Que regulen las manifestaciones

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Mauricio Zapata.-

Hace una semana el tema en boga era el de la manifestación del grupo de feministas, sus peticiones y la forma de hacerlo.

En este espacio señalé que no estaba de acuerdo con la vandalización y me tacharon de machista y misógino.

El asunto no es contra ellas, sino contra todos los manifestantes.

Y es que una cosa es marchar para protestar en contra o a favor de algo y otra muy diferente es hacer actos vandálicos durante esas concentraciones. Lo vemos muy seguido en ciudades grandes como en la capital del país o entidades conflictivas como las del sureste del país.

En Tamaulipas son muy variadas las manifestaciones, aunque hay que recalcar que salvo una que otra, la mayoría se hacen en paz, sin desorden y sin poner en “jaque” a la mayor parte de la población.

En la Ciudad de México o estados como Oaxaca, Guerrero o Chiapas, por ejemplo, ese tipo de manifestaciones termina siempre en una gresca, hay saldos rojos y la población civil afectada.

Lo hemos visto infinidad de ocasiones con las protestas que hacen, por ejemplo, los integrantes de la CNTE y que no sólo han hecho caótico el problema educativo, sino que ya han dejado en serias dificultades a la productividad y la economía de esos lugares.

En manifestaciones en la Ciudad de México encapuchados asaltan bancos, saquean tiendas, maltratan monumentos y edificios históricos y hacen una serie de destrozos a todo lo que les queda de paso por su camino.

Hemos visto los problemas por los que han pasado comercios, empresas, hoteles, restaurantes, tiendas departamentales, centros comerciales y hasta las propias oficinas de gobierno en Oaxaca. No los dejan trabajar cuando hay manifestaciones.

Y claro, si las autoridades actúan, son unos represores, pero si no, unos tibios.

En la Ciudad de México hacen y deshacen. Tapan, cierran, bloquean y nadie les dice algo porque salen con el cuento de que respetan la libertad de expresión. Pero a la gente que necesita trabajar, al empresario que quiere sacar adelante su negocio, al ciudadano común que hace su rutina diaria lo desquician.

No puede ser posible que las autoridades no les pongan un alto y dejen que cualquier inconformidad haga que las ciudades y la producción se detengan.

Es cierto, tenemos malos gobiernos y la gente está harta y sale a señalar su pesar; pero no es posible que tengan que hacerlo en el caos y la anarquía.

Cuando las cosas se hacen en orden y con conciencia, la ciudadanía en general apoya, pero cuando la población es víctima de las inconformidades les desquician la vida.

Vaya, lo que se cuestiona es la manera en que perturban a los demás que nada tiene que ver con los temas de sus protestas.

Ya es tiempo de que los legisladores hagan algo al respecto y trabajen en reglamentar las marchas, hacer prohibiciones y poner candados para evitar el vandalismo amparado en la libertad de expresión.

Hay que recordar una premisa de la tal libertad: “La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, los derechos de tercero, provoque algún delito o perturbe el orden público”.

EN CINCO PALABRAS: Está claro el precepto, ¿no?

PUNTO FINAL.- “Los hombres han nacido unos para otros, así que o edúcalos o sopórtalos”: Marco Aurelio.

Twitter: @Mauri_Zapata

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