La prensa, lo mejor y lo peor

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Pérez Ávila.-

Don Tomás Carlyle, andaba de copas o quizá, en el instante de su festejada elucubración, así vio a la prensa en Inglaterra, en su época dorada, allá por el lejanísimo 1850; el caso es que, hizo una advertencia histórica: “Con el periodismo, ha surgido un cuarto estado”, todos se lo creyeron, y hasta nuestros convulsos días, se lo siguen festejando. Soy de los pocos, o era mejor dicho, que jamás hace referencia a esa proclama, simplemente porque la considero sonora, aceptable, hasta plausible, pero no se ajusta a la realidad, no embona con los hechos, no constituye una base para edificar, una sólida plataforma sobre la cual colocar el mástil del pendón del poder. En realidad, la prensa puede ser equiparada con la conciencia del pueblo, si es conducida con estricto apego a principios sólidos.

Si la prensa oscila entre mantenerse independiente, o supeditada al poder político, debe decidirse para su bien, o para su mal.

Al respecto dije, en cierta ocasión propicia, porque se trataba de celebrar en un convivio el tan cantado y exaltado Séptimo Constitucional, “Cualquier dueño de medios de comunicación masiva, editor de periódico o concesionario de radio, así como cualquier comunicador, sea reportero o comentarista, cuando enfrenta la disyuntiva de decidirse entre sus intereses y sus valores, debe recordar que si elige sus intereses, nunca más le creerán cuando hable de sus valores.

Por cierto, inteligente lector, esa índole de convivialidades se han ido diluyendo, al punto de que dejaron de ser, puntos de referencia, para el anecdotario periodístico.

Ahora, ni siquiera le corren la atención de la invitación personal al periodista de los medios impresos y electrónicos. Quienes tienen la misión de establecer contactos entre gobierno y comunicadores, incurren, cotidianamente, en altanería. Note lo siguiente en los medios: Entre más respetable y encomiado sea el periodista, más distante está de quienes integran la plana mayor del gobierno, en sus tres niveles.

La prensa es conciencia, no poder.

La prensa es el contrapeso de quienes ejercen cargos de Ejecutivo en los gobiernos, debido a la docilidad y sumisión de los Congresos, en los Estados y la Federación.

No es un Cuarto Poder la prensa, se equivocó mister Carlyle.

Si la celebrada admonición del inglés fuera verdad, en lugar de muertos y amenazados y, hasta perseguidos, los periodistas estarían siendo vistos con envidia, hasta con admiración, en casos de real excepción.

En forma alguna me pronuncio con tono dogmático, porque ni soy infalible, ni me considero con la alteza del pontífice, pero es mi convicción y se la digo con franqueza norteña: El rol del periodista, se equipara con el del congresista. Su deber no es apoyar al ejecutivo, ni entorpecerlo tampoco. El papel del buen comunicador, en la diversidad de su función, consiste en evaluar con honestidad, ponderar con rectitud y, ofrecer a quien lo sigue en radio, televisión o prensa, una opinión justa.

Recién me entrevistó Pedro Edmundo Zapata, coordinador de los periodistas veteranos, a quien le respondí, ipso facto, una de sus variadas interrogantes:

“La fama de periodistas corruptos, la origina la costumbre de generalizar las excepciones. Pasa con los periodistas, lo mismo que con los abogados. La inmensa mayoría actúan con responsabilidad y valor, pero algunos son prevaricadores y, por éstos, por los perversos, se juzga a todos los demás”.

Circula en la cofradía de Radio-Rama, que su ejecutivo en Nuevo Laredo, fue incapaz de situar por encima de su interés pecuniario, sus valores.

GIRÁNDULA GIRONDINA: “Libertad…cuántos crímenes se cometen en tu nombre”. Madame Roland.

 

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