En el mundo de los gorilas

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Pérez Ávila.-

Reza uno de los dichos mexicanos más populares que “en este mundo, no hay justicia para el hombre bueno”. Y se confirma con los resultados electorales en la histórica angelópolis, donde una voluntad mayoritaria, origina un trastorno, cuyo diagnóstico, yo le aseguro, habrá de reflejarse en el inmediato cambio de autoridades. Hay una muerta excelsa. Un difunto con sólido porvenir. Y un gobernador electo, dueño de una reputación que se encargó de embadurnar de estiércol, uno de sus propios compañeros de ese partido manipulado como la esperanza de México.

Si hubiera justicia en este mundo, Alejandro Rojas Díaz Durand no hubiese sido humillado por la presidenta de Morena, Yeidckol, de la manera como lo hizo.

Y si hubiera justicia, el humilde hombre de izquierda, Miguel Barbosa, adquiriente de una modestísima mansión, valuada en miserables 120 millones de pesos, en lugar de estarse preparando para asumir el cargo de gobernador, estaría preparando su defensa, ante la grave, la terrible denuncia y la tremenda acusación formulada por don Alejandro.

Don Miguel no tiene la culpa, en todo caso, su exaltación al poder es culpa de los poblanos, cuya propensión a favorecer a quienes se manejan como salvadores, es proverbial y, hasta histórica. Si pudiéramos escuchar al insigne vencedor de las fuerzas napoleónicas, el general Ignacio Zaragoza, aclararía que defendió la ciudad, sin el apoyo de sus pobladores.

Fue la proteica polaca, Yeidckol, dirigente de Morena, quien se encargó de solventar una decisión tomada en lo más alto del poder cupular político mexicano. La insistencia en el ex-perredista y novel morenista, se dio con un propósito inocultable, la de probarle a Ricardo Monreal Ávila que, sobre sus obvios propósitos de convertirse en sucesor de AMLO, prevalece la voluntad autocrática de éste. Si desea mantener su nivel, deberá someterse al designio superior, de lo contrario, se le podrá marginar, con la misma facilidad con la cual se refrendó a don Miguel, como candidato del partido enfebrecido por la fe y estimulado por la esperanza.

Si hubiera justicia en política, quienes llevaron al poder a Martha Erika, le hubieran demostrado su respeto y solidaridad, sufragando en contra de quien, en vida, despotricó contra ella y su marido.

Si en los simiescos gorilatos hubiese justicia, se abrirían de par a par las puertas del augusto recinto, emblema de arte y cultura, en la más pura exaltación del espíritu nacional, para rendirle homenaje a todos los demonios lujuriosos de todas las iglesias, no únicamente al llamado “apóstol de Cristo”, Naasón Joaquín García, todo ésto sin mencionar que al facilitarle a sus idólatras el Palacio de Bellas Artes, se abofeteó al benemérito y a la Constitución Mexicana, con un acto constituyente de una burla a la laicidad.

Si hubiera justicia, el gobernador evitaría el juarismo inicuo, practicado con desdén de petulante púgil, a la manera del negro británico Anthony Joshua. En el medio se runrunea, pero sin seriedad, más bien con propósitos vacuos, que los dos Panchos, han encapsulado al mandatario estadual, al punto de hacerle llegar únicamente los apuntes lisonjeros.

Si hubiera justicia en el gorilismo gubernamental, se estuviera procediendo a solventar con una panacea, el mal que tumbó en la cama la participación ciudadana en el ejercicio electoral del domingo 2.

Malo, para quienes ganaron con una participación tan rala. Peor, para los que fueron derrotados por todos lados, por el PAN, por su ingenuidad, y por el ausentismo.

GIRÁNDULA QUIMÉRICA: Esperar un trato justo de Trump, deja al carnal Marcelo, en una situación de simple, incauto, inocente, tontarrón.

 

 

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