Origen del Cine en Victoria

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Quien también fue víctima del “embrujo” de Chucha fue el Cronista de Victoria, Francisco Ramos Aguirre; nos reveló que también le tocaron besos y abrazos de este personaje entrañable de la Capital.
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Francisco Ramos Aguirre.-

A principios del siglo XX la presencia del cinematógrafo en México, generó enorme expectación. Incluso el presidente Porfirio Díaz posó ante una cámara, mientras transitaba a caballo en el bosque de Chapultepec. Atraídos por el novedoso invento, las autoridades victorenses adecuaron espacios para la exhibición de películas o vistas, por ejemplo el Teatro Juárez y Salón Minerva. Bajo estas circunstancias, el cine se convirtió no solo en una atracción y entretenimiento, sino también en una fuente de ingresos para los empresarios que recorrieron el país.

Las primeras funciones de cine en la capital tamaulipeca, se presentaron el ocho y nueve de abril de 1905. Según referencias del periódico El Progresista: “…las personas que explotan este invento poseen un caudal de vistas magnífico”. En agosto aparecieron los resultados de una función ofrecida en el mismo Teatro Juárez por la compañía Pathe Freres a cargo de I. Gaitán. La asistencia fue de 436 personas acomodadas en plateas, galería y palcos. Los organizadores pagaron los gastos de música, alquiler del recinto, alumbrado e imprenta. El señor García fue otro de los representantes cinematográficos que ofreció varias funciones en septiembre del mencionado año.

En 1907 llegó a Victoria una compañía contratada por la fábrica de cigarros Tabacalera Mexicana, que se instaló al oriente de la Plaza Hidalgo -probablemente en una casa particular o la planta alta del Mercado Municipal-. En las noches de abril se proyectaron películas, que según el cronista, causaron un verdadero furor entre los pobladores.

Por esos días El Progresista anunció la presentación de: “…varias vistas cinematográficas, como obsequio al público victorense de la Gran Fábrica de Cigarros La Tabacalera Mexicana.” La publicidad aparecida alentaba el consumo de cigarrillos y cerveza: “Tomad cerveza Cuauhtémoc  con gana; y de ardiente deleite en los extremos, fumad con entusiasmo Los Supremos de la Tabacalera Mexicana.”

Al mes siguiente llegó a Victoria la Empresa Mexicana J. Compadrón. Algunas de las 500 películas de su catálogo fueron exhibidas en el Teatro Juárez. Para entonces, dicho recinto tenía un moderno proyector, para que los espectadores disfrutaran las vistas con mayor claridad. Caso curioso, la empresa no obtuvo el éxito esperado.

Por tal motivo, sus integrantes se trasladaron a Tampico y Tula con escalas en Quintero y Ocampo. Dice El Tulteco (20 de julio de 1907): “…había llegado a esta apartada región de Tamaulipas no obstante la inexpugnable barrera de ciento veinte kilómetros de pésimo camino…”  Los operadores se instalaron en el Hotel Diligencias, donde exhibieron: “Los Perros Contrabandistas, La Hija del Campanero, En Pos de la Peluca y La gallina de los huevos de Oro.”

Este tipo de espectáculos y las funciones teatrales, difícilmente podían presentarse en una población alejada de la capital tamaulipeca. Según el semanario: “Pocas veces, seguramente vendrá a esta ciudad empresa tan importante como esta que cuenta con tan valiosos y modernos aparatos.” En 1908 se proyectaron en el mismo zaguán del Diligencias las vistas: La Luna a un Metro y Viaje a Altamar.”

Gracias al interés del público, en aquella época varias caravanas cinematográficas fijaron su atención en Victoria. En 1915 se presentó la Compañía de Álvarez y Arredondo, originaria de Veracruz. “Primeros Importadores de Películas Cinematográficas en la República Mexicana.” En la misma gira, ofrecieron funciones en el Salón Rojo de Doña Cecilia, hoy Ciudad Madero.

Se desconoce el nombre de las películas o “vistas” exhibidas esa ocasión, aunque en el repertorio figuraban los estrenos: La Novia Maldita, El Casamiento de Flora, El Ciego, Sueño de Opio, La Ciudadela, La Hija del Diputado, El Misterio y La Cocinera, por mencionar algunas de la larga lista que aparece en diarios capitalinos.

A partir de la segunda década del siglo XX, el cine aumentó considerablemente su presencia en Victoria. En pocos años se inició la apertura de salas y terrazas que influyeron en la cultura y entretenimiento familiar. Aprovechando la euforia del invento de los hermanos Lumiere, en 1919 se anunció la apertura del Cine Olimpia en uno de los salones del Hotel Ambos Mundos, enfrente de la Plaza Hidalgo. Al respecto, existen pocas referencias sobre su funcionamiento y las compañías que operaron en este lugar, que andando el tiempo se convirtió en el Hotel Sierra Gorda.

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