Se instaura el populismo educativo

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Arturo Zamora.-

El paquete económico 2020 instaura el populismo en el sistema educativo nacional con base en la asignación del presupuesto federal, lo cual representa un enorme retroceso en la rectoría del Estado sobre este sector estratégico, así como en el futuro educativo y laboral del país.

Elevar el presupuesto de becas educativas en 73%, mientras el gasto educativo sólo crece 0.5% (en términos reales), y reducir 50% la partida asignada a las escuelas de tiempo completo (25,134) y 55% la destinada a desarrollo tecnológico, revela el orden de prioridades del gobierno federal, ya que se favorece el asistencialismo clientelar y electoral en detrimento de la calidad y la inclusión en el sistema educativo.

Esto es de suma gravedad, pues, por citar un dato reciente, la evaluación del rendimiento en matemáticas (55%) y lengua y comunicación (32%) de los alumnos que en junio pasado cursaban el tercer año en las secundarias públicas y privadas muestra los resultados mediocres de la política educativa del nuevo gobierno, según Planea 2019, uno de los escasos mecanismos de evaluación que quedan luego de las restricciones impuestas al ahora extinto INEE.

La partida asignada a la evaluación de la calidad educativa disminuye 23% en el presupuesto 2020, en tanto que se imponen criterios populistas insólitos, como suprimir los exámenes de admisión, no sólo en las 100 universidades Benito Juárez y en las normales, sino que también se sugiere para todas las universidades públicas.

Más aún, mientras el presupuesto de becas para educación media superior se eleva 62%, se elimina el programa para la expansión de la educación media superior y superior y las universidades públicas tienen aumentos mínimos (la Universidad Autónoma de Chapingo recibe 124 millones más, la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro, 36 millones, y el IPN, 665 mil pesos).

Eliminar prácticamente las evaluaciones educativas y de los maestros y los exámenes de admisión no constituye una política educativa para el siglo XXI, sino que representa la claudicación del gobierno federal ante las demandas de grupos de presión como la CNTE.

Según las negociaciones recientes en Palacio Nacional, la profesionalización, actualización y capacitación del magisterio tendrán un carácter voluntario, mientras que el ingreso, reconocimiento y promoción de los maestros serán acordados en reuniones bilaterales o trilaterales con el sindicato, y los egresados de las normales recibirán plazas en forma automática, aunque éstas también vieron disminuido su presupuesto.

Esto es de gran trascendencia, porque la discusión del presupuesto educativo federal 2020 coincide con el debate parlamentario de las leyes reglamentarias de la nueva reforma constitucional, de modo que el sistema educativo nacional se encuentra en un punto de definición crucial.

Sin embargo, el hecho de que, en contra de los plazos establecidos en los transitorios de la reforma constitucional, la semana pasada se haya pospuesto la discusión de las normas reglamentarias, constata que el gobierno federal y la Cámara de Diputados se han convertido en rehenes de estos grupos de presión a costa del presente y futuro educativo de la niñez y la adolescencia, así como del magisterio.

Cuando el rendimiento educativo de los adolescentes muestra los mediocres resultados señalados y el concepto de calidad educativa es anatema en el modelo de “nueva escuela mexicana”, y esto coincide con una caída histórica en el índice global de productividad, el futuro educativo y laboral del país es incierto.

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