De película ‘big little lies’

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Pérez Ávila.-

Pequeñas mentiras; falsedades mínimas; adulteración de poca monta y, hasta algo de espurio, todo aderezado, con ese ingenio al que aludió con innegable sarcasmo Reyes Heroles, como una habilidad insólita del mexicano.

Parecía una convocatoria destinada a unir a los mexicanos, ante un embate lesivo del monarca del imperio nórdico, pero como todo se subsanó en los minutos previos a la concentración, se dió un cambio en el rumbo del discurso, la motivación, y los motivos.

Así como los gringos son hábiles en el malabarismo de las palabras, llamando a Reno «la ciudad pequeña más grande del mundo», o enmarcando en un título, la contradicción totalmente ajena al estereotipado argumento de espías y agentes internacionales, en «Mentiras Verdaderas», los mexicanos se caracterizan por su ingenio para crear leyes maravillosas, así como exhiben la facilidad con la cual las burlan.

Pero, no es lo mismo crear códigos legales de excelente manufactura, para burlarlos con insólito ingenio, que lidiar con el monarca del imperio yanqui, el cual da batazos a la colmena comercial china y atiza amenazas a la economía azteca.

No es lo mismo, Germán Valdez, que Tin Tan y su carnal Marcelo, en una época caracterizada por la presencia triunfal de las figuras mexicanas en cine y espectáculos muchedúmbricos, de los cuales le cito uno para no perder la ilación: Jorge Negrete, siendo recibido por multitudes histéricas, en todas y cada una de sus presentaciones, en una gira que lo llevó del Río Bravo al Río de la Plata. De ese carnal tintanesco, Marcelo Ebrard, solo tiene la barriga.

Para captar la contradicción del pacto sin acuerdo definitivo, a mi me basta con citar a Víctor Flores Olea: «Pensamos en este milagro de última hora, (el pacto) callará la boca de irresponsables de las redes sociales que solo parecen buscar el dardo o el insulto más hiriente, para rebajar a su opositor ideológico al nivel de la tierra llena de porquería». Don Víctor, es más amloísta que AMLO.

Lorenzo Meyer, de entrada, lo dice todo: «Se logró, por ahora, evitar las tarifas de Estados Unidos a nuestras exportaciones, pero no se pudo evitar la humillación y la aceptación de demandas norteamericanas».

A don Lorenzo le digo: Las circunstancias adversas fueron creadas por el señor presidente López Obrador, al abrir las fronteras del sur de nuestro país de manera tan irreflexiva. No calculó, me supongo, que tal medida daría origen a una diáspora, tipo bíblico, con gente de la cintura geográfica del continente, así como de lugares tan lejanos, como Congo, Rusia, India, China.

La humillación se pudo evitar, si México aplica el egoísmo nacional que mueve al mundo.

En el caso del pésimo convenio sobre la catarata migratoria, don Marcelo sostuvo a troche moche que «no había ningún arreglo secreto», en tanto, el monarca de la Casa Blanca asegura lo contrario, mostrando a los camarógrafos de televisión el documento firmado por el azteca.

«Si México no cumple,-dice Trump en actitud jactanciosa-, se aplicará la fase B, la cual es muy, muy, muy dura».

Cuando las mentiras se confrontan, creo, por fuerza se yergue sobre ellas la verdad. Duele aceptarlo, pero no hay forma de eludirlo: don Marcelo, no nos está hablando con la verdad.

GIRÁNDULA ESCÉPTICA: Hace 160 años Juárez incautó todos los bienes de la Iglesia. Quienes juran seguir su ejemplo, son súbditos de Nassón Joaquín García.

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