¡La fuerza del espíritu!

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Lilia García de Arizpe.-

Ecos de sabiduría: “Los débiles que saben aprovechar su debilidad son fuertes, este es el secreto de las mujeres y de las naciones menos desarrolladas.”

Maurice Couve, del Observatorio de Londres

 

 

Sacaba con esfuerzo la tina llena de agua de la noria, durante el día tenía que traer cuatro o cinco tinas de agua y eso la cansaba mucho, Mercedes se sentía débil y agotada después de la fiebre que había tenido, afortunadamente Jaime la ayudaba mucho, y comprendía que después de más de dos semanas enferma todo el trabajo casero le cansaba demasiado, ahora mismo Jaime había sacado la ropa sucia del canasto y le dijo a Mercedes.

-Mira linda, no te apures por la ropa, Doña Tere me dijo ella la lavaba…

-¡Pues si Jaime, pero cuánto te cobrará!…

-Tú no te fijes, déjate querer, después de que nació nuestro bebé, te noto desmejorada, y a mí me haces mucha falta.

Mercedes íntimamente dio gracias a Dios y esa noche al hacer oración pidió mucho por Jaime y por todos los beneficios que le daba, le mandaba lavar la ropa, le cargaba al bebé cuando lloraba por la noche, le prendía la estufa, hacia el café, y le preparaba una avena riquísima a ella y él le decía…

-¡Ahora estás criando, necesitas comer bien y fortalecerte! Mercedes algo apenada, pues sabía cuáles eran sus obligaciones, responda:

-¡Jaime, que distinto eres tú a la mayoría de los hombres, sabes cuándo necesito ayuda y me la das!

A lo que Jaime respondía…

-Algún día estaré yo enfermo, y entonces tú me ayudarás, anda mujer come bien, el bebé y yo lo necesitamos. Y así pasaron los días, y aunque ya no estaba enferma Jaime seguía ayudándole, al medio día le decía…

-¡Yo cuido al bebé, anda a dormir un rato!

Mercedes seguía dándole gracias a Dios por tener un esposo tan comprensivo, y a ella solo le daba las tareas fáciles, donde no se cansara mucho, pero un día Jaime enfermó y Mercedes se vio obligada a hacer muchas de las tareas de Jaime, les daba pastura a los animales, recogía los huevos de las gallinas, barría y cuidaba al bebé, pero se sorprendió un poco cuando Jaime le dijo…

-Mira, yo te duermo al niño, te junto la ropa, pero no quiero la laves tú, llévasela a Doña Tere, ¡ah! Y de comer solo quiero unas tortillas, pero no las hagas tú, cómpralas y les ponemos salsa y frijoles…

-¡Pero Jaime, tú necesitas comer bien!

-No corazón, lo mío es pasajero, pero tú tienes que criar al bebé, luego si trabajas mucho se te va la leche… ¡Anda, ve y compra las tortillas celebraremos que ya estoy mejor!

Y animada por la comprensión de Jaime, Mercedes salió a comprar tortillas, y para sorprender a Jaime, compró un pedazo de queso, y esa noche después de cenar rezaron juntos…

¡Padre mío, bendícenos, danos fuerzas para trabajar, criar al niño y hacer que mis pocas fuerzas se hagan útiles a los demás, gracias por darme un esposo que no es machista, me ayuda y es comprensivo, y eso alegra mi corazón, y mi alegría anima a Jaime y eso nos une más…

Jaime escuchaba el rezo de Mercedes y una gran paz inundaba su corazón, pensaba… Mercedes me ama, y yo Señor me siento agradecido por ese amor, y por mis fuerzas que suplen su debilidad, pero su espíritu es fuerte… ¡Gracias señor por todos los bienes recibidos!… ¡Gracias por mis fuerzas! Y gracias porque me diste una mujer que me ama, yo Señor espero de ti ayuda, conocimiento y amor para esta mi familia que empieza a formarse, ¡Bendito seas padre mío por enseñarnos que el camino para llegar a ti es la fe en Cristo Jesús!

Así, la debilidad de Mercedes se convertía en una fuerza arrolladora, capaz de todos los esfuerzos, pero ella no comprendía que su débil físico era su fuerza creativa y en constante crecimiento, era su amor por Jaime y su hijo, hasta que un día comprendió que su debilidad le había dado ¡tanta ayuda, tanto amor, y tanta entrega a Dios!, y bendijo su situación, y la aceptó como una gracia inmensa de Dios… ¡Dios bendice a los débiles!