‘Yo soy Saldívar y tú no’

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El Contador Tárrega.-

Denisse, hija de una hermana de mi esposa, me enseñó una poderosa lección cuando tenía cuatro años (actualmente tiene 29).

Estaba ella jugando con una primita de la familia de su papá, ambas de apellido “León”. Ya ven cómo son los niños de competitivos, que a veces les gusta presumir de lo que unos y otros tienen o de que sus papás son esto o lo otro. Me imagino que estaban en algún tipo de “competencia” así, y tal vez agotadas ya las “materias de presunción”, le dice Denisse a su prima con un tonito burlón: “Pues yo soy Saldívar y tú no-o”. Y con eso la mató. La otra niña se fue enojada porque Denisse tenía algo que ella nunca iba a poder tener, sin ponerse a pensar que a la inversa la situación era exactamente igual. Cuando me platicaron la anécdota, pensé: “Vaya manera de sacarle partido a su individualidad”. Eso es sacarle jugo a lo que somos y que nos hace diferentes a los demás.

De la mano con explotar al máximo lo que nos tocó, tema del que hablé la semana pasada, está también el de que nos deje de preocupar lo que otros tienen y yo no, ese nocivo hábito de compararnos con los demás y establecer nuestro valor en función de cómo nos vemos respecto a ellos, de manera que nos sentimos bien o mal dependiendo contra quién nos estemos comparando en ese momento. Y la autoestima, entonces, la traemos como si anduviera en la montaña rusa. Pobrecita la autoestima, no está para esos sobresaltos, no sean ingratos; se puede infartar (la autoestima y usted junto con ella).

Cuando les doy la conferencia de autoestima a mis alumnos, como parte del proyecto de desarrollo humano que manejo en la universidad, empiezo diciéndoles que les tengo que pasar un aviso, y les muestro algunas diapositivas que dicen así: “SE BUSCA – Vivo o muerto (de preferencia muerto). Es un asesino serial, despiadado, con muchas víctimas en su historial. Le gusta hacer sufrir a sus víctimas y luego liquidarlas por completo. Se le conoce como ‘El asesino de las autoestimas’. Si alguien lo encuentra en su camino, se le otorga licencia para matarlo. Recompensa para quien lo elimine: Una vida más feliz y una sana autoestima”. Este asesino es precisamente el Hábito de la Comparación. Vuelvan a leer el aviso sabiendo ahora de quién se trata y se darán cuenta de lo cierto de cada aseveración.

Cuando tienes este dañino hábito, tu autoestima va a sufrir y finalmente puede quedar totalmente aniquilada, así que aprovecha la licencia que se te otorga, elimina a este criminal de tu vida y obtén la recompensa que se ofrece.

Habrán escuchado la parábola de aquel jardinero que un día llegó y notó que todos los árboles y plantas en su jardín estaban decaídos, casi a punto de marchitarse. Preguntó a los girasoles la causa de su tristeza y le dijeron que era porque no podían ser tan grandes como el roble. Le preguntó lo mismo al roble y este dijo que era porque él no podía emitir un perfume tan hermoso como el rosal. Preguntó luego al rosal y este dijo que le dolía mucho no poder dar fruto como el nogal. Y para acabarla de amolar, él tenía espinas. De pronto, en medio de aquel sombrío panorama, el hombre vio algo que le sorprendió. En algún lugar del jardín había una planta de claveles esplendorosa, vibrante, llena de vida y color. Le preguntó cómo era esto posible, cómo es que ella no había sido contagiada por todo el pesimismo que la rodeaba y el clavel le respondió: “He llegado a la conclusión de que si tú hubieras querido un rosal aquí donde estoy, hubieras sembrado un rosal. Si me pusiste aquí, es porque precisamente esta era la flor que querías para embellecer este lugar, así que estoy tratando de ser clavel de la mejor manera que puedo”.

Dios (el jardinero) te ama como eres. Pequeño o grande. Con espinas o sin ellas. Con o sin aroma. Y si te puso aquí fue para que embellecieras tu entorno siendo lo que eres. La valía está en ser, no en parecer, ni en tratar de ser como otros. ¿Qué eres tú que nadie más es? ¿Qué tienes tú que nadie más tiene? Mi sobrina lo descubrió a los cuatro años y supo sacarle provecho, así que haz un inventario de ti mismo y sé lo que Dios te mandó a ser, de la mejor manera que puedas.

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