Breve historia del telégrafo

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Rodolfo A. Echavarría Solís.-

En el año de 1845 la pequeña localidad de Slough, en Inglaterra, fue sacudida por la noticia del asesinato de una joven señora. Cuando la policía interrogó a los vecinos, estos le dijeron que habían visto salir de la casa a un hombre con vestimenta de cuáquero. Al preguntar en la estación de tren, el encargado les confirmó que una persona con esas características acababa de abordar el tren rumbo a Paddington.

No había forma de alcanzar el tren, y el asesino probablemente habría escapado mediante un trasbordo hacia otro destino. Sin embargo, la policía contaba ya con un invento revolucionario, el cual permitía la comunicación entre dos ciudades, aunque las separaran cientos de millas: el telégrafo.

Mediante el envío de un telegrama, la policía de Paddington tuvo noticia de los hechos, y al momento en que el asesino –de nombre John Tawell– bajaba del tren fue arrestado. Esta fue la primera ocasión en que la policía utilizó los modernos sistemas de comunicación para aprehender a un prófugo de la justicia.

En esta era de las comunicaciones digitales –en la que algunas personas se molestan si el destinatario se tarda más de cinco minutos en responder– resulta difícil imaginar lo que eran las comunicaciones antes de la invención del telégrafo. Las cartas tardaban semanas, o incluso meses, para llegar a su destino; esto con el riesgo de que, más de una vez, simplemente nunca llegaban.

En esta ocasión comentaremos sobre el telégrafo, el invento que dio inicio a las comunicaciones instantáneas, y fue un elemento fundamental en varios momentos de la historia.

 

PRINCIPIO DE OPERACIÓN

Como lo hemos comentado en otras colaboraciones, si una corriente eléctrica fluye por un conductor genera un campo magnético. Ahora bien, si este conductor lo enrollamos alrededor de un núcleo hecho de un material que permita el paso del flujo magnético, entonces todo este flujo se sumará, por lo que se creará un electroimán, con sus polos norte y sur. Como todo imán, puede atraer algunos metales, por lo tanto se puede utilizar para atraer una tecla de hierro.

Por lo tanto, podemos formar un circuito mediante un alambre tendido entre dos ciudades: en una de ellas se instala el interruptor y en la otra el electroimán. Es posible entonces atraer una tecla metálica instalada en la otra ciudad mediante el cierre del interruptor que se encuentra en la primera, y enviar de esta forma un mensaje. Obviamente, el circuito puede funcionar en ambos sentidos.

 

INGLATERRA

William Cooke nació el cuatro de mayo de 1806 en Londres, Inglaterra. Estudió en las universidades de Edimburgo y de Durham. Sirvió en el ejército británico en la India (Indian Army) de 1826 a 1831, y posteriormente estudió medicina en Paris, Francia, y Heidelberg, Alemania. Es en esta ciudad donde asiste a la presentación de un telégrafo primitivo, en 1837, por lo que a su regreso a Inglaterra decide abandonar sus estudios de medicina y trabajar en la mejora de ese invento.

Sin embargo, Cooke carecía de conocimientos de electricidad, pero afortunadamente conoce a otro científico británico, Charles Wheatstone –nacido en 1802–, y los dos forman un excelente equipo de trabajo, al utilizar los conocimientos de este y las habilidades administrativas de Cooke. Obtienen la patente para su invento en 1837, así como el permiso para una instalación experimental de telegrafía, la cual ganó renombre debido al caso policiaco que comentamos líneas arriba.

No se puede afirmar que el telégrafo tuvo un solo inventor, sin embargo, se reconoce a Cooke y a Wheatstone como los principales creadores de este aparato. Aunque fundaron su propia compañía, el sistema de telegrafía fue nacionalizado en 1868. Los dos fueron nombrados caballeros por su contribución al desarrollo científico y tecnológico del Imperio Británico. William Cooke falleció el 25 de junio de 1879, mientras que Charles Wheatstone murió el 19 de octubre de 1875.

 

ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA

Samuel Morse nació el 27 de abril de 1791, en Boston, Massachusetts, Estados Unidos. Se especializó en arte en la Universidad de Yale, y dominaba varias ramas de la ciencia y filosofía, pero su sueño era ser pintor.

Se dedicaba a pintar retratos, trabajo por el que obtenía pocos ingresos, además de que tenía que viajar constantemente y vivir alejado de su esposa e hijos. Es en uno de estos viajes que su esposa fallece, y él se entera un día después del funeral. Debido a esto, queda en su mente la obsesión por conseguir una forma de comunicación que sea instantánea.

