¡Marcela y su gran don!

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Lilia García de Arizpe.-

Algo que es sabio: Alentar, a todo mundo a tratar de ser feliz, no es mucho pedir, es mucho dar.

Roberto Benigni, del New York Times.

 

La parada de autobús estaba llena, eran las dos de la tarde de aquel medio día caluroso, soleado y muy seco, el calor veraniego se filtraba por dondequiera y Marcela sudorosa y sintiendo el infernal calor de aquella tarde apenas empezaba, se abanicaba con una hoja del diario de la tarde que había comprado más que para leer, para sentir el poco fresco que puede dar una hoja de papel doblado; la gente se acumulaba y esperaba el autobús de la ruta 37 que pasaba por esa esquina y ahora parecía venir retardado. Al fin, después de haber esperado un angustiante y caluroso cuarto de hora, el autobús se dejó ver en la lejanía de tres cuadras atrás pero se detenía mucho y Marcela pensó… “Viene lleno, no vamos a caber todos los pasajeros que hay aquí”… ¡Al fin! El camión llegaba con su carga humana, dejaba unos cuantos en esa esquina, y atropelladamente se abalanzaron como veinte usuarios, que trataban de ganar un espacio en el ya repleto autobús; Marcela desde lejos, estiró su brazo y apenas alcanzó a darle al chofer el costo de su pasaje, y observó bien al cansado chofer, que aún con el inmenso cansancio que tenía, sonreía a cada pasajero, bromeaba con dos adolescentes, y a todo mundo recibía bien con una frase de aliento como esta…

-Señoras y señores, a su derecha está la tienda Poolriver que toda esta semana estará con precios de oferta… ¡Ah! ¡Pero también en la siguiente esquina está el teatro Lis, que toda la semana estará a muy bajo precio!

Cuando subió Marcela al ya apretado pasaje que llevaba el autobús, le dijo sonriente…

-¡Ya está camino a su casa, en diez minutos estará descansando! ¡Ánimo, que pronto comerá rico, y luego a leer!… ¡O dormir un ratito, se sentirá muy bien!  Y así, cada esquina se hacía más cerca, su amable sonrisa y su incomparable buen humor aún a los más difíciles vencía, y acababa, poniendo una sonrisa en cada rostro. –Dar aliento a las personas cansadas, o consumidas por la pena, la tristeza, o la pobreza, es a veces una tarea de romanos, quienes emprendían las más difíciles tareas, cuando conquistaban al mundo. –Una persona enferma, cansada, sola, o con recuerdos amargos, es una persona difícil de arrancarle una sonrisa, o un pensamiento de alegría, la gente que tiene esa maravillosa virtud, es poca, y muchas veces no damos aliento porque se nos hace que nos van a rechazar, burlarse de nosotros, o que ni caso nos harán.

Es difícil encontrar a seres que van derramando por el mundo optimismo, o simplemente seres que se preocupan por aquellos cansados, enfermos, desilusionados o que están en la mayor pobreza, tanto física como espiritual. Esa tarde, ya descansando, Marcela pensó en el agradable chofer, y pensando, llegó a la conclusión, de que era una persona angelical, y entre sus pensamientos, se filtró la idea de que ella cambiaría, y quería ser como aquel chofer, pues qué bonito sería dar aliento al necesitado, alegrar al triste, darle ilusiones al que viera caído, y como si ese pensamiento fuera un resorte que la activara, tomó el teléfono y llamó a Cáritas y les dijo…

-¡Habla Marcela Brian, soy oficinista pero me gustaría ayudarles en su tarea de ayudar al prójimo! ¿Cuándo podría ir a verlos para saber que trabajo me darán?, por supuesto, no ando detrás de un sueldo, mi ayuda será gratuita.

La voz que contestó fue atenta, era una buena voz viril que dijo…

-¿Hoy por la tarde, como a las seis si puede?…

-¡Claro que puedo! Ahorita salgo para allá, y se vistió, se pintó, y con una alegría profunda salió a tomar un autobús, iba radiante, no sabía la causa de su alegría, o apenas estaba vislumbrando, que es más satisfactorio dar que recibir, llegó a Cáritas y se bajó alegre, le dio las gracias al chofer del autobús, quien se asombró del buen humor de aquella muchacha y sonriendo le dijo adiós… ¡La cadena de bondad, empezaba a dar sus frutos!

La recibió un muchacho agradable que le dijo…

-¡Gusto en conocerte Marcela!  ¡Eres tan bonita como buena! ¡Me alegro de tenerte por compañera!… pasa te explicaré… – Y en pocas palabras, pero muchas sonrisas, dos seres que no se conocían, pero tenían los mismos ideales, empezaron en la ayuda al pobre, un camino de alegría, bienestar y ayuda, se abrió ante sus ojos a dos seres que desde aquel momento empezarían a recorrer un camino juntos, para formar un nuevo hogar… ¡El destino tiene muchas formas de ayudar, a quien ayuda! Marcela y Luis, serían en un futuro embajadores de la alegría, el trabajo, y una familia feliz. -¡Alentar y dar alegría tiene un futuro promisorio!

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