Se colapsa el universo político

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Pérez Ávila.-

Todos lo saben: Hillary Clinton tuvo más, muchísimos más votos que el monarca republicano del demócrata Estados Unidos. Trump ganó el capitolio yanqui, en virtud de que aún está vigente en la nación mejor pertrechada del mundo, un sistema electoral obsoleto y anacrónico. Se registró así un episodio inédito, algo nunca antes ocurrido. Un creso engreído, cuya notoriedad se derivó de su participación en los espectáculos masivos, sin experiencia alguna en el complicado universo político, se convirtió en el conductor del país con mayor poder militar, económico y productor de alimentos en el mundo.

Trump enfrenta el temido “impeachment”.

No me anima el más mínimo afán de competir con los farsantes videntes de la televisión totonaca, pero me apresuro a vaticinarle cómo, de qué manera y modo va a terminar el tinglado armado por Nancy Pelossi.

La Cámara baja, indebidamente llamada así, procederá a enjuiciar a Donald John Trump. La mayoría solicitará su destitución, por abuso y uso indebido de su autoridad presidencial. Como allá, no es como aquí, en el caso de las confrontaciones tribunicias, pero es idéntico, si acaso no son siameses sí al menos son gemelos, idénticos en la utilización de la mayoría para apoyar o frenar, en la Cámara alta, serán los republicanos quienes opten por finiquitar el juicio político, favoreciendo con su fallo al inquilino de la Casa Blanca.

Puedo resultar fastidiado, es decir, puedo fallar en mi vaticinio si ocurre algo impensado, insospechado, insólito y, sobre todo, inesperado.

Respeto al pensador español Ortega y Gasset, las circunstancias no se alterarán con el juicio. La Cámara de Diputados está bajo control demócrata, en cambio, en el Parlamento superior, son mayoría los senadores republicanos.

Quizá Trump tiene razón al definirlo todo “como una farsa sin garantías”. Es probable que Nancy esté en lo cierto, al solicitarle al Presidente se presente a testificar “si tiene pruebas que lo exculpen”.

En tanto se revuelve, al punto de la ruptura el enfrentamiento legislativo-ejecutivo en Norteamérica, el centro y el sur del continente, con un antagonismo peligroso, parecen Bolivia, Venezuela, Perú, Chile, Brasil, una caldera cíclopea con la llave de seguridad trabada.

Nuestro país, tan amenazado por transgresores de toda índole, escucha asombrado la advertencia dura del primer mandatario, Andrés Manuel López Obrador, a quienes se aparten de su propósito fundamental: “Quienes pidan moches para la entrega de recursos irán a la cárcel”. Escribí, “se asombran”, ¿por qué? Porque nunca se ha pronunciado, con la misma energía, contra quienes han desafiado a los cuerpos armados del Gobierno.

También me extraña el mérito esgrimido para ascender al general de grupo a general de ala “luego de ser responsable de traer al ex-presidente Evo Morales Ayma al país, donde se encuentra asilado”. Me pregunto: ¿Corrió un riesgo? ¿Estuvo en peligro?

En torno al indígena depuesto al intentar eternizarse en la Presidencia, están sucediéndose sucesos extravagantes. Evo está muy lejos de parecerse en algo a otros asilados por gobiernos mexicanos anteriores, quienes agradecieron con tareas de enriquecimiento filosófico, cultural, creativo.

En opinión de los demócratas, Trump colocó sus intereses personales sobre los de su país, motivo suficiente para ser destituido.

GIRÁNDULA INGRÁVIDA: Según Evo todos los indígenas, como él, son buenos. Doctrina quintopatiera anacrónico es suponer que, quienes no respaldan al poderoso en turno, por ese solo hecho, son retrógradas, conservadores, polutos.

 

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