Cuentos de la memoria

0
19
Tiempo aproximado de lectura: 3 minutos

Tito Reséndez Treviño.-

1°-ESTO ME HIZO SENTIR MEJOR.- ¡Los cerebros de las personas mayores son lentos porque saben muchísimo!

La gente no declina su capacidad mental con la edad, solo les toma más tiempo recordar los hechos porque tienen mucha información en sus cerebros; los científicos creen que al igual que en la computadora, el disco duro se llena, así también lo hacen los seres humanos y toma más tiempo para acceder a dicha información cuando sus cerebros están llenos.

Los investigadores dicen que este proceso de desaceleración no tiene nada que ver con el deterioro cognitivo.

De acuerdo al doctor Michael Ramscarl el cerebro humano funciona más lento en la vejez, por el solo hecho de tener almacenada gran cantidad de información a través del tiempo.

Los cerebros de las personas mayores no se debilitan, sino por el contrario ¡están repletos de sabiduría!

Frecuentemente las personas mayores suelen ir a otra habitación para conseguir algo y cuando llegan allí, se paran preguntándose qué #*&»~fue lo que vine a buscar.

Esto no es de ninguna manera un problema de memoria, es la forma lógica en que nuestro sistema opera con el brillante objetivo de hacer que las personas mayores hagamos más ejercicio.

Ahora, cuando no me llegue a una palabra o un nombre, no voy a excusarme diciendo «Ya mi cabeza no da» Ahora, voy a decir: «¡Mi disco duro tiene una extraordinaria cantidad de información!»

Tengo muchos más amigos a quienes debería enviar esto, pero ahora mismo no recuerdo sus nombres. Así que…

2°-CUENTO CHINO.- Cuentan que había una vez un hombre llamado Hua Zi y que había perdido completamente la memoria. Por la tarde, olvidaba lo que le habían dicho por la mañana; a la mañana siguiente, no recordaba lo que había hecho el día anterior. Cuando iba a algún sitio, no se acordaba dónde estaba y se olvidaba del camino de regreso. Había olvidado hasta cómo caminar o cuándo sentarse.

Su familia estaba muy preocupada. No sabía qué hacer. Sufrían porque no los reconocía. Y aunque a Hua Zi se le veía en paz y feliz en su situación, estaban seriamente preocupados por él. Acudieron a adivinos y sanadores de todo tipo. De nada sirvió. El diagnóstico de los más prestigiosos médicos de la época, solía coincidir en que existía cierta desarmonía irrecuperable y se declararon incapaces de curarle.

Un gran filósofo y erudito se ofreció para sanarlo. La mujer y los hijos de Hua Zi le prometieron pagarle lo que les pidiese, a cambio de su curación. El filósofo les dijo: «No se puede remediar ni con hierbas, ni conjuros, ni con invocaciones, ni recurriendo a las medicinas ordinarias. Es un problema de mente. Intentaré modificarla, cambiar sus pensamientos. Haré unas pruebas”.

Acto seguido hizo que lo desnudaran y el enfermo reclamó la ropa; lo tuvo sin comer y exigió comida; lo dejó a oscuras y pidió la luz. Estas pruebas resultaban muy positivas. Les dijo: «Se puede curar la enfermedad. Sin embargo, mi método es caro y secreto.» Tras pactar el precio a cobrar, despidió a todos y se quedó en la casa a solas con el enfermo durante siete días.

Nadie supo qué hizo aquel hombre sabio, ni qué técnicas utilizó, pero lo cierto es que, en la mañana del séptimo día, Hua Zi tenía su mente curada.

Cuando la familia llegó a casa, llamados por el sanador, al verlos Hua Zi se puso a gritar, muy furioso, contra su hijo y contra su mujer. Quiso golpearles con un palo, y salió corriendo detrás del que le había curado, de forma que hubo de ser sujetado por sus vecinos que lo calmaron y le preguntaron por la causa de su gran enfado

Hua Zi les explicó: «Antes, con mi memoria perdida, estaba feliz, nada me preocupada, ni tan siquiera la existencia del cielo y la tierra. Estaba conmigo mismo, libre y vacío de todo lo demás. Ahora, al recobrarme, han regresado todas mis viejas preocupaciones, todas mis inquietudes, todos mis desasosiegos. Surgen en mi mente todos los logros y pérdidas, éxitos y fracasos, penas y alegrías, amores y odios. Ha desaparecido el silencio de mi mente. He dejado de ver las personas y las cosas como son, como están ahí, sin juzgarlas. Mi mente no se calla, ni un solo momento”.

Y, ya calmado, con lágrimas en los ojos, gritaba: “¡Quiero volver a vivir como antes, que alguien me ayude!”

Lo mejor para este domingo, pero siempre  acompañado se de su apreciable familia.

Comentarios