Los valores éticos y cívicos en la educación

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Alicia Caballero Galindo.-

Educar significa conducir; pero… ¡Nunca debemos olvidar que el ejemplo vale más que todas las palabras del mundo!

 

A través del tiempo, la filosofía ha considerado que ética y moral, son conceptos ambivalentes; la ética, es el estudio y análisis del problema del bien y del mal y la conducta humana, independientemente  del conjunto de normas que rigen a cada grupo humano, son conceptos de orden universal, es decir la naturaleza que impulsa al   individuo, a seguir determinadas conductas. Por otra parte, la moral es el conjunto de normas que rigen las acciones de un grupo humano en particular, de tal forma que el concepto de moral o inmoral, dependerá de las costumbres propias de un grupo determinado. Una misma acción, para unos puede ser moral y para otro inmoral. Ejemplifiquemos con la poligamia; es normal y moral para algunas religiones y para otras es inmoral y pecaminosa hasta ha sido objeto de muerte por adulterio dentro del cristianismo en tiempos pasados. En aras del bien y del mal se han cometido a través de la historia las más crueles felonías en nombre de Dios, La Santa Inquisición es un ejemplo vivo de ello.

Con la universalización de las culturas, debido a los medios de comunicación y la natural evolución de los pueblos, avances tecnológicos y científicos, apertura a la pluralidad ideológica en el campo de la Teología, etc., poco a poco la humanidad ha flexibilizado y humanizado muchas conductas sancionables en otros tiempos, hemos aprendido a aceptar ciertos tabús como la pluralidad religiosa, el amor libre y la homosexualidad, que a decir verdad, siempre han existido; en la Roma Imperial y en Grecia, entre la nobleza, era común que los varones cohabitaran con gente de su mismo sexo, y practicaran la sodomía, (sexo con animales) inclusive existen grabados en murales y piezas de cerámica y metálicas griegas, que lo atestiguan. A raíz de la proliferación del Cristianismo las cosas cambiaron, y durante la Edad Media la religión Cristiana era el eje alrededor del cual giraba el mundo del arte, la y ciencia en todas sus manifestaciones. Copérnico fue perseguido por la Iglesia por considerar inmorales sus teorías, pues contradecían el concepto dogmático que definía a la tierra como el punto más bajo y despreciable del universo; más tarde esto cambió; las teorías de Copérnico dieron pie a este cambio. Las mismas instituciones religiosas han tenido qué ir modificando sus ritos y costumbres para adecuarse a la época, sin embargo, aún no se ha superado del todo, pues en diversas partes del mundo, aún existen luchas fratricidas por divergencias teológicas y políticas.

En México, a principios del siglo pasado, a raíz de la revolución se estableció la educación pública, se incluyeron en los programas, sobre todo en nivel básico el Civismo, como parte importante de las ciencias sociales. En dicha materia, de la que había un texto específico, se incluían una serie de normas elementales para comportarse dentro del hogar,  la escuela y la sociedad en general, se hablaba de la Constitución Política de México y en forma muy sencilla daban una panorámica de cómo estaban ordenadas las leyes, se puntualizaban algunos artículos, sobre todo los que amparan las garantías individuales y el 123 y se cultivaba el orgullo de pertenecer a este país y el respeto a las tradiciones y los símbolos patrios. Esa tradición con el tiempo se fue reduciendo hasta desaparecer de los programas de Educación, a raíz de los gobiernos de López Portillo y Echeverría, se redujeron los contenidos culturales para enfocar la preparación hacia una formación de los estudiantes menos académica y más pragmática, encaminada a producir más técnicos y obreros para las maquiladoras, bajando notablemente el nivel cultural y académico de los alumnos.

Actualmente vivimos en un mundo de contrastes; por una parte la intercomunicación acorta las distancias con el  mundo y en un “clic” podemos estar en cualquier parte; museos, bibliotecas, universidades, etc. pero el que los jóvenes sean independientes cada vez a  más temprana edad, también se exponen a costumbres ajenas a las nuestras que penetran en mentes de poca madurez, distorsionando conceptos y situaciones que, cuando no se tiene la orientación directa y oportuna de padres y maestros, los valores éticos y morales se distorsionan, porque entran a sitios que dañan la integridad mental del individuo. Un motivo de preocupación lo constituye el hecho que, al incorporarse las madres de familia al trabajo remunerado fuera del hogar, el tiempo que los hijos permanecen solos es mayor, y la influencia predominante durante su formación será la que reciben de sus compañeros, Internet, películas y programas de violencia y sexo ¡¡¡hasta en las caricaturas!!! Y muchos padres ignoran qué hacen y qué ven sus hijos cuando ellos trabajan, bajando notablemente la influencia que pudieran ejercer en ellos. ¡Cuidado! el riesgo de la desintegración familiar es grave.

La inclusión de valores y Educación Cívica en las materias, indudablemente converge con la filosofía que priva en los planes y programas actuales y es un acierto;  algo que la niñez y juventud necesita desesperadamente. No es creíble hablar de concordia en un plantel escolar, cuando los alumnos ven que entre sus maestros no existe compañerismo. No se puede enseñar con autoridad en un hogar a hablar con la verdad, si los padres constantemente incurren en el hábito de mentir. Un padre o maestro no puede inducir a un joven a no fumar o no ingerir alcohol cuando él mismo los consume. Nos quejamos del uso indiscriminado de vocablos peyorativos cada vez más frecuentes, pero no se repara que los mayores, constantemente los expresan ¡y en público! Debe haber congruencia de lo que se dice con lo que se hace.

No hagamos de las malas costumbres, con el tiempo se vuelva norma y poco a poco se deteriore la moral y ética de las nuevas generaciones. El ejemplo pesa más que todas las palabras del mundo. Si queremos un mundo mejor, no basta con hablar; ¡¡¡hay qué actuar ya, ahora, siempre!!! México requiere de una sociedad física y mentalmente sana, ética, y competitiva nunca debemos olvidar que la familia es el alma de la sociedad.

 

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