Academia Comercial Gómez

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Quien también fue víctima del “embrujo” de Chucha fue el Cronista de Victoria, Francisco Ramos Aguirre; nos reveló que también le tocaron besos y abrazos de este personaje entrañable de la Capital.
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Francisco Ramos Aguirre.-

Cuando hablamos sobre los antecedentes de la educación en Ciudad Victoria, es inevitable mencionar las academias comerciales. Estos planteles de carácter privado cubrieron toda una época en la formación de cientos de alumnas de clase media, quienes por diversos motivos, lejos de cursar una carrera universitaria o normalista, se incorporaron muy jóvenes al trabajo. En este tipo de enseñanza encontraron, no solo la oportunidad de superarse en su vida personal, sino también accedieron a una modesta profesión.

Vale decir que desde finales del siglo XIX existía en la Capital tamaulipeca una escuela normal adscrita en el Instituto Científico y Literario, donde, a pesar de las restricciones sociales y familiares de esa época, algunas féminas egresaron de maestras de primaria. Sin embargo, generalmente el destino de las mujeres eran las actividades hogareñas, servir a la Iglesia, laborar de costureras o empleadas domésticas de familias pudientes.

De acuerdo al contexto económico y político de Ciudad Victoria, debemos considerar que en ese tiempo se requerían secretarias y contadores privados para incorporarse en la burocracia y servicio administrativo del Gobierno del Estado, Presidencia Municipal, Congreso legislativo, instancias federales y Poder Judicial.

A todo esto sumamos la intensa actividad comercial,  almacenes, zapaterías, hoteles, gasolineras, madererías, restaurantes, industria y otros giros, donde las secretarias egresadas de academias comerciales tenían asegurado un empleo y un sueldo regular. De igual manera, intervenían en actividades de contabilidad y administrativas de haciendas y ranchos agropecuarios. Con el tiempo, también se instalaron bancos que brindaban atención al público. Por tanto, numerosos jóvenes fueron contratados por estas instituciones financieras, donde adquirieron gran experiencia.

En resumidas cuentas, a partir de la posrevolución mexicana, la formación de secretarias se convirtió en asunto indispensable para el desarrollo de la Capital tamaulipeca. Para ello, era necesario la apertura de escuelas formadoras de estudiantes con los perfiles profesionales necesarios en ese momento. Al principio la carrera era exclusiva para mujeres. Al paso del tiempo, también se matricularon varones en el ramo de contabilidad.

La Academia Comercial Gral. Ascención Gómez, mejor conocida como Academia Gómez, se estableció en 1914 en plena lucha constitucionalista. Estaba ubicada en la calle Morelos entre 15 y 16, cerca del edificio del SNTE y la Cantina de Quilantán. Era uno de los barrios más antiguos, donde radicaban los profesores Tito Mota, Manuela y Vicenta Valdez. El origen del nombre se debe al general Ascención Gómez, apodado El Cosaco Tamaulipeco, quien realizó junto al general Pedro José Méndez una brillante participación durante la Guerra de Intervención Francesa.

La escuela fue creada por las maestras Hortensia Gómez Lara -directora- y Elvira Gómez Lara viuda De la Lastra (1879), hijas del General Ascención. Ambas realizaron estudios en el Colegio de Las Vizcaínas en la capital del país, bajo la tutela de su madre Paz Lara y la abuela materna Ignacia Rivas de Lara, quien falleció en 1887. A finales de la primera década del siglo XX, ingresaron al Ateneo Fuente de Saltillo, Coahuila, donde cursaron la educación normal, apoyadas por los maestros Carlos Trub y Andrés Osuna Hinojosa.

Hortensia fue alumna del Colegio Inglés (Metodista) de enorme prestigio académico, antecedente del actual Colegio Roberts. En esa época había en Saltillo otras importantes instituciones educativas, por ejemplo: Colegio Acuña, Escuela Presbiteriana y Colegio San Juan Nepomuceno. Hortensia fue una de las alumnas más apreciadas del profesor Osuna, quien años después fue gobernador de Tamaulipas.

Probablemente la Academia Gómez fue pionera de las escuelas comerciales en Ciudad Victoria. A finales de los años 20 existía la Escuela Internacional de Comercio e Idiomas, dirigida por el profesor René Saint Geraud de origen francés, donde impartieron clase los maestros Genaro G. Ruiz y Rafael Tejeda Puente. En el puerto de Tampico fundó una escuela industrial, donde inventó  una estufa de petróleo.

La Academia Gómez tenía autorización oficial de la Dirección de Educación Pública de Tamaulipas. Uno de los requisitos de ingreso era haber cursado educación primaria elemental o superior. Una vez inscritas, las alumnas recibían clases de taquigrafía, mecanografía, ortografía práctica, inglés, caligrafía y comercio. Además de impartir algunas materias en este plantel, la maestra Elvira fue prefecta de la Escuela Normal y Preparatoria del Estado. Después de operar durante más de 50 años, la escuela cerró sus puertas a principios de la década de los 60.

 

 

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