Las Señoritas Toreras (V)

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Quien también fue víctima del “embrujo” de Chucha fue el Cronista de Victoria, Francisco Ramos Aguirre; nos reveló que también le tocaron besos y abrazos de este personaje entrañable de la Capital.
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Francisco Ramos Aguirre.-

Durante el porfiriato, el torero femenino era mal visto por algunos críticos de buenas conciencias. A las mujeres que se atrevían a ejecutarlo, sus detractores les llamaban marimachas y algunos periódicos exhortaban al público en general y especialmente a los católicos: “…y a las señoras y señoritas de modo especialísimo, a que no asistan a tan repugnante diversión.” Al paso del tiempo, esta animadversión quedó superada.

En las décadas comprendidas entre los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado, se vivieron grandes momentos taurinos en la Monumental Plaza de Toros Victoria, ubicada en la calle 16 enfrente de la Escuela Industrial Álvaro Obregón. Para entonces, había una afición bien consolidada que disfrutó las temporadas promovidas por una empresa local, experta en esa clase de espectáculos.

De cualquier manera, la presencia de matadores profesionales de buen cartel y el ambiente social, propició que los taurófilos terminaran por organizarse en un importante gremio. Más todavía, el ferrocarril, la Carretera Nacional y numerosos turistas extranjeros ayudaron al desarrollo taurino del noreste mexicano, activando las plazas de Monterrey, Saltillo, Nuevo Laredo, Matamoros, Ciudad Victoria y Tampico.

Una de las funciones que más llamó la atención de los victorenses a mediados de los cuarenta, fue la presencia de Las Señoritas Toreras, un valiente cuadrilla comandada por Eugenio Alvarado «Alvaradito» que recorrió muchas plazas de México. A ese grupo perteneció Lupita Montes «…muy intuitiva y de gran calidad», -dice Esperanza Arellano-, pero tan frágil que pronto los astados la dejaron fuera de combate.» Finalmente, La Virgen de los Ruedos, como la llamaban, después de varias revolcadas en la arena  comprendió que ese oficio no era para ella.

La revista de la Sociedad Alianza, dice que se presentaron en el coso Victoria las matadoras Elisa Gallardo y Teresita Andaluz, acompañadas de las banderilleras Esperanza García La Negra y Gloria Gaona, alternando con Fajerito. Como de costumbre José Sierra actuó de cambiador de suertes. El segundo toro de la tarde correspondió a Elisa, ovacionada por sus verónicas, derechazos de buen gusto y habilidosos pases de pecho. La torera estuvo mal con la espada, pero finalmente después de varios pinchazos el toro cayó agonizante en la arena, siendo descabellado por el subalterno El Mexicano.

El comentarista taurófilo RAGAÚ, escribió la crónica del tercero de la tarde: «Más chico que el anterior, playero, castaño oscuro, Teresita Andaluz le dio unas cinco buenas verónicas, pasando después al capotillo de Elisa Gallardo quien se lo pasa muy cerca en buenos lances. Cambia el tercio y toma las banderillas La Negra. El primer par resultó fenomenal. El segundo superiorísimo. El tercero estupendo, por lo que la ovación la premió por su arrojo y torerismo. Esperanza devolvió sombreros, mientras la música tocaba diana. Algunas de las damitas asistentes, obsequiaron a Esperanza sendos ramos de flores y confeti en medio de una fuerte ovación: «Que enorme banderillera es La Negra.»

Las manifestaciones de júbilo se escucharon a varias cuadras a la redonda. Incluso los estudiantes internos de la Escuela Industrial, estuvieron atentos a los gritos y oles que retumbaban en las paredes del edificio. La famosa Teresita Andaluz, pasaporteó al enemigo al otro barrio, luego de brindarlo al público de la Monumental Plaza Victoria. En su actuación mostró todo su repertorio sobre arte taurino: derechazos, naturales y de pecho. Mató de tres pinchazos y se desató una ovación nunca escuchada en el coso de madera.

El cuarto de la tarde fue lidiado con manoletinas y derechazos por José González «Fajerito», quien arrancó gritos admiración en los tendidos. Ese toro lo brindó a la guapa y atractiva Esperanza García «La Negra», quien recibió elogiosos comentarios de la prensa especializada. Sin lugar a dudas, su depurado estilo de banderillera contribuyó a que se llevara la tarde y el corazón de los victorenses. Poco después ascendió a matadora y viajó a Medellín, Colombia donde resulto herida.

Otra de las mujeres valientes que visitó Victoria, fue la novillera María Luisa Rangel «La Cholanera», en una función organizada por la Junta de Mejoras Materiales de esa población. Su actuación fue prometedora, manifestándolo con algunos regulares pases que emocionaron a la asistencia. Vale decir que durante su trayectoria en los ruedos, ésta y otras empeñosas féminas toreras, intentaron emular la fama y hazañas de Conchita Cintrón, Betty Ford, Esther García y Edith Evans.

 

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