¡Un eslabón más en la cadena de la vida!

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Lilia García de Arizpe.-

La verdad sea dicha:”Llámalo clan, tribu, organización o familia, quien quiera que tú seas, o como te llames,… Necesitas una.

Jane Howard, periodista del Time de New York.

 

Sacudía frenéticamente el carro, una limpieza ordenada y cuidadosa, pero en su pensamiento había una queja lacerante,  “Estoy enfermo, y ahora cómo le hago para sentirme bien”… ¿Qué es lo que me pasa? Pepe solo tenía un hermano, no conoció el amor maternal, y ahora que su padre había muerto, sentía un vacío en su vida que él, a sus 18 años no podía definir, su hermano vivía en otra ciudad, probablemente tan solo como él, pues él trabajaba, pero Pepe tan solo conoció historias familiares que su papá antes de morir le había contado, y ahora que su padre había muerto no había ninguna historia sobre él; él había tratado de sacarle a su padre más historias familiares, pero su papá enfermo de incomprensión jamás les contó algo de la familia, ahora que Pepe estudiaba lejos de su hermano, el débil hilo de la familia estaba por romperse.

El ser humano es un ser para vivir en sociedad, donde los cuentos e historias familiares se suceden a cada rato, son a veces tristes, a veces alegres, y alguna otra vez cómicos, pero siempre dejan en el alma un sentido de continuidad, de amor hacia algunos parientes que no conoció, pero sin embargo su historia ya sea divertida o triste, nos dice que somos eslabones de una cadena, el parecido en el carácter, costumbres o rasgos, nos dicen que somos una pequeña parte de una familia y somos continuidad de ella.

Pepe se fue a estudiar a otra ciudad donde se hallaba parte de su familia que él ignoraba que la tenía, fue conociendo anécdotas de su padre, de los hermanos de su padre y así pudo integrarse a esa cadena rota que era su vida, por parientes lejanos o cercanos, conoció hechos vividos por su padre de cuando era niño, con vivía con esa familia más que nada los domingos, comía con ellos, y vivía anécdotas de su padre contadas por los abuelos que aún vivían y se formó en él un fuerte deseo, hacer él su propia familia y relatar sucesos vividos, al terminar su carrera conoció una jovencita de la que se hizo novio y al paso de un año, ya con un trabajo formal le pidió casarse con él, como era su primera experiencia amorosa batalló para expresar sus sentimientos, pero su instinto de arraigo era tanto que aceptó todas las condiciones que la novia le daba, y así fue que se casó y en su mente tenía esto: “Tengo qué tener una familia grande que deje muchos recuerdos”… El tiempo pasó, siguieron frecuentando la familia de su padre, y poco a poco, él fue formando su propia historia.

Nació su primer hijo, y él fue atesorando el lento crecimiento del bebé, compró un diario y apuntó, a quién se parecía, cuándo fue su primera sonrisa, cuándo su primer diente, anexó al diario fotos de ellos tres, llevó a que conocieran al niño a su familia adoptiva y poco a poco le fue construyendo una historia al bebé, donde estaban insertados, primos, sobrinas, y abuelos y hasta amigos que tenía, tanto él, como la familia, se propuso hacer una pequeña historia para el bebé y lo puso en brazos de la abuela de sus parientes y les sacó fotos, llevó a su hijo y a su mujer con su único hermano, le sacó fotos las insertó, y poco a poco, su hijo y el ya contaban con primos, sobrinos, abuelos, y hasta uno que otro amigo, ¡que caramba… su hijo tendría lo que él no tuvo!, una hermosa historia familiar, y aunque vivían al día el sabía que la familia lo ayudaría y prometió traerse a su hermano para que los seres más queridos por él lo fueran de su hermano.

Y así, la vida insulsa y triste en que se formó Pepe fue adquiriendo también visos de historia comunitaria y le decía a su hermano y a sus hijos, un hombre sin historia no tiene lazos afectivos que forman los recuerdos, cuando tú te cases estaremos completos, pues la familia de Pablo es el lazo que nos une… ¡Por fin, Pepe había encontrado la forma de pertenencia familiar que todos necesitamos!