El secreto

0
71
Tiempo aproximado de lectura: 3 minutos

Lilia García de Arizpe.-

 

Palabras con Sabiduría: “Vivir la Santidad, es hacer la obra de Dios con esperanza y una sonrisa”

(Madre Teresa de Calcuta)

 

Las hojas de los árboles caían serenamente, como columpiándose de invisibles hilos, su tono amarillo contrastaba con el gris oscuro del pavimento, una ligerísima y fina lluvia persistía y el cielo gris, encapotado desdibujaba las construcciones y los edificios, de uno de ellos salió un muchacho enfundado en un suéter gris como la tarde, y se dirigió a la parada de autobuses, iba apresurado, pues veía insistentemente su reloj, en la esquina anterior, caminaba el viejo cacharro de autobús que venía ya lento, para pararse en la esquina, llegó y bufando se paró, el muchacho con movimientos rápidos subió y saludó al chofer, con la confianza de ser un usuario conocido

– ¿Qué tal Luis, cómo te va? –Saludó al chofer–

– Pues aquí mano, en el trabajo. . .

– Pues yo ya voy atrasado al mío, pero la verdad, ni ganas de salir dan con este día

– Pues si, pero la chamba obliga. . .

Platicaron un momento, y luego el pasajero bajó despidiéndose y apresuradamente checó la tarjeta de entrada, y penetró a las oficinas del periódico “La Estrella”, que ya estaba en acción, en las oficinas algunos empleados, y en el salón grande, las rotativas se movían con diligencia, se escuchó una voz femenina

– Qué tal Felipe, vienes apenitas a la hora. . .

– Pues si, se me hizo un poco tarde, pero nada del otro mundo

– Pronto, pasa estos carteles y luego vienes para que te diga mi secreto. . .

– ¿Tu secreto?, y tomando los carteles se fue repartiéndolos en los demás escritorios.

Felipe terminó su recorrido, y volvió con las manos llenas de noticias, descargó todo en su escritorio y dijo. . .

– Trabajo terminado, ¿qué me ibas a decir Raquel?

– Hombre, no comas ansias, ya viene la hora del primer descanso. . .

Y como si hubiera sido la avisadora del descanso, sonó un timbre, se movilizaron todos y se fueron a la siguiente sala, donde había mesas, cafeteras llenas de humeante café, y ventanales que daban a la ya concurrida calle. En una mesa se sentaron Felipe y Raquel, y éste le preguntó intrigado

– ¿Qué me ibas a decir de tu secreto?

Raquel se sirvió café y rosquillas, luego se sentó y dijo. . .

– Me he fijado que a ti se te hace tarde seguido, y yo tengo un secreto que quiero compartir contigo. . .

– Dime qué piensas al levantarte en la mañana. . .

– Pues mira, casi siempre pienso en lo tarde que es. . .

– Ese es tu error, piensa que no es tarde, que vas a llegar a la oficina a tiempo, que no tienes porqué correr.

– Si, y si pienso en eso me despiden por impuntual.

– No, tú tienes que visualizar que vas a llegar a tiempo, que nadie te va regañar, y así podrás adquirir todo lo que quieras.

– Si, hasta que me suban el sueldo como te lo subieron a ti. . .

– Y porqué crees que me lo subieron, yo visualicé más dinero. . .

– Yo creo que me estás tomando el pelo

– No hombre, haz la prueba y lo verás, pero fíjate, hay reglas, debes de creerlo, visualizarlo, y no confundirte  y pensar que es mentira, y que te estás haciendo ilusiones tontas, Creerlo, esa es la clave, ¿oíste Felipe?, Creerlo, creerlo. . .

Y Raquel repitió una vez más la palabra y dijo. . .

-Se acabaron las llegadas tarde, visualízate con el pensamiento llegando a tiempo, después me dices qué resultados obtuviste, este secreto lo han tenido varios grandes hombres, Edison, Beethoven, Einstein, prueba y verás.

Felipe se quedó pensando y dijo que sí probaría, la hora del café terminó, y cada uno se fue a su escritorio.

Mañanita fría, Felipe se viste apresurado, de repente recuerda lo que le dijo Raquel, y elabora un pensamiento de cordura, se ve vistiéndose sin prisa, saliendo de su casa, tomando el autobús sin prisa, y un extraño sosiego lo invade, termina de arreglarse y sale silbando de su casa, ve que viene el autobús y él sube tranquilo, lo primero que le dice a Luis es. . .

– ¿Madrugaste hoy Felipe?. Y Felipe piensa ¡funciona!, llega a su trabajo sin prisas, ni carreras, todos lo miran extrañados, están sorprendidos, Felipe llegó a tiempo, y él es el más sorprendido de todos, en su mente aún funciona la palabra “casualidad”, luego recuerda lo que le dijo Raquel. . . ¡Créelo, visualízalo!, y como si fuera la cosa más normal, les dice a sus compañeros

– Vamos a tomar un cafecito. . . ¡Hay mucho tiempo!

Raquel lo mira sorprendida, y con la mano le hace un gesto de ¡viva, pudiste hacerlo!.

El viejo secreto había pasado a otro ser, y Felipe se muestra encantado, la esperanza funcionaba una vez más, pero Felipe no lo sabía. Lo que pensamos, eso atraemos, si son males, vienen males, si son bienes eso tenemos, por eso se dice que la esperanza es lo último que se pierde.