La fastuosa ceremonia del Grito

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Mauricio Zapata.-

En mi vida laboral me ha tocado cubrir dos ceremonias del Grito de Independencia en la Presidencia de la República.

Una fue en Palacio Nacional y otra más en Dolores Hidalgo.

Son eventos en donde se derrocha muchísimo dinero. Son ceremonias a donde va la crema y nata de la sociedad de México y en donde se luce el Presidente, incluso, más que en su informe.

No sé cómo haya sido la López Obrador. Porque por un lado nos mostró unos pasillos de Palacio sobrios. Además, su ejército en redes sociales nos dibujó que aquellas costosísimas y exclusivas fiestas se habían acabado.

En el protocolo, el mandatario salió solo con su esposa y recorrió los pasillos, desde su oficina hasta el balcón principal, sin que hubiese invitados.

Hasta ese momento nos la creímos. Porque incluso en los balcones alternos no había más gente, que en comparación con años anteriores lucían vacíos.

Hay quienes interpretaron la señal de austeridad y de que era una ceremonia del pueblo y para el pueblo. Otros la recibieron como una prueba más de que en México no hay más estrella que él y solamente él. Y que el aplauso no lo comparte con nadie, incluso, ni con su esposa.

Luego esa señal de austeridad se vino abajo, cuando embajadores e invitados especiales subieron fotos desde los patios de Palacio, donde se vio que, efectivamente, nada ha cambiado.

Pero bueno, cuando cubrí esa ceremonia en Palacio Nacional (con el presidente Zedillo), vaya que echaban la casa por la ventana con unos banquetes dignos de un reino. Con bebidas al por mayor. Con adornos y vajilla de súper lujo, incluso de plata fina.

Iba gente de todo tipo; iban, como se dice coloquialmente, de pipa y guante (literal), y calculo que se gastaban hasta unos 20 millones de pesos en cada evento.

El de Dolores Hidalgo, que fue el último Grito del presidente Salinas en 1994, fue algo similar. Si bien, por el lugar, fue un poco menor la logística, vaya que fue un evento de mucho lujo, a pesar de que el banquete consistió en antojitos mexicanos.

El asunto es que esas ceremonias son un derroche de dinero; son un derroche de recursos para un grupo muy selecto que lo disfrutó.

En los estados y municipios no es la excepción, y me parece que más que un evento patriótico se trata de una fiesta en la que lo gozan unos cuántos con cargo al erario.

No hay diferencias. Sigue siendo lo mismo, aunque nos pinten un México más austero y más de pueblo.

EN CINCO PALABRAS.- La 4T es pura hipocresía.

PUNTO FINAL.- El león no es como lo pintan, dice el dicho.

Twitter: @Mauri_Zapata

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