¡Será decapitado el señor Águila!

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Quien también fue víctima del “embrujo” de Chucha fue el Cronista de Victoria, Francisco Ramos Aguirre; nos reveló que también le tocaron besos y abrazos de este personaje entrañable de la Capital.
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Francisco Ramos Aguirre.-

En otros tiempos las funciones de magos, escapistas, hechiceros, adivinos, mentalistas, faquires, ventrílocuos, hipnotizadores, ilusionistas y otros seres exóticos, atrajeron la atención de los victorenses. Introducirse a ese ambiente, implicaba explorar un mundo de fantasía, imaginación, supersticiones y creencias sobrenaturales. Las propuestas de los actores, eran verdaderamente atrevidas y  capaces de estimular el morbo entre niños y adultos.

El 25 de febrero de 1923 el periódico La Raza, dirigido por Francisco Arreola Rosales anunció en su portada: “Mañana será decapitado el señor Águila…en su modernísimo y moral espectáculo”. El acto estuvo a cargo del profesor Carter, famoso ilusionista norteamericano quien junto a la bailarina Madame Satanelas acababa de realizar una gira artística en Estados Unidos, Europa y Sudamérica.

Antes de la presentación se distribuyeron en calles, plazas y mercado cientos de volantes anunciando el acontecimiento. Al mismo tiempo, a cualquier hora del día un animador con potentes bocinas, pregonaba entre los parroquianos: “Vengan, vengan, mañana los invitamos a presenciar un increíble acto de cortar una cabeza humana…algo jamás visto en Ciudad Victoria”.

Algunos despistados preguntaban: ¿Quién es el señor Águila? ¿Que hizo para merecer que su cabeza ruede por el suelo?  ¿Estarán presentes su familia y amigos en el peligroso acto? Para despejar dudas, él mismo explicó a la prensa que al salir del Instituto Científico y cruzar la Plaza Hidalgo con sus amigos, llegó a sus manos un papel publicitario donde anunciaba que el profesor Carter: “…decapitaría a cualquier persona de los espectadores que se presentara a ello.” El estudiante, animado por sus compañeros acudió donde se hospedaba el ilusionista, dispuesto aceptar la oferta.

La noticia causó gran expectación, porque se trataba de una persona perteneciente a una familia conocida, lo cual aseguraba una buena asistencia en el teatro: “El Conocido joven Carlos Águila (Jr.) voluntariamente, ha estado con el señor Carter para manifestarle que está presto para que le corte la cabeza, tal como asegura”.

La noticia llamó poderosamente la atención entre los victorenses, sin poner en duda su honestidad: “…no porque se crea el acto de alguna realidad sino porque el trabajo de ilusionismo que ofrece el señor Carter, tendrá que ser mucho más perfecto ya que tiene que practicarlo con un elemento que no se prestaría a combinaciones ostensiblemente inconvenientes”.

“Como dijo Santo Tomás: ver para creer”, comentaron algunos vecinos de poca fe, quienes decidieron asistir a la función  del Teatro Juárez, para presenciar el momento estelar cuando: -¿la afilada guillotina, espada, o hacha?- diseccionara los músculos del cuello y vértebras cervicales. Sin más, se encaminaron a la taquilla a comprar los boletos. Además, se trataba de la despedida del profesor Carter, después de una breve temporada. Vale decir que en esos días la pareja se hospedaba en el Hotel Palacio.

Al día siguiente llegado el momento de la presentación,  las luces del teatro se apagaron y el ilusionista de cabello oscuro, ceja abundante y frente despejada apareció sonriente en el escenario. Vestía traje oscuro con una flor blanca en la solapa, moño negro y un pañuelo bordado con sus iniciales. Luego de presentar algunos actos aplaudidos por los espectadores, por fin llamó al escenario al joven Águila para el número estelar.

Al iniciar la representación, le solicitó introducirse en una caja de madera que lo cubría completamente. Al mismo tiempo mencionó en voz alta que no se trataba de un truco y procedió a serruchar lentamente a la altura del cuello. Ante el asombro de la audiencia que no se distrajo ningún momento, separó el cajón donde se encontraba el resto del cuerpo, sin derramar una gota de sangre.

La gente aún incrédula exclamó de asombro, cuando Carter solicitó que varios testigos que subieran al escenario a tocar con sus manos el cuello del decapitado. En ese momento, se produjo un estruendoso aplauso mientras se corría la cortina. Al abrirse de nuevo, aparecieron muy campantes Carter y Carlos Águila agradeciendo la ovación del público.

Por la madrugada entre cigarros y humeantes tazas de café, los asistentes intentaban descifrar en sus hogares los poderosos misterios del profesor Carter. Definitivamente comprendieron que ejecutar la increíble y maravillosa hazaña del decapitado era un asunto de dimensiones sobrenaturales.

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