Reencuentro

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Alicia Caballero Galindo.-

Jorge Arturo:

El mar está tranquilo; la brisa matutina aunada con la marea baja, dan marco al lejano graznar de las gaviotas ajenas al mundo, sabedoras del poder de sus alas y de su habilidad un tanto insana de aprovechar oportunidades para conseguir alimentos, aunque sean robados, es parte de su naturaleza. Sin duda las primeras horas del día, son mágicas frente al mar, sobre todo, cuando el sol parece emerger del agua a la distancia, significa, un nuevo principio, una oportunidad más  para hacer mejor nuestro diario vivir…. Aquí, sentado frente a la magnificencia del universo, se alivia en parte mi dolor. No puedo dejar de pensar en Aída. He luchado desde que despertó mi adolescencia, contra un sentimiento conflictivo, extraño, que me destruye; mi padre se casó con Alondra, cuando yo tenía cuatro años; no conocí a mi madre porque murió cuando nací por un problema congénito, ella se empeñó en ser madre, y arriesgó su vida por mí, pero perdió la batalla; quedamos solos mi papá y yo. Mi abuela materna me cuidó hasta que mi padre se casó. Poco después de la boda, nació Aída, que acaparó el cariño y la atención de todos. Al principio, me sentí celoso por su presencia, pero entendí que cada uno tenía un espacio propio en el corazón de todos, gracias a la inteligencia de Arturo, mi padre y Alondra; convivimos en santa paz y fuimos una familia feliz. A Aída y a mí, nos gustaba de chiquillos venir a este acantilado donde rompen las olas produciendo un impresionante ruido por un socavón abierto en la roca por la fuerza del agua; a pesar del peligro que representa, siempre nos supimos cuidar de un accidente, conocíamos los límites para no caer al vacío y perdernos para siempre entre las olas. Hoy me encuentro solo en este hermoso lugar y me tienta la soledad y el silencio para desaparecer para siempre y huir de los demonios que me consumen.

Cuando llegó el momento de elegir mi camino, me fui a estudiar a Taxco, la capital del estado, en mi pueblo no habría muchas oportunidades. Mi hermana lloró cuando partí porque éramos inseparables. Algo extraño ocurrió cuando regresé después de casi un año; yo tengo 21 años y mi hermana 17; cuando la abracé después de tanto tiempo, al contacto con su cuerpo, que es hermoso, empezaron a desatarse los demonios de la lujuria y me estremecí, la separé tratando que no notara mis sentimientos, pero también noté que su cuerpo se tensaba al contacto con el mío. Fue aquí precisamente. Los dos permanecimos mirándonos a los ojos en un extraño silencio que sólo ella y yo entendimos, cuando me acerqué a su rostro y bebí su aliento dulce y agitado. Desde entonces, mis demonios me lastiman; mi razón grita ¡es tu hermana! Y mi instinto me atormenta ¡amala!… ¡Qué sencillo sería saltar y terminar con mi tormento!  Aquí ante el abismo espumoso siento que las olas me llaman…

Aída:

Jorge Arturo ya no es el mismo; desde que volvió de la universidad, algo cambió entre nosotros; no sé qué sería, pero… las sensaciones que me provoca el contacto con su cuerpo, me asustan;… ¡lo deseo! Y no puedo sentir eso, ¡es mi hermano! No puede ser pero… así es. Hace ya tres semanas que volvió de la universidad, más apuesto, más fuerte; por las noches no puedo dormir, el eco de las olas rompiendo en el acantilado me hacen recordar nuestros sueños de niños y el atrevimiento cuando retábamos al viento fuerte que azotaba  y el salobre rocío de las olas nos humedecía la ropa… en aquellos días, éramos felices; nos recostábamos en las noches a contar las estrellas y en el día a imaginar dragones y figuras mágicas, al correr de las nubes empujadas por el viento. Entre nosotros, no había secretos… ese lugar ha sido refugio y testigo de tantas cosas… Hoy todo es distinto, la última vez que estuvimos ahí, nos tomamos de la mano en forma distinta y estuvimos a punto de besarnos como hombre y mujer. ¡No es posible! Aún siento en mis manos el calor de las suyas y su aliento quemándome el rostro… Siento una extraña mezcla de culpa, placer y confusión, creo que no puedo con esto.

A veces quisiera compartir con él mis extrañas sensaciones, pero sería imposible contener mis impulsos si me toca de nuevo y… tal vez me juzgue loca. ¿Por qué deseo besarlo como mujer y no como hermana? ¡Me estoy volviendo loca! y no encuentro la salida.

Escucho voces y son mis padres; mi madre dice:

-Dios nos ha bendecido con dos hijos maravillosos; nunca fue necesario decirles que no son hermanos. Jamás podré pagarte que tú me hayas acogido y aceptado como esposa a pesar de estar embarazada de una hija que no es tuya.

Siento como si una corriente eléctrica me estremece. Y alcanzo a ver a mi padre que la abraza diciéndole:

-Claro que es mía porque desde que abrió los ojos no ha conocido a otro padre, aunque no lleve mi sangre, además tú has amado a mi hijo y lo has aceptado como tuyo, él también te abraza y te ama; eres su madre.

Mi cabeza es un caos; entonces no somos hermanos, si, ¡sí puede ser normal lo que siento por Jorge!

El sol empieza a subir en el oriente llenando de luz la mañana y mi corazón salta de alegría, corro al acantilado y lo veo de lejos frente al mar, peligrosamente cerca del abismo, tal vez a punto de saltar.

-Jorge, no lo hagas, JORGE, ¡ESCUCHA!  No somos hermanos, mis padres hablaron sin saber que yo los escuchaba, mi madre estaba embarazada  de otra persona cuando se casó con papá.

Jorge da unos pasos para retirarse del abismo; y me dice con los ojos llenos de lágrimas:

-¿Estás segura de lo que dices?

Me cuestiona con reserva

_¡Por supuesto! Siento lo mismo que tú y me estaba volviendo loca acabo de escuchar el secreto de labios de nuestros padres.

Nos miramos, nos abrazamos y nos besamos como nunca lo hubiéramos imaginado o… tal vez sí.

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