En 1829 viaja a Europa con el fin de estudiar otras técnicas de pintura, y tres años después regresa a Estados Unidos. Mientras viaja en el barco, escucha a varios pasajeros hablar sobre la nueva ciencia de la electricidad, en particular sobre el desarrollo de los electroimanes, y de cómo la corriente eléctrica puede transmitirse de forma instantánea de un punto a otro de un alambre, sin importar la distancia.

A partir de lo anterior, y a pesar de obtener un puesto como profesor de arte en la Universidad de Nueva York, se dedica al desarrollo de un telégrafo –en forma paralela a Cooke y Wheatstone–. En el año de 1837 patenta su invento, y en 1844 convence al Congreso de los Estados Unidos para tender una línea telegráfica entre Baltimore, Maryland, y Washington, D.C. El primer mensaje enviado es “what hath God wrought” (lo que ha hecho Dios).

Además del telégrafo, otra gran aportación de Morse fue la invención del código que lleva su nombre. La “clave Morse” es un código de puntos y rayas que se utiliza para enviar los mensajes, mediante un pulso corto o largo, respectivamente. El mensaje más importante es el de auxilio, “SOS”; aunque su significado original pudo ser “save our souls” (salve nuestras almas) o “save our ship” (salven nuestro barco), en realidad tuvo mucho que ver que es un mensaje cuya combinación de letras puede ser transmitido con una probabilidad muy baja de confusión, o de alteración por la estática del ambiente.

El telégrafo tuvo una aceptación y uso inmediato, lo que le permitió a Morse fundar su compañía y vivir –por fin– de una manera acomodada. Su diseño se mantuvo con cambios mínimos durante varias décadas, y el código Morse se volvió un estándar en las comunicaciones. Samuel Morse falleció el dos de abril de 1872.

 

CONEXIÓN ENTRE DOS MUNDOS

Hacia 1855 ya existían cables telegráficos submarinos en el canal de la Mancha y el mar Mediterráneo, con el fin de comunicar distintos países. Sin embargo, quedaba pendiente el tendido de un cable que uniera a Europa y América. La búsqueda de este objetivo inició en 1857, mediante el tendido de un cable entre Irlanda y Terranova –una distancia de más de 3700 km–. Antes incluso de tender un metro de cable, hubo que inventar aparatos para analizar el fondo del mar, y conocer si existían rocas afiladas o abismos.

Para poder transportar la carga de cuatro mil 500 toneladas de cable se utilizó un buque de dimensiones colosales, el “Great Eastern” –el cual había resultado un fiasco como barco de pasajeros de lujo–. Después de varios años de fracasos –se rompía el cable y se hundía en el fondo del mar, o quedaba inservible por la corrosión–, por fin en 1866 quedó establecida la línea de comunicación entre los dos continentes.

Esta obra marcó el inicio de los grandes logros de ingeniería en la época moderna. Requirió la colaboración de ingenieros navales, electricistas y mecánicos; así como de físicos, oceanógrafos y especialistas de distintas áreas. En su momento causó tanta expectación como el lanzamiento de los primeros cohetes al espacio.

 

MÉXICO

En lo que respecta a México, el telégrafo fue introducido en el gobierno de Porfirio Díaz, y fue parte medular de su estrategia de orden, paz y progreso. Fue un elemento muy importante para unir a un país que era prácticamente rural. Sin embargo, requirió el uso de su mano dura para poder tender –y sobre todo conservar– las líneas telegráficas.

Como muestra de lo anterior, me permito citar parte de la entrevista concedida por Díaz al periodista norteamericano James Creelman: “Dimos órdenes, para que dondequiera que fuesen cortados los hilos telegráficos, sufriera la pena el jefe del distrito, en caso de no aprehender al criminal, y en caso de que la interrupción acaeciese en una hacienda, al propietario que no podía impedirlo se le colgaba del poste más cercano”.

 

EPÍLOGO

En la novela “El amor en los tiempos del cólera”, de Gabriel García Márquez, el telégrafo juega un papel importante en los inicios de la historia de amor de Florentino Ariza y Fermina Daza (la cual está basada en la historia verdadera del noviazgo de sus padres).

El viernes 27 de enero de 2006 la compañía Western Union, de los Estados Unidos, envió el último telegrama en ese país. El 13 de julio de 2013, en la India –un país donde todavía se enviaban cinco mil telegramas diarios, y en 1985 se mandaron 60 millones– se envió el último telegrama.

Lo anterior puso fin a más de 150 años de uso, en los cuales el telégrafo sirvió como un instrumento muy importante en la comunicación instantánea de noticias de todo tipo, a distintos niveles.

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