejar de lado opciones que tal vez parecían más prometedoras.

TE ADMIRO porque me has ayudado a ser mejor, a pesar de mí mismo.

TE ADMIRO por luchar como leona cuando de defender y ayudar a los tuyos se trata.

TE ADMIRO porque has luchado para que en más de 20 años la llama del amor se mantenga viva.

Y sobre todo TE ADMIRO porque nada de esto estabas obligada a hacer. Todo lo has hecho VOLUNTARIAMENTE. Gracias por haberte dado a mí.”

Rossy, todo esto sigue vigente y hoy solo agrego: Gracias por ser una maravillosa compañera de viaje, viaje que espero sigamos disfrutando por muchos años más, manteniéndonos como lo que hasta ahora hemos sido: Un Gran Equipo. Feliz aniversario.

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