Trágico final de Toribio de la Torre

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Quien también fue víctima del “embrujo” de Chucha fue el Cronista de Victoria, Francisco Ramos Aguirre; nos reveló que también le tocaron besos y abrazos de este personaje entrañable de la Capital.
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Francisco Ramos Aguirre.-

Puede decirse que la tragedia de Toribio de la Torre, originario de Valladolid hoy Morelia (1811), inició en septiembre de 1864, cuando seducido por el general Tomás Mejía comandante de las fuerzas imperiales de Matamoros, aceptó la Prefectura Superior de Tamaulipas. Aquél conservador simpatizante de Maximiliano, jamás imaginó que el alto costo de esa encomienda sería la sentencia de muerte.

Animado por sus convicciones ideológicas, profetizó que el triunfo del ejército francés -de los mejores del mundo- contra los liberales, sería contundente. Al recibir orgulloso el nombramiento, se instaló en su despacho. Por esos días escribió una carta desde Victoria a su familia, comunicándole la noticia. En uno de los párrafos, solicita a una prima su intervención ante el emperador para que personalmente le refrendara el encargo.

A pesar de la cercanía con la familia real, no fue posible lograr ese propósito. Tampoco tuvo la oportunidad de conocer personalmente al archiduque, ni mucho menos a la encantadora princesa Carlota, que para entonces disfrutaban el embrujo de las amplias, cómodas y bien ventiladas habitaciones del Castillo de Chapultepec en la capital del país.

El más álgido de la guerra, Toribio de la Torre comprendió que el principal enemigo de los franceses era el general Pedro J. Méndez. A manera de estrategia, alentó en una carta al coronel Antonio Gayón para que combatiera a la “hiena”: “Doscientos hombres de la División Mejía, bastarían para arrollar a mil de estos soldados de Méndez indisciplinados; pero la dificultad es atacarlos, encontrarlos. Hoy Méndez, herido después del incendio y saqueo de Linares, derrotado al fin y dispersos sus satélites no se sabe de su paradero, ni si ha muerto por la herida que recibió en Linares”.

El once de agosto de 1865, a raíz de la Toma de Ciudad Victoria por los liberales, el Prefecto de la Torre se  trasladó a Tampico, para entonces en estado de sitio. Ahí se enteró del arribo de un millón cien mil pesos para financiar el ejército extranjero. Para reforzar el traslado, requirió los servicios del Comandante Militar  Francisco Lamadrid.

En febrero 15 de 1866, Toribio de la Torre informó al ministerio de Gobernación sobre la asistencia de sus correligionarios en batalla de Tantoyuquita,  contra los “disidentes” del general Méndez: “…los que más se distinguieron por su valor en aquel memorable combate, para que se acuerde la justa recompensa que merece del capitán D. Julián Montamar, que supo conservar hasta la última refriega la mayor serenidad y sangre fría, así como la madre del Teniente D. Genaro Lartigue, muerto en ella”.

Quiso el destino que en julio de 1866 los sueños monárquicos de Toribio de la Torre, llegaran a su fin.  Por esos días, los aguerridos juaristas se apoderaron de Tampico, tomando prisionero al Prefecto, que estaba escondido en casa del Comandante. Mientras permanecía en una celda, los militares liberales decidieron aplicarle la pena capital.

De la Torre solicitó un sacerdote para recibir auxilios espirituales. Recostado en el camastro recordó su estancia en Ciudad Victoria, donde transcurrió gran parte de su vida. Luego revivió los momentos cuando en 1835 era funcionario municipal y se pronunció a favor del gobierno central. También hizo memoria de su amistad con el gobernador Vital Fernández de quien terminó por distanciarse.

Antes de morir trágicamente asesinado cerca de Jaumave,  le encomendó  la escritura de una Estadística General de Tamaulipas. Después de más un siglo, la Universidad Autónoma de Tamaulipas editó la Historia General de Tamaulipas. En el ámbito familiar, contrajo matrimonio en la capital tamaulipeca con la señorita Isidora Martínez. En 1852, además de permanecer prisionero por sus ideas en Tula, fue corresponsal del periódico El Monitor Republicano en Ciudad Victoria.

En esos y otros recordatorios estaba el desgraciado Toribio, cuando llegaron los soldados a conducirlo al sitio donde le esperaba un trágico final. Dice el periódico La Sociedad: “Sufrió muerte de horca, después de reventarse dos veces la cuerda con que fue suspendido, y se agrega que sus verdugos arrojaron su cadáver a una letrina, de donde pocos días después fue sustraído, para inhumarlo en el cementerio”. Menciona que su cuerpo fue colgado como escarmiento en una farola de la Plaza de Armas. Otro de los presos de aquel histórico momento fue el Juez de Letras Matilde Romero. Al enterarse de la muerte del Prefecto, irremediablemente decidió suicidarse: “…por medio de un veneno.” Once meses después, la guerra entre liberales y conservadores concluyó con el fusilamiento de los principales protagonistas en el Cerro de las Campanas en Querétaro.

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