Mientras el poder nos guíe, la democracia se negará

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Héctor F. Saldívar Garza.-

La inmensa mayoría de los países del orbe afirman vivir en democracia, y que esto les permite ser libres. Sin embargo, resulta importante revisar qué tanto en realidad se practica en nuestro país, y en aquel, que en el discurso lucha por instaurar la democracia en el mundo entero; nos referimos a los Estados Unidos de Norteamérica.

Recordemos que los Estados Unidos es el principal interesado en promover la democracia, como uno de los objetivos que el capitalismo debe procurar mantener en la sociedad mundial para la preservación del sistema; pero lamentablemente, esta función exige instaurarla solo en aquellos países que se niegan a respaldarlos en las iniciativas que promueven.

De la historia reciente, considerando los últimos 50 años, podemos citar múltiples casos donde atacaron países argumentando a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que vivían de manera antidemocrática y era necesario ayudar a esos pueblos a liberarse de los dictadores que la gobernaban.

Así podemos citar a Iraq, Kuwait y Egipto. En Venezuela han intentado penetrar de diversas maneras, pero no han logrado destruir su régimen.

Igualmente, los Estados Unidos mantienen unas grandes redes colaboradoras del gobierno, que establecen acuerdos sobre lo que conviene informar u ocultarle a la ciudadanía norteamericana, con la finalidad de lograr sus propósitos como ente capitalista. Por ejemplo cuando Saddam Hussein dirigía Irak y se negaba a aceptar las políticas de Estados Unidos sobre Kuwait, un cúmulo de mentiras se difundió sobre la capacidad bélica de Irak, para que apareciera como un potencial enemigo de Estados Unidos, al cual debía eliminarse antes que pudiera generar un conflicto de mayores proporciones.

Finalmente, lo que se proponían era robarles el petróleo para reponer lo que capitales privados habían inyectado a la Unión Americana en bonos del tesoro, con resultados desastrosos. Lo cual no debía mantenerse así, ya que era importante superar la crisis en que había ingresado el sistema capitalista, para mantener su buena imagen.

Recientemente han intentado hacer lo mismo con Siria, pero sin éxito. Esto en gran parte como consecuencia de la reacción de Rusia y China, quienes brindaron su apoyo al país árabe.

Por supuesto que el accionar del gobierno manteniendo relaciones mediante mentiras a su pueblo, no puede considerársele promoción de democracia.

En el caso del gobierno de México en cuanto a la vida de las personas, como no es un país hegemónico sino dependiente, observamos que su mirada no es hacia el exterior, porque su preocupación máxima es solventar las problemáticas internas, las cuales aún son vastas. Y parcialmente la postura está siendo democrática en cuanto a pretender elevar un tanto el nivel económico de los sectores de más bajos recursos, a los cuales durante varios sexenios les incrementaron solo lo que se reportaba como inflación, la cual, por cierto, no siempre era sustentada en verdades, ya que en ocasiones los gobiernos en contubernio con los sectores del gran capital, mentían señalando una cifra menor a la real.

Revisando otro ejemplo vemos el caso de los migrantes provenientes principalmente de Centro América, a quienes Estados Unidos nos está obligando a evitar que ingresen al país para dificultarle aún más la llegada a su frontera. Consideramos al respecto que la participación de México no es democrática, sino una salida política para evitar la crisis que se desataría al declararse la amenaza de alzar los aranceles a los productos mexicanos que pasaran la frontera hacia la Unión Americana. Y no es democrática porque lo primero que debería realizar el Gobierno es proteger al pueblo, evitando que un exceso de extranjeros comparta con nosotros múltiples calamidades que experimentamos. Pero entendemos que fue una decisión forzada por el

autoritarismo norteamericano, quienes saben que nuestro país no participará en una guerra comercial, porque saldría muy mal librado.

Continuando con la temática de procurar desarrollar la democratización social, independientemente de todo lo que pudiese comentarse, sabemos que el neoliberalismo en el que vivimos promueve valores a través de la educación y los medios, pero son de orden material; los cuales en ocasiones se contraponen con los que se prioriza en la familia mexicana.

Algunas empresas, sobre todo norteamericanas, exigen aplicación de valores que riñen con la cultura nuestra de servir a los demás. A continuación citaremos el caso de una empresa tabacalera en Monterrey, donde fui testigo de lo ocurrido.

Difundieron por los medios que ofrecían una plaza, y las personas interesadas deberían presentarse con una documentación que solicitaban a continuación. Los que cumplieron con lo requerido fueron sometidos a exámenes cada quince días durante dos meses, si mal no recuerdo, hasta reducir el número de prospectos a siete, quienes fueron citados a un último examen que realizaron en una cámara Gesell, dejándolos solos resolviendo un problema en conjunto que se los plantearon de manera escrita.

A través de los vidrios, los estuvieron supervisando hasta la conclusión del trabajo.

Al citar a una de las participantes para informarle el resultado, se sorprendió cuando le resolvieron que la plaza había quedado vacante porque ninguno cumplió con lo que la empresa requería. Al preguntar sobre qué le había faltado para merecer la plaza, le contestaron que en el ejercicio pudieron observar que su liderazgo lo había empleado para ayudar a sus compañeros con la parte que a ellos les correspondía y no habían superado, en lugar de haberlos dejado que cada quien resolviera lo que pudiera y se enfrentara a las consecuencias futuras.

Le explicaron que necesitaban una persona que tuviera capacidad para aprovecharse de las habilidades de los demás compañeros para lograr los objetivos de la empresa.

Ella, según me explicó se molestó mucho y les dijo que en la Universidad de Monterrey, donde había estudiado la licenciatura, uno de los valores que les habían introyectado era el ayudar a los demás cuando lo requirieran, y no el aprovecharse de las debilidades humanas.

Si democratizar a la sociedad es hacerla más humana, vemos que no se está cumpliendo con ese objetivo. Y esto quedó aún más marcado en las elecciones para las diputaciones locales que recientemente se realizaron, donde lo importante fue ganar, aun colocando en la mesa de las decisiones múltiples disvalores que hicieron retroceder a la sociedad lo poco que se había avanzado en democratizarla. No cabe duda que mientras el poder nos guíe, la democracia se negará.

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