¿Quién tiene la culpa?

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Alicia Caballero Galindo.-

Los mexicanos solemos quejarnos de todo; del clima, del gobierno, de las relaciones internacionales, de la economía, pero nadie está dispuesto a pagar el precio para evitarlo. Entonces ¿de qué nos quejamos?

Cuando salgo a mis cotidianos recorridos: súper, banco, tiendas diversas, salón de belleza, reuniones con amigas, etc., los temas son los mismos en gran parte; quejas, quejas y más quejas. La crítica se ha vuelto un deporte nacional pero… ¿qué hacemos cada uno de nosotros desde nuestra posición de padres, abuelos, consumidores o beneficiarios de servicios públicos por mejorar lo que vemos? Estamos acostumbrados a que otros hagan algo por resolver las problemáticas cotidianas de diversas índoles que se presentan, sin embargo, no estamos dispuestos a analizar y reflexionar las posibilidades de cada individuo, para mejorar las cosas desde el hogar, la escuela la vía pública, las instituciones de servicio, los establecimientos bancarios y comerciales.

Hace unos días en un banco de la localidad, dio espectáculo un cuentahabiente porque exigía ser atendido en forma preferencial porque “tenía prisa” y… ¿los que esperábamos ordenadamente el turno? ¿Cuántos tendrían prisa también, pero respetaban pacientemente el orden de atención? Todos nos sentimos molestos por la prepotencia del señor que incluso salió gritando de la institución.

Otra mala costumbre que he detectado en nuestra ciudad es el no respetar la luz roja en los cruceros, más de una vez he estado a punto de chocar con automovilistas que al ver la luz amarilla, aceleran en vez de frenar, incluso, se pasan a pesar de estar ya la luz roja, arriesgándose y arriesgando a los demás. Ahora, en los cruceros, es necesario tener precaución aunque esté la luz verde porque no falta quién se pase en rojo. También es frecuente ver cuando circulamos en automóvil, salir de los vehículos que circulan en la calle, todo tipo de proyectiles: desde pañales usados, cáscaras de frutas, envolturas de frituras o galletas y más luego se quejan de la falta de aseo de la vía pública. ¡Ahh!  Pero si pasan a EU, allá no tiran basura en la calle, no se “vuelan” los altos ni van en contra de la circulación porque las sanciones son muy severas.

Desde mi punto de vista, el abuso del paternalismo gubernamental, ha generado un daño importante a la mentalidad del mexicano que ha logrado hundirlo en la mediocridad, porque los grupos vulnerables económicamente, siempre esperan que “alguien” les resuelva sus problemas castrando el espíritu competitivo.

Veamos: Seguridad social, escuela pública, libros de texto gratuitos, universidades baratas, becas de estudio, subsidios en el campo, créditos fáciles, construcción de viviendas populares… y en este nuevo Gobierno federal, apoyo a los “ninis” para garantizarse su voto… son medidas que matan la iniciativa.

Si a eso agregamos que la calidad de la educación que se imparte es cada vez más raquítica y escasa… Todo está preparado para tener mano de obra para la maquila y pocos intelectuales. Los “garbanzos de libra” que logran subir, buscan apoyo en otros países porque aquí no son valorados.

Recorriendo el paraíso mexicano del sureste, es notorio que las empresas florecientes de aquella región, están en manos de extranjeros y la fuerza de trabajo ruda la realizan los oriundos de esa zona. Otros explotan sus riquezas y se llevan las utilidades. Cuando la tierra es tan rica y ofrece tantos beneficios, la gente de la región se vuelve cómoda y apática; son pocos los que tienen mentalidad de empresarios, es lamentable. Lo grave del problema es que, con esta forma de pensamiento, se vuelven vulnerables ante el manejo de otros grupos. Hemos presenciado el uno de julio del año pasado, cómo la gente se volcó a las urnas y apostó a un programa de gobierno que ofrecía becas y apoyos con la bandera de “primero los pobres” de hecho, esta forma de pensamiento, estratifica y separa a los mexicanos en lugar de unirlos; en una nación, todos sus habitantes importan y aportan, sin distinción de estratos sociales, económicos o culturales. Se requiere tanto la fuerza de trabajo como el capital capaz de generar empleos, industria educación fuentes de empleo en justo equilibrio que genere crecimiento sustentable en una nación.

Por desgracia la falta de cultura genera desinformación y juicios equivocados. El único camino seguro que han seguido países que tienen un grado alto de desarrollo es el fomento a la educación, la cultura el trabajo, y equilibrio en los sistemas de gobierno. El fanatismo es producto de la ignorancia o la rigidez de pensamiento que, en ambos casos conducen al desequilibrio social y económico.

La única manera de salir del círculo vicioso en que se encuentra el país, es hacer conciencia sobre la importancia de la educación en el hogar esencialmente. Es compromiso de los padres la educación elemental de los hijos y esa labor se hace en casa, recordando que la mejor formación es la que se da con el ejemplo. Los hijos inconscientemente imitan a los padres, es hora de cambiar y tomar conciencia. No existe ninguna llave mágica en el mundo de la política que corrija los errores que se cometen en casa.

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