El Grito de Independencia en Ciudad Victoria

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Quien también fue víctima del “embrujo” de Chucha fue el Cronista de Victoria, Francisco Ramos Aguirre; nos reveló que también le tocaron besos y abrazos de este personaje entrañable de la Capital.
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Francisco Ramos Aguirre.-

Una de las manifestaciones más acabadas sobre la recreación del pasado mexicano, es el Grito de Dolores. Cada 15 de septiembre, el desbordante festejo patriótico nos atrae a un escenario de convivencia entre gobernantes y gobernados, lo cual representa una efímera imagen de unidad para la vida política. Esa noche, en las plazas públicas se despierta el fervor hacia Hidalgo, Morelos, Guerrero, Aldama, Allende y La Corregidora y otros héroes nacionales que abandonan el cementerio de la patria y se transforman en fantasmas de pólvora, banderitas de papel tricolores, música vernácula, tequila, baile y gastronomía de garnachas, tamales, enchiladas y pozole.

La noticia más antigua de la ceremonia del grito en Victoria, la encontramos en: El Despertador de Tamaulipas de 1831, durante el gobierno de Francisco Vital Fernández. Se trata de una Oda, publicada en vísperas de la celebración del Grito de Dolores. El autor alude al patriotismo que mostraron dos héroes santanderinos de ese período: Juan Bautista de las Casas y Juan Nepomuceno Jiménez después inmortalizados en la nomenclatura municipal:

Del inmortal Hidalgo,

védle que trae en torno de las sienes,

laureles que de Casas y Jiménez,

héroes tamaulipecos,

cortaron en la lid la Independencia,

sosteniendo con presta diligencia,

de Dolores los ecos,

la patria, libertad !Oh dulces nombres¡

Este ritual adquirió pertenencia hasta convertirse en una mezcla de músicos, militares, iluminaciones de colores, salvas de artillería, pirotecnia, sonidos de campanas, comida, bailes y misas. Por la parte oficial, el jefe de la Junta Patriótica, alcalde o gobernador, leía el acta de independencia y un elocuente discurso. A concluir, otro funcionario público o militar, lanzaba una oración fúnebre. En tanto los escolares recitaban desde la tribuna poemas rimados sobre los héroes de la patria. Los festejos, continuaban la tarde del 16.

Otro ejemplo se remonta al 15 de septiembre de 1848, cuando el general y gobernador Francisco Vital Fernández encabezó en la Plaza de Armas los festejos de la independencia, tres días antes de dejar el cargo. En ese acontecimiento, la jerarquía católica de la parroquia de Nuestra Señora del Refugio participó con fuegos artificiales y replique de campanas. De igual manera, los edificios públicos y residencias familiares fueron iluminados con candelabros que atraían la atención de empleados de gobierno, diputados, alcaldes y pueblo en general. En la Secretaría General de Gobierno, ondeaba la bandera mexicana y en los muros se exhibían retratos de Hidalgo, Iturbide, Morelos y Manuel de Mier y Terán.

Dice Juan Díaz Rodríguez: “A la hora del grito inmortal de Dolores, resonó también uniforme en esta ciudad un repique a vuelo, inmensos tiros, una salva de artillería, las músicas y las vivas, sobre todo el entusiasmo general y el placer que resaltaba en todos los rostros […].” Los días 16 y 17 de 1848, fueron de fiesta y discursos en la plaza Hidalgo, decorada con los retratos de los héroes de la independencia y columnas masónicas. La pieza oratoria estuvo a cargo de Rufino Rodríguez, personaje ejecutado en 1853 por conspirar contra gobierno y pretender crear la República de la Sierra Madre. No faltó el baile con músicos de la banda municipal en la casa del doctor Ramón F. Valdés. Los festejos conmemorativos de la independencia y despedida de Fernández, parecían no tener fin.

Años más tarde el Periódico Oficial de Tamaulipas, publicó un crónica de las actividades del 15 y 16 de septiembre de 1890 en Ciudad Victoria. El 15 por la mañana, se entregaron premios y diplomas a participantes de la Exposición de Paris. Después, la Junta Patriótica organizó una ceremonia donde un representante del gobernador Alejandro Prieto, leyó varios documentos históricos y “(…) lanzó un viva a la independencia y otro a los héroes de la patria.” A las ocho de la noche se iluminaron el palacio, la plaza y los edificios públicos. Después, los legisladores, autoridades y funcionarios estatales, acompañaron al gobernador hacia el Congreso. Después a un acto cívico, amenizado por la banda de música. La mañana del 16, se realizó un desfile militar con los miembros de la guarnición, quienes saludaron a las autoridades del Palacio de Gobierno. Guadalupe Mainero leyó un largo discurso y cronología histórica, admitiendo sus simpatías por Agustín de Iturbide, a quien calificó de auténtico Libertador.

Al año siguiente, durante la ceremonia del grito realizada en la plaza principal, el gobernador Alejandro Prieto, destacó la figura de Porfirio Díaz, porque: “(…) ese día también fue designado para que viniera a la vida uno de los hombres que más gloria han dado a la patria.” El 16 de septiembre de 1901 se realizó en el Paseo Méndez una ceremonia conmemorativa de la Independencia de México, donde Luciano Mascorro declamó una poesía a la patria. En años posteriores también participaron en este tipo de ceremonias Lauro Aguirre y Juan B. Tijerina. Para entonces el vitoreo a los héroes o ceremonia del grito era en el kiosco de la Plaza Hidalgo.

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