Egoísmo… termita de la vida

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Lilia García de Arizpe

 

Palabras sabias: “Convertid un árbol en leña y podrá arder para vosotros, pero ya no producirá flores ni frutos”.

Rabindranath Tagore

 

El egoísmo se disfraza de diferentes maneras causando desconcierto, miedo, desconfianza, y muchas otras acciones que sofocan el amor hogareño y convierten la vida en sucesos tristes, desagradables, y a veces, en la desunión total de una familia.

Marcos era un hombre egoísta, conforme su negocio iba creciendo, también iba para abajo su entorno familiar, y su entorno de trabajo. Tenía un negocio de ropa deportiva, pero sus empleados se daban cuenta que para ellos no había vacaciones con goce de sueldo, cero préstamos, pues decía: “Quien nada debe formará su fortuna pronto”. Era sumamente estricto con el tiempo, no permitía faltas, y ni siquiera un informe sobre la vida de sus asalariados, “pues a él no le importaban las vidas ajenas”. En su casa era lo mismo, para él no había alzas en los productos de consumo, y para no darles más dinero a su mujer y sus hijos les decía… “Estoy ahorrando para el futuro de ustedes, ahora lo verán… Les voy a dejar una rica herencia… No se permitía bromas con sus hijos, para no menoscabar su autoridad. . . Y decía que formarse en los trabajos del campo, era lo mejor para aquellos que empiezan, y con educación primaria era suficiente, aprender todas las faenas del campo, así, cuando salió Gustavo su hijo mayor de sexto año, lo mandó un año con su tío Ernesto al rancho para que “aprendiera a trabajar”. Luego continuaría con su secundaria y con eso había, para triunfar en la vida no se necesita tanto estudio, empezar desde abajo era su lema. Y así Gustavo quien se levantaba a las cuatro de la mañana a ordeñar vacas, luego darles de comer, a las ocho desayunar de prisa para ir a la ciudad a vender la leche y volver cansado a medio día, para seguir con las tareas que impone un rancho, empezó a generar aversión hacia su padre, y hacia su tío, descargando su impotencia en sentidas cartas que le escribía a su madre, pero cosa curiosa, ella contestaba con otras cosas, y le decía en ellas “pobrecito de mi hijo, no te dan ganas de escribirme, haz de estar muy cansado”, y así, Gustavo, creía que su mamá estaba de acuerdo con su estancia en el rancho, y con toda la impotencia de sus doce años inocentes, no se daba cuenta, que su papá escondía las cartas, y sólo le decía a su esposa… ¿Ves?, te decía que Gustavo es un ingrato, “ni una letra de contestación a tus cartas”… Mientras, Gustavo, ya iba elaborando en su mente la forma de escaparse del rancho, pensaba que su mamá también quería esta vida para él; el resentimiento hacia su padre era grande, y poco a poco perdía ese valioso lazo familiar que era su madre, pues a su padre ya no lo contaba como amigo.

Mientras Marco hizo que su hija rompiera con su noviazgo con “el empleadillo que traía” y el resentimiento de Rosy iba en aumento; un día, Marcos se encontró a un amigo de su juventud, y le platicó a éste dónde tenía a su hijo, el cual le contestó…

-¿De doce años mandaste a tu hijo al rancho?

Como eres egoísta, prepáralo para el estudio, ya ahorita te puedo asegurar tienes dos enemigos en tus hijos; a una le quitas el novio, al otro lo mandas al rancho a que aprenda, ¿No te das cuenta de las oportunidades que le estás quitando?.

-Mira Marcos, mientras vivas, se un hombre de bien…

Ya no discutas qué es un hombre bueno, se uno de ellos, estás sembrando la desconfianza, quitando el poco amor que tenían por ti, y todo por tus egoísmos, me dices que los vas a dejar ricos cuando mueras, sé un hombre generoso en vida… No en la muerte.

Algo dentro de Marcos le dijo que estaba equivocado, y que había hecho un daño grande a toda su familia, que había sembrado miedo, desconfianza, y no era respetado, sólo temido; mandó por Gustavo, y aunque el año ya iba empezado, lo inscribió en una secundaria buena, le compró ropa, libros, y empezó a liberarse  poco a poco del egoísmo, que como pulpo, había abrazado con múltiples tentáculos su vida; le dio oportunidad a su hija de inscribirse en una preparatoria, y libró de muchos trabajos a su esposa, que no creía lo que estaba viendo, pero el egoísmo de Marco carcomió su salud, y al pasar apenas unos meses su salud desmejoró, y en pocos meses Marco sintió la cercanía de la muerte. Juntó a su esposa e hijos un día y les dijo…

-Pido perdón a ustedes mis seres más queridos, por ese egoísmo que carcomió mis entrañas, quitándome su amor, su confianza y la preciosa vida que pronto entregaré, le pido perdón a Dios y a ustedes.

Unos cuantos días y Marco falleció, rodeado de aquella familia, a la que había hecho tanto daño, al morir, entregó a su esposa un papelito arrugado, en él pedía pusiera en su tumba las palabras que le había dicho su amigo…

Hay en el panteón una tumba con las palabras que él dejó y son de Marco Aurelio emperador de Roma “Mientras vivas, se un hombre de bien… Ya no discutas más qué es un hombre bueno. . . Sé uno de ellos…”

Sobre la tumba, siempre hay una flor blanca, que Gustavo hoy empresario, deposita seguido, perdonando así la equivocación de su padre.