La panacea vs. prensa tóxica

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Pérez Ávila.-

En su artículo hebdomadario, el sesudo León Krauze aborda el crucial tema “Otra vez el poder contra la prensa”, citando al intelectual alemán Yascha Mounk, el cual sostiene que “uno de los ingredientes centrales en la instauración de un régimen populista y autoritario, es la erosión de la legitimidad del periodismo”.

Para el intelectual mexicano radicado en Washington, lo sostenido por su colega alemán es toda una novedad. Ninguna primicia representa, para quien haya leído a Maurice Joly, lo afirmado por ambos.

Maurice, en su casi alucinante tratado Diálogo en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, pone en labios del primero su plan para enfrentar a los redactores de artículos de opinión, de editoriales, así como a los analistas y comentaristas políticos: Así responde a una inquietud del creador del Espíritu de las Leyes:

“Me atrevo a decir que ningún gobierno ha concebido, hasta el día de hoy, una idea más audaz que la que voy a exponeros. En los países parlamentarios, los gobiernos sucumben casi siempre por la obra de la prensa; pues bien, vislumbro la posibilidad de neutralizar a la prensa por medio de la prensa misma. Puesto que el periodismo es una fuerza tan poderosa, ¿sabéis que hará mi gobierno? Será periodista; será la encarnación del periodismo”.

Ni el germano Mounk, así como tampoco los jefes dictatoriales de piel muy sensible, son los innovadores en sus propósitos de nulificar la influencia del llamado Cuarto Poder, ahora en sus tres dimensiones, impresión, locución e imagen. El prístino, el original es Mauricio Joly, el cual pone sus ideas en labios de Maquiavelo, en esa espectral confrontación con Montesquieu en el Infierno.

Mounk afirma “la mayoría de los populistas construyen una red de voces leales en los medios, que les aplauden cada decisión”. Usted los lee en Ciudad Victoria, yo en Nuevo Laredo, pero ocurre a todo lo largo y lo ancho del país, como se decía en el comienzo de la televisión, de frontera a frontera y de costa a costa.

López Obrador, no es cosa mía, porque usted se lo oye en las mañanas, tiene como rutina, descalificar a quienes lo cuestionan. En el medio policiaco se maneja una idea “del tamaño del miedo, es el tamaño de la pistola”. Sin ánimo de intoxicar el ambiente, se puede afirmar que, del tamaño de la crítica en su contra, es el tamaño de la respuesta de López Obrador.

Frente a la agresión del poder político cupular, a mi me genera no únicamente inquietud, sino también sospecha: El gremio periodístico se ve y se muestra pasivo. No hay una voz que lance una advertencia en la capital estadual, ni en el resto de las cinco ciudades más importantes de nuestro estado.

La actitud de un jefe de estado, siempre tiene repercusiones…

No es lo mismo un Porfirio Muñoz Ledo, por importante y eminente que sea, merced a su cargo o a su inteligencia, maldiciendo y revolcándose contra un medio o alguien en particular, que López Obrador haciendo lo mismo.

Cuando Trump denigra y acusa a la prensa de ser enemiga del pueblo, sin proponérselo por supuesto, pone en grave peligro a los periodistas.

De ahí la importancia de evocar ese diálogo espeluznante, registrado en el infierno, según la alucinante imaginación de Maurice Joly.

GIRÁNDULA FOLLETINESCA: Si lees, sabrás ipso facto, cuánto ignoras.

 

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