Del berrinche a la altanería

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Pérez Ávila

 

Lo de mister Trump es un berrinche infantil, una especie de pataleta oligofrénica. Su muro fronterizo es equiparable a la gran muralla china, creada para impedir a los mongoles vandálicos pudieran incursionar en la vastedad del primer imperio que conoció el mundo. Los mandarines quedaron chasqueados. Su colosal obra dificultó las correrías de sus acérrimos acosadores, pero en forma alguna las evitó. Lo mismo va a suceder con la carísima barrera que están pagando los contribuyentes estadounidenses. México no aporta un centavo. Este asunto desquicia, trastorna y confunde al pluto gringo.

Dos talentosos periodistas, apoyados por su veteranía y el New York Times, firman una obra de investigación, con el llamativo nombre de “Guerra Fronteriza”. Michael Shear y Julie Hirschfeld afirman que México hubo de aceptar condiciones impuestas por Trump o enfrentar sanciones comerciales sumamente perjudiciales. En México, los funcionarios del primer círculo lo han negado, pero los autores del libro, al ser cuestionados, respondieron con aplomo y seguridad: Sostenemos ante quien sea todo lo que reportamos en “Guerra Fronteriza”.

No sé si lo sabe. Antes, quienes buscaban asilo o quedarse legalmente en Estados Unidos, mientras sus casos se revisaban, permanecían en la Unión Americana. Con Trump, eso se acabó. Ahora esperan en nuestro país.

A otra cosa mariposa. Con la “Amnistía” se calcula que saldrán de penales, penitenciarías y cárceles alrededor de 191 mil reclusos. Siendo caústivo, se siente temor. Vamos, siendo exageradamente optimistas, vamos más allá de la ilusión y la creencia de que se trata de algo realmente benéfico para todos, no únicamente para los miles que resulten beneficiados. Siendo sumamente optimistas, calculamos que la mitad de quienes sean liberados son delincuentes de poca monta y que, algunos sí son de verdad inocentes….Pero, entonces quedan cerca de cien mil hostiles, dañinos, peligrosos.

Nada que ver con lo enumerado en el párrafo superior, el truculento zipizape escenificado entre los muy austeros de Nuevo Laredo, durante la asamblea, tranquila, para elegir “consejeros”. Hubo de todo, menos cordura, como lo puede revelar Ramón Cantú Deándar, dirigente del periódico editado por su mamá, Ninfa María Deándar Martínez. Gastón Herrera le ganó la elección y Ramón lo acusó de agresor, violento y represor….

Me siguen sorprendiendo los de Morena con su forma, muy particular por cierto, de practicar la encomienda de su guía. Al enterarme sentí levitar, parecióme que flotaba en el espacio doméstico. Don Alfonso Romo, uno de los potentados de México, Jefe de la Oficina de la Presidencia, les pidió a sus oyentes en una gira por León, Guanajuato, que deben mostrarse optimistas, porque es la forma de conseguir que todo funcione mejor. Todo está bien, hasta ahí. Pero don Poncho fue más allá, Plus Ultra, al pedirles que no tengan miedo, porque todo va a ir bien. “Pero si tienen miedo, entonces mientan, digan que confían en el gobierno y en sus propuestas, si quieren que les siga yendo bien y bonito”.

En el colofón del rosario de incongruencias aceptadas por la población como cosas naturales de la política, está la fúrica declaración de Miguel Barbosa, gobernícola de la entidad inmortalizada por la epopeya del cinco de mayo, quien afirmó que la tragedia en la que perecieron Martha Éricka y Rafael Moreno Valle “era un castigo de Dios, por haber robado la elección”.

Un accidente letal, en forma alguna constituye un acto punitivo, atribuido a la divinidad.

Miguel Barbosa fue y es sacrílego. Peor que una irreverencia, es su estúpida convicción de que el Supremo Hacedor supervisó, maniobró y se coludió con la fatalidad, para desplomar la nave en la cual iban, la gobernadora, el exgobernador, dos elementos militares adiestrados en el manejo de helicópteros y un joven auxiliar de la pareja.

Solo un loco puede creer que Dios es un sicario, al servicio de la soberbia, la intolerancia e intransigencia de un gobernador.

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