Un modelo educativo debe constituirse previa investigación

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Héctor F. Saldívar Garza.-

Cuando se comenta en torno a las problemáticas que aquejan a una sociedad, suele pensarse que dentro de lo más importante es la educación. Sin embargo, al pretender implementar un nuevo modelo educativo, no resulta sencillo determinar los elementos que lo deben constituir.

Esto, es de gran trascendencia, porque al ingreso de un nuevo régimen gubernamental, es indispensable realizar una adecuada valoración que facilite construir una nueva propuesta educativa superadora de las carencias detectadas. De tal forma que, el paso inmediato a ejecutar, es una investigación que arroje los puntos a corregir.

En el presente artículo se reflexionará sobre este tema, empezando por revisar cuestiones significativas que pueden incidir para considerar que la educación impartida presenta resultados negativos en algunos aspectos, los cuales deben mejorarse.

Una de las características a considerar es el que las personas posean una información ligera, o poco profunda de las cuestiones relacionadas con la ciencia, la economía, la política, entre otros asuntos.

Al ignorar las personas conocimientos básicas, carecerán de los elementos mínimos para desenvolverse asertivamente en la sociedad, sin riesgo de tropezar ante la inminente ola de situaciones conflictivas a las que probablemente tendrán que enfrentarse en el devenir del tiempo.

Tengamos presente que en la medida que los periodos transcurren, en lo general las condiciones existenciales del contexto incrementan sus exigencias a la sociedad, constituyéndose esto en diques que dificultan el acceso a mejores niveles de vida; de tal manera que la cantidad de personas que las sortean adecuadamente cada vez van más a la baja.

Dentro de las razones por las que esto sucede, es porque carecieron de una formación adecuada desde el hogar y muy probablemente debido a un ejemplo impropio de los adultos que estuvieron en su entorno. Por lo que los padres y familiares adultos que conviven con el sujeto en formación tienen el gran compromiso de ser un buen modelo, ya que lo observado por el infante tiende a reproducirlo, sin valorarlo. A mayor abundamiento respecto a la presente afirmación, no debe pasarse por alto que hasta la llegada de la madurez, la persona contará con la capacidad suficiente para optar.

En contraparte, quien está informado a profundidad de las cuestiones básicas es considerado persona culta y denota una considerable cantidad de tiempo dedicada a leer y conocer sobre diferentes temas, lo cual obviamente permite deducir que se encuentra alejada del influjo de distractores como amigos poco dedicados a la propia lectura; también es de considerarse que cuenta con un criterio amplio, dada la influencia ejercida por los diferentes autores a los que ha estudiado; asimismo muy probablemente mostrará en sus actos aportaciones intelectuales, constituidas por el largo tiempo dedicado a leer puntos de vista diferentes y mediante ellos reflexionar sobre las eventualidades de su vida.

Todo lo señalado es saludable para avanzar, por lo cual se insta a que lo incorporemos a nuestras costumbres.

Otra característica, a criterio propio verdaderamente trascendente, es la conciencia social que poseen las personas. Al referirnos a la conciencia de una persona, aludimos a la ubicación que manifiesta con respecto a la realidad. De tal forma que si la extendemos a conciencia social, obviamente que será el mismo razonamiento, pero en este caso sobre la realidad social.

El término conciencia social comprende dimensiones diversas, que van en lo negativo desde el hecho de que las personas se autodeterminen como individuales, hasta concebir a la sociedad como un elemento para colocarlo bajo su servicio. En cuanto a lo positivo se detecta lo opuesto, que es contemplar a la sociedad como un ente al que debe brindarse para su mejoramiento continuo. Esto, por supuesto, con el previo convencimiento de que unido indisolublemente a ella va su propio desarrollo.

La conciencia social es considerada por nosotros de amplia trascendencia, porque al carecer de ella, las personas integrantes de una sociedad estarán imposibilitadas para vivir en equidad. En cambio, cuando a una sociedad se le ha formado con conciencia social, su accionar va precedido de una revisión del entorno para detectar el impacto negativo que pudiese ocasionar en los demás, ubicando siempre al frente de sus observaciones a los grupos mayormente carenciados.

Otra característica manifiesta en las personas con deficiente educación, y que complementan a la descrita en primera instancia, es  que carecen del gusto por saber. En cuanto a esto, resulta evidente reiterar que la participación de los adultos en la niñez de las personas, periodo en que se inicia el conocer, es definitiva en su existencia. De tal manera que de ser positivo el impacto que proporcionan, un futuro alentador generalmente sobrevendrá para los iniciados; e igualmente, si la siembra promovida por los adultos carece de semillas promotoras de desarrollo, la cosecha será magra en virtudes.

También debe reconocerse que al madurar la persona como ser humano e incorporar el gusto por saber, será observable en ella una conducta donde el tiempo dedicado a las cuestiones en que participa será vigilado con detalle por sí misma, porque siempre buscará que sus derroteros la conduzcan a continuar avanzando como persona y sociedad.

Los señalados son elementos básicos, pero no los únicos; e incluso quizá tampoco los más importantes. Pero lo que requiere quedar perfectamente asentado, es que el modelo a aplicar para mejorar la sociedad, deberán  constituirlo técnicos educativos, con profesores en activo que amen a la educación y se interesen inquebrantablemente por mejorar la sociedad.

 

 

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