Las corridas de toros en Victoria (II)

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Quien también fue víctima del “embrujo” de Chucha fue el Cronista de Victoria, Francisco Ramos Aguirre; nos reveló que también le tocaron besos y abrazos de este personaje entrañable de la Capital.
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Francisco Ramos Aguirre.-

Respecto a las primeras décadas del siglo XX, no se tienen noticias en Ciudad Victoria de la presencia de toreros de la talla de David Silveti, Carmelo Pérez, Rodolfo Rodarte, Fermín Espinosa Armillita, Vicente Pastor, Juan Belmonte y Rodolfo Gaona “El Califa de León.” Uno de los probables motivos fue la ausencia de un coso taurino a la altura de los mencionados matadores. A pesar de estas circunstancias, la entusiasta afición logró mantener vivo el espectáculo de la fiesta brava.

En el caso de Nuevo Laredo la situación era distinta por tratarse de una ciudad fronteriza. A finales de octubre de 1910, estuvo de paso el torero Rodolfo Gaona, uno de los más famosos en esa época quien llegó en ferrocarril procedente de Nueva York, después de torear en varias plazas de España. Vale decir que Laredo fue de las pocas poblaciones tamaulipecas donde actuó el guanajuatense. El 24 de de febrero de 1911 en la inauguración del coso que llevaba su nombre, alternó con Rodolfo Rodarte y Eligio Hernández El Serio, con toros de la ganadería El Pabellón. Desafortunadamente tuvo que abandonar la corrida porque uno de los bichos le acertó un varetazo en el pecho.

De regreso a la capital tamaulipeca, uno de los toreros de renombre era Francisco González Aregüllín -descendiente de españoles-, quien tuvo la osadía de lidiar cuatro toros la tarde del once de octubre de 1914 en una improvisada plaza de toros, construida de tablas y barrotes. En el contexto de la tauromaquia surgieron también los cronistas taurinos, quienes dejaron testimonios de varias corridas en periódicos y revistas de aquellos momentos.

Sobre la Plaza de Toros El Gallito, las primeras referencias la encontramos en la Revista Semanal Alborada (25 de agosto de 1918,) dirigida por Arturo Meléndez García. Reseña el articulista en una nota de primera plana: “Después del paseo reglamentario de la cuadrilla. A las 5:15 de la tarde con un lleno completo en Sombra y regular en Sol, dio principio la Corrida de Toros por aficionados a beneficio del Hospital Militar…sale el primer bicho el cual previos unos capotes de Álvarez y Tamez; es devuelto al corral.”

De acuerdo a la crónica, lamentablemente el encierro no estuvo a la altura de los toreros, aunque parece ser que ellos tampoco contribuyeron. El segundo astado resultó lo mismo que el anterior, mientras el público enardecido por la pobreza del espectáculo: “…comenzó a silbar y echar “guaca”, cuando sale a la arena un torito con ganas de vérselas con los de a pie.” Al notar la calidad y embestidas, el matador se le encaró colocándole un par de banderillas que despertaron más su bravura. Al momento entró al quite el experimentado Francisco González Aregullín: “…toma el estoque y después de un bonito pase de rodillas, de dos estocadas y un descabello hizo rodar al toro”.

Para colmo de males en la desafortunada tarde taurina: “…el cuarto toro resultó ser una “vaca”, que en dos por tres fue devuelto al corral por manso…El quinto y último de la tarde, resultó por estilo del tercero. Ignacio Flores le puso medio par de banderillas y el Cap. Tamez un par regular de banderillas”.

Lo que originalmente se había prometido al público como un espectáculo serio, al final se convirtió en tragicomedia cuando un lazador jineteó el quinto toro, generando un gran relajo en las tribunas. El único astado muerto con el debido protocolo, fue el que lidió González Aregüllín: “Quien demostró conocer el arte de Gaona y Rodarte. Todos los aficionados intentaron agradar al público y si no lo consiguieron fue debido a los malos toros.” Para desventura, esa tarde el banderillero Castillo sufrió una cogida “aparatosa” sin pasar a mayores al ser atendido por el médico del coso: “Rangel conquistó una diana, Álvarez y Tamez se distinguieron con las capas, lo mismo que los picadores Lerma y González. El Coronel de la Llata, acertado como Director del Cambio”.

Vale decir que al paso de los años, prácticamente ninguno de los toreros victorenses aficionados al arte de cúchares, logró convertirse en matador profesional. Tamez era capitán del ejército; Pedro Álvarez destacó de comerciante y miembro de la Sociedad Mutualista Alianza Obrera, mientras González Aregüllín se desempeñó de Oficial de Barandilla en la Comandancia de Policía Municipal y director del semanario El Jicote.

 

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