Dos tamaulipecos traidores

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Quien también fue víctima del “embrujo” de Chucha fue el Cronista de Victoria, Francisco Ramos Aguirre; nos reveló que también le tocaron besos y abrazos de este personaje entrañable de la Capital.
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Francisco Ramos Aguirre.-

La palabra traidor implica una poderosa carga emocional. Sobre todo, cuando se relaciona con actividades militares y pone en riesgo la estabilidad de un país. La historia de México, arroja varios ejemplos de personajes condenados a muerte por deslealtad a la patria, entre ellos: Agustín de Iturbide, Toribio de la Torre, Miguel Miramón, Santiago Vidaurri y Otilio Montaño quienes antes de ser fusilados negaron el abominable calificativo.

Probablemente la Guerra de Intervención Francesa sea el período más representativo sobre este asunto, porque numerosos mexicanos decidieron sumarse al ejército extranjero del emperador Maximiliano de Habsburgo. Entre los tamaulipecos más destacados que cambiaron de bando figuran: Apolinar Márquez y Teófilo D. Ramírez. Ambos aparecen en el libro: Los Traidores Pintados por si Mismos. Libro Secreto de Maximiliano (1867).

Apolinar Márquez (n. Altamira) fue un destacado agrimensor -topógrafo- e hidromensor. Transcurrió buena parte de su vida en Tampico, donde realizó una importante investigación denominada Noticias Estadísticas del Departamento de Tamaulipas y diseñó los planos pluviales de las lagunas Chairel y Carpintero. A cambio de la primera actividad obtuvo cuatro mil pesos, otorgados por la Junta de Fomento. En esa época, también se pronunció contra la formación del Estado de Iturbide. En 1855 se adhirió al Plan de Ayutla en contra de Antonio López de Santa Anna. Gracias a esa postura logró desempeñar varias actividades políticas en el puerto, por ejemplo en 1858 fue postulado al cargo de segundo Alcalde.

Sin embargo, al poco tiempo su vida dio un importante giro cuando en marzo 1864 aceptó el nombramiento de Prefecto Político de Tampico que le ofreció el comandante y general del ejército francés Antonio Hennique: “…por los oportunos servicios prestados a la causa”. De manera inmediata, Márquez nombró dentro de sus ayudantes a José María del Castillo, Ramón de la Torre, Miguel Ruizseñor, Gregorio Cortina y otros simpatizantes del bando conservador.

Vale decir que a finales de ese año, Márquez fue cesado de sus funciones al negarse aceptar las reglas militares y represivas del sanguinario coronel Charles Dupin. Al tomar la decisión de no mantenerse en la efímera encomienda, el tamaulipeco se deslindó de su relación con los invasores.

Sin embargo en las páginas del libro se le menciona como un traidor, aunque de manera ambigua: “Se habla muy bien del señor Márquez. Está animado de un gran espíritu de conciliación. Comprende muy bien que el buen orden puede ser compatible con ciertas libertades. Ha aceptado su empleo con el objeto de ser útil a sus conciudadanos, pues su fortuna personal le asegura una independencia honrosa”.

Respecto a Teófilo D. Ramírez, prefecto de Tula de Tamaulipas, el libro puntualiza que sus méritos son de carácter militar porque: “Al tener noticias de la toma por los disidentes de Ciudad Victoria, en abril de 1865, reunió una pequeña fuerza y atacó la avanzada de Santa Bárbara, la dispersó y de esa manera, conservó Tula para el Imperio (coronel Jeanningros) (Nota del traductor este párrafo está escrito de puño y letra de Mr. Félix Eloin)”.

Dentro de las escasas actividades políticas que desempeñó antes de afiliarse a las huestes de Maximiliano, destaca su postura en 1862 cuando acompañado del cabildo tulteco se opuso a Juan Nepomuceno Almonte, quien promovía su candidatura para alcanzar la presidencia de la República en el contexto de los conflictos bélicos.

De cualquier manera, en un afán de enmendar su deslealtad hacia los liberales, al terminar la guerra, Teófilo decidió servir a la patria como maestro y promotor de la educación en Tula, donde fue presidente municipal y diputado en el Congreso de Tamaulipas. Al mismo tiempo se desempeñó de redactor del periódico semanario La Unión, en compañía de Manuel Montiel y Francisco Ortiz.

A finales del siglo XIX, durante una visita a Ciudad Victoria, el poeta Manuel José Othón conoció a uno de sus hijos radicado en la capital tamaulipeca. En una de sus cartas, el vate potosino menciona que su esposa tocaba muy bien el piano a cuatro manos, pero no explica los motivos por los cuales la pareja abandonó su terruño natal: “Esa señora y su marido no pueden ver a Tula ni a su familia que tienen allá”. Don Teófilo Ramírez falleció en Tula en agosto de 1892.

 

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