YURIRIA SIERRA / #NiUnaMás

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Ocho asesinadas. Ciento sesenta y cinco lesionadas. Una secuestrada. Seis extorsionadas. Es el saldo diario. Los números a los que no deberíamos haber llegado. Las cifras que nos deben obligar a subirle el volumen a las protestas: NI UNA MÁS.

Once mil trescientos cuarenta y cuatro homicidios en cuatro años. Sólo en cuatro años. Tres mil cuatrocientos ochenta y ocho ejecuciones consideradas feminicidio; crímenes perpetrados porque su autor consideró que tenía derechos sobre la vida de la víctima.

Trescientas setenta y cuatro llamadas a números de emergencia cada 24 horas. Todas de reportes por agresiones. ¿Cuántas terminarán en el castigo al atacante? ¿A cuántas se les dan seguimiento? ¿Cuántas integrarán la cifra negra? Sí: esas llamadas que debían hacerse, pero que nadie hizo por miedo o porque no le alcanzó el tiempo.

Éste es un discurso que repetimos cotidianamente en este espacio, aunque son más cotidianos los casos en que la violencia contra las mujeres aparece en cualquiera de sus formas. Que no sólo se trata de golpes, violaciones y feminicidios. Hace unos días, uno de los espacios culturales más importantes de la Ciudad de México se vio obligado a modificar su reglamento: una visitante alimentó a su bebé lactante, empleados de seguridad la sacaron y, tras el escándalo, el Museo de Arte Moderno entendió lo normalizada que está la violencia, tanto que hasta parece ser inofensiva o, mejor dicho, casi invisible.

¿Y cuándo dejaremos de hablar de esto? Cuando ya no sea necesario salir a las calles para exigir ser respetadas, cuando no haya motivos para alzar la voz por aquellas vidas perdidas, las que están en riesgo, las que no se atreven a gritar. Dejaremos de expresarlo cuando tengamos acceso a todos los derechos; cuando ser mujeres no sea razón para recibir menos paga, para no tener un empleo o para no tener oportunidades de desarrollo. Cada año dedicamos este espacio para hablar al respecto. La conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer es el pretexto, pero las razones son las que nos deben importar, razones que, al pasar de los años, poco han evolucionado, poco han sacudido sus efectos. Una batalla mucho más difícil de lo que debería ser. Pero también, y por fortuna, una batalla que, al paso del tiempo, suma adeptos y aliados.

ADDENDUM

¿Recesión técnica o mala racha? ¿Cuál es el estatus de la economía nacional? Los indicadores del Inegi, revelados ayer, confirman varios trimestres consecutivos sin crecimiento. Quienes los interpretan tienen razón para creer que el futuro de la economía nacional será complicado. Sin embargo, de Palacio Nacional sólo sale optimismo, muy a pesar del pesimismo de algunos de sus funcionarios. Ojalá pronto el gobierno de México y quien lo encabeza sea capaz de hablar con sensatez. Nueve meses en donde los índices de crecimiento están detenidos y lejos mejorar, van en dirección contraria. Cada nueva perspectiva de crecimiento es menos favorable que la anterior. Este panorama dista mucho de verse “requetebién”, como nos aseguran.

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