TORPEZA CONTRA TORPEZA

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Héctor Serrano Amazar.-

Terror y muerte, el pan nuestro de cada día. La delincuencia organizada, particularmente la ligada con el narcotráfico, diariamente se muestra como lo que es, la podredumbre de México.

La barbarie se ha apoderado de extensas zonas del país, donde la única ley que impera es la dictada por los capos, quienes parecen controlarlo todo frente a la incapacidad del Estado para contenerlos, deciden la vida y muerte de miles de personas cada día, con su infinito poder, construido a base de balazos y torturas, ellos son los que mandan. Prueba de ello es el Culiacán de la semana pasada.

Algo queda claro, el Estado mexicano es incapaz de hacerle frente al poder de fuego de la delincuencia organizada y, por ende, incapaz de brindar seguridad plena a los ciudadanos.

Aunque fue acertado elegir la retirada ante una inminente derrota que costaría muchas vidas, es falso asegurar que no enfrentar a los criminales preserva la vida de las personas; lo único que puede hacerlo es vivir en un Estado de derecho, donde cumplir la ley no esté sujeto a negociación. En cualquier país donde el crimen hace valer su ley, el derramamiento de sangre nunca termina.

Así es como llegamos a dos preguntas que atormentan a cualquier mexicano con tantito amor por su patria, mezclados en una suerte de abismo nuestro pasado y presente, uno se pregunta ¿cómo llegamos a esto? ¿Y cómo es posible que sigamos igual?

La historia da cuenta del terrible fracaso en el combate a la corrupción y a la delincuencia durante los sexenios pasados, donde panistas y priistas por igual fueron incapaces de otorgar buenos resultados; la torpeza de la guerra contra el narcotráfico derivó en decenas de miles de muertes y no sólo no acabó con la violencia, sino que la exacerbó.

Nuestro presente tampoco luce mejor, la estrategia de la pacificación del país, a través de la moralidad y del fuchi-guácala, tampoco parecen ser la respuesta.

También es cierto que es un problema heredado, consecuencia de los errores y de la corrupción de gobiernos anteriores, pero por eso los ciudadanos votaron por un cambio, pues confiaron en que serían capaces de resolver los problemas nacionales.

Sólo hay un factor a su favor que cada vez pesa menos, el tiempo, mientras unos aseguran que no ha pasado el suficiente para ver buenos resultados, otros consideran que a casi un año de iniciado el “nuevo gobierno”, ya es momento de exigir cuentas.

Y aun así, por increíble que parezca, hay quienes los defienden a unos y a otros, a los gobernantes del pasado y del presente, como si hubiera alguna diferencia en sus resultados del combate a la delincuencia.

Ahí están los números, esa lapidaria losa que bien podría ser el principal argumento a la hora de exigir a nuestros gobernantes.

En redes, se dan con todo los defensores de la torpeza, de la pasada contra la actual; hasta el momento, todos igual de incapaces de acabar con la violencia que sacude a mi país.

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