Toros y toreros en Victoria (I)

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Quien también fue víctima del “embrujo” de Chucha fue el Cronista de Victoria, Francisco Ramos Aguirre; nos reveló que también le tocaron besos y abrazos de este personaje entrañable de la Capital.
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Francisco Ramos Aguirre.-

Desde su origen, Tamaulipas ha sido un estado eminentemente ganadero. Gracias a los abundantes agostaderos, la explotación pecuaria se remonta a tiempos anteriores a la fundación de la Provincia del Nuevo Santander. A partir de ese momento, la presencia de españoles marcó la pauta en las actividades políticas, comerciales y culturales de ese territorio. Entre sus aportaciones en Ciudad Victoria, destacan las corridas de toros de las cuales se tiene un registro desde 1760 con motivo de los primeros actos culturales de esta provincia, convocados por José de Escandón.

Respecto a la fiesta brava en la capital tamaulipeca, es una actividad que inicia su desarrollo al finalizar la guerra de independencia. En ese momento, los victorenses pusieron sus ojos en acciones relacionadas con la cultura y diversión popular, entre ellas la fiesta brava de la cual se conoce muy pocos vestigios, principalmente en lo relacionado con los espacios físicos donde se celebraban las corridas.

En documentos firmados por los funcionarios Luis Pérez y Gerónimo Olvera de la Prefectura del Distrito del Centro del Departamento de Tamaulipas, se observa que entre las actividades de la feria celebrada en Semana Santa de 1840 en la Capital tamaulipeca se programaron: “…en los ochos días corridas de toros y demás fiestas que han sido de costumbre. Lo que se hace saber al público para su conocimiento, y a fin de que lográndose la mayor concurrencia, se consigan los objetos de su primitivo establecimiento”.

En ese mismo tenor, dos años después las autoridades solicitaron que las corridas de toros que se acostumbraban en esa capital durante la feria anual, se verificaran ordenadamente. “El día tres del próximo abril -1842- será la primera Corrida de Toros, y se lidiarán gallos careados y en tapadas, habrá Carreras de Caballos, y en los intermedios de los toros se acomodarán diariamente varias recreaciones que suelen darse en otras Plazas de Toros”. Como podemos apreciar, el mayor énfasis de los documentos recae en las corridas de toros.

Es probable que al paso del tiempo Tula, Tampico, Matamoros y Santa Bárbara fueron las ciudades donde la afición tuvo mayor presencia. Por ejemplo el 24 de diciembre de 1877, el periódico La Bandera Nacional anuncia los resultados de una corrida en Tula: “…cuyos productos se destinarán a la Instrucción Pública. El C. Wenseslao Guillén con laudable desprendimiento, dio gratuitamente los toros para la corrida. Los lidiadores fueron algunos jóvenes de la ciudad, quienes no vacilaron en arrostrar los peligros propios del espectáculo…”

En noviembre de 1896 se publicó un decreto donde el Ayuntamiento de Victoria autoriza a Guadalupe Treto Valderas, la celebración de varias corridas de toros. Sobre el mismo tema el periódico La Iberia (junio 20 de 1908) dirigido por migrantes españoles, anuncia que un grupo de jóvenes entusiastas aficionados se presentó ante la Comisión del Centenario para gestionar varias funciones taurinas: “…a fin de que los patrocinara ofreciendo dar una corrida de toros, a beneficio de las fiestas que se preparan con aquel objeto en esa ciudad. La Comisión accedió a tan patriótico acontecimiento”.

Por todo esto, se infiere que desde principios de siglo XX existía en Victoria una plaza de toros. Más todavía, el Álbum del Centenario de la Independencia le dedica el siguiente párrafo: “El doctor Praxedis R. Balboa, propuso a la Junta y organizó…una serie de corridas de toros con las que pudo despertar tanto la afición, que hasta un grupo de profesionistas pisó voluntariamente el coso, unos poniendo banderillas en las tapas y en el pecho, otros picas en los cuartos traseros…quienes tendiendo el trapo detrás de los peligrosos burladeros, pero todos saliendo coronados por el triunfo”.

Es casi seguro que los toros que se lidiaban en Victoria, no pertenecían a ganaderías de prestigio. Más bien su origen de crianza eran ranchos y haciendas de la región, lo cual derivaba en limitaciones de bravura al momento de embestir. En 1914, el periódico Tamaulipas consigna una crónica quejándose de la mansedumbre de los ejemplares, así como de la inexperiencia del matador: “…que lo pinchó de lo lindo. Vino el cuarto con los cuernos trozados a más de la mitad, causando entre los montados una serie de sustos. Cambió el tercio y el bicho fue adornado con dos pares de banderillas de Ignacio Flores.”

En un arranque de júbilo, el joven diestro tomó un par de banderillas intentando quebrarlas en las piernas. Quiso la mala fortuna que uno de los palos se incrustara, cerca de la arteria femoral, terminando en la enfermería, donde Felipe Pérez Garza médico de la plaza, le salvó la vida. En cambio los toreros Francisco González y Nemesio Villarreal, tampoco tuvieron suerte con el estoque.

En aquella época los ayuntamientos controlaban las concesiones de las plazas de toros, generalmente construidos de madera. A finales del siglo XIX y principios del XX existían los siguientes ruedos en Tamaulipas: Nuevo Morelos 1881; Tula 1906; Tampico, Plaza de Toros La Taurina; Matamoros, 1913 Plaza de Toros Rodolfo Gaona; Plaza de Toros Villa Cecilia, 1920; Reynosa, 1888 y 1927 concesionada a Ricardo Mainero; Ciudad Victoria, 1920, El Gallito.

 

 

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