La arrogancia de Romero

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Mauricio Zapata.- 

Por cuestiones del destino, me tocó trabajar con Carlos Romero Deschamps dos años, el 94 y el 95.

Es una persona poco tratable. Nada sencillo. No saluda a sus subordinados, era, en términos coloquiales, bien mamón.

Romero, que por cierto es oriundo de esta entidad (nació en Tampico), fue obrero por ahí de los setentas, cuando trabajó en la exrefinería de Tula, Hidalgo, y como siempre fue muy grillo poco le duró el gusto de ganarse el dinero con el sudor de su frente.

Eso sí, gestionó para sus compañeros obreros un fraccionamiento en el municipio de Atitalaquia, cerca de Tula, y eso le ganó adeptos para irse de comisionado a una oficina del Sindicato de Pemex en la Ciudad de México.

Después del “Quinazo”, en enero de 1989, asumió el poder del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana y ya nunca más volvió a ponerse el overol naranja, ni su casco (solo cuando había que tomarse la foto).

A sus oficinas en la sede nacional del gremio en la colonia Guerrero de la Ciudad de México solo iba una o dos veces por semana. Tenía una oficina en el cuarto piso del edificio, tenía garage y elevador privado.

Es decir, no convivía con la clase trabajadora del inmueble, a lo mucho con su secretaria. Iba un par de horas a su oficina y pocas, muy pocas veces hacía giras a las diferentes secciones asentadas en el país.

Su encuentro con los petroleros solo se daba en el evento que el Gobierno federal hace cada 18 de marzo para conmemorar el aniversario de la expropiación petrolera.

Si acaso, iba a alguna gira presidencial cuando se tocaba el tema del petróleo, pero de ahí en fuera, por los afiliados a ese gremio solo recibía su cuota quincenal.

En fin, sus veintitantos años al frente del segundo sindicato más poderoso del país no lo sensibilizaron de las carencias de sus obreros.

Cuando fue candidato al Senado por el estado de Hidalgo, era muy clasista y no le gustaba convivir con indígenas. Es más, pedía que no le programaran eventos en comunidades alejadas. Y si por necesidad lo tenía que hacer llegaba el helicóptero, y eran eventos de no más de 15 minutos.

Se va, pues, uno de los líderes más corruptos de la historia sindical de México.

EN CINCO PALABRAS.- Su casa era una fortaleza.

PUNTO FINAL.- Son los mismos de hace 12, 18, 24, 30, 36 y hasta 70 años atrás.

Twitter: @Mauri_Zapata

